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¿Vivimos en un 'multiverso'? El telescopio Planck encuentra otros universos

ESA / RT

El universo no está solo, sino que podría estar rodeado de un sinfín de otros universos formando un enorme ‘multiverso’, han concluido los científicos al estudiar las imágenes proporcionadas por el sofisticado telescopio Planck.

El mapa elaborado con la información del Planck, el más preciso jamás obtenido, muestra la radiación producida por la Gran Explosión (el Big Bang), el momento en que, se cree, nació el universo. Vestigios de esta radiación han permanecido hasta hoy en día, 13.800 millones años después, en forma de la llamada ‘radiación cósmica de microondas‘.  Al estudiar el mapa, los científicos descubrieron dos anomalías: una gran concentración de radiación en el hemisferio sur y un ‘punto frío’.
Estos dos fenómenos fueron causados por la gravitación de “otros universos que ‘tiran’ del nuestro” y “son las primeras pruebas de su existencia”, sostiene Laura Mersini-Houghton, especialista en física teórica de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, citada por ‘The Daily Mail’.
Mersini-Houghton y While George Efstathiou, de la Universidad Carnegie Mellon, fueron los primeros en publicar en 2005 la teoría de los múltiples universos.
“La precisión del Planck es altísima, y nos permite ver fenómenos tan peculiares” que solo podrían explicarse con “un nueva física”, según la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), autora del telescopio.
La idea del ‘multiverso’ “puede parecer una locura ahora, exactamente como lo parecía la teoría del Big Bang hace tres generaciones. Pero luego obtuvimos pruebas y cambiamos completamente nuestra visión del universo y nuestra forma de pensar sobre él”, señala el astrofísico While George Efstathiou, citado por el periódico ‘The Sunday Times’.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/ciencias/view/94952-universo-multiverso-plank-mapa-anomalia

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Documental EL ACTIVISTA CUÁNTICO (The Quantum Activist) del Dr. Amit Goswami (¿¡Y tú qué sabes!? / El médico cuántico / La Física de alma / Dios no ha muerto).


Hay una revolución en marcha en la ciencia. Un genuino cambio de paradigma. Mientras que la ciencia tradicional se mantiene en su visión materialista, cada vez crece un mayor número de científicos que apoyan y desarrollan un nuevo paradigma basado en la supremacía de la conciencia.
El Dr. Amit Goswami, profesor de Ciencia Teórica de la Universidad de Oregón, lleva más de treinta años enseñando Física Cuántica y es uno de los pioneros de esta nueva y revolucionaria perspectiva. Tras haber compartido con nosotros sus conocimientos en ¿¡Y tú qué sabes!?, ahora nos muestra su particular visión del ilimitado potencial de la conciencia como la razón de todo ser, y nos desafía a reconsiderar nuestras propias nociones de existencia y realidad, con una fuerza y un alcance que no se habían visto desde Albert Einstein.

Fuente  paradigmasenlatierra

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Reciente investigación científica confirma que el cerebro humano se comporta de la misma forma que el universo; al parecer las personas somos metáforas vivas del cosmos.

Como es arriba, es abajo

Hermes Trimegisto

Todo aquel que haya dedicado algo de tiempo a observar la naturaleza habrá notado que existen ciertos ‘arquetipos estructurales’ que moldean múltiples formas de nuestro entorno. Como una especie de ecos dinámicos, autoreplicantes, encontramos un sinnúmero de ejemplos que nos remiten a la íntima sintonía que une al microcosmos con el macrocosmos. Y sin duda la más majestuosa de estas manifestaciones, al menos para un ser humano, es la proyección analógica entre nuestro cerebro y el universo. 

Si bien está relación micro-macro había sido advertida hace siglos en distintas tradiciones místicas, por ejemplo el Hermetismo, no fue hasta  2006 que un grupo de investigadores confirmó la intrigante semejanza que existe entre una red neuronal y un cúmulo de galaxias. Y este equipo de astrofísicos incluso sugirió la posibilidad de que el cerebro humano y los cúmulos se desdoblaran de manera similar. Es decir, no solo había una marcada semejanza en la estructura, sino también en el funcionamiento.   

La mística siempre un paso adelante de la ciencia

Como ya hemos mencionado antes, resulta fascinante comprobar que muchos de los más espectaculares descubrimientos que la ciencia logra en años recientes, ya eran advertidos por ancestrales tradiciones místicas. El espejeante vínculo entre lo micro y lo macro era ya sintetizado explícitamente en una de las líneas de la Tabla Esmeralda –probablemente redactada por Hermes Trismigestus–, la cual aparece citada al inicio de este artículo. Esta premisa deriva en uno de los principios herméticos, la Ley de Correspondencia, y de algún modo termina resonando con la estructura holográfica, en la cual el todo está contenido en cada parte, y viceversa.

Pero no solo entre los adeptos de Hermes encontramos antecedentes directos a esta relación, también la escuela tántrica enfatizaba en esta proyección de correspondencia, y lo mismo sucede con algunos preceptos astrológicos. Incluso esa popular sentencia bíblica que afirma en palabras de Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. En síntesis, podríamos afirmar que  la mística va,  siempre, un paso adelante de la ciencia –aunque no por ello deja de resultar excitante cuando el conocimiento científico comprueba alguna de las verdades trascendentales–.

Nuevas pruebas

En un estudio reciente, publicado por la revista Nature, dentro de su apartado de Reportes Científicos, se comprueba que los diálogos eléctricos que sostienen las células del cerebro humano forman una réplica de las figuras que adoptan las galaxias al expanderse. Lo anterior, llevado a un plano aún más ambicioso, podría confirmar que el protocolo bajo el cual un sistema crece, concepto conocido como ‘dinámicas de crecimiento natural’, es el mismo en cualquier tipo de red, independientemente de que se trate de nuestro cerebro, el universo, las redes de colaboración entre individuos de un grupo social, o el propio Internet –nótese que este ineludible eco  no solo envuelve a los sistemas naturales, también a los modelos artificiales–. 

Esta investigación, que fue realizada por un grupo de científicos de la Universidad de California San Diego, representa una provocación directa al estudio científico de la naturaleza, ya que advierte importantes limitaciones propias de las perspectiva con la que la ciencia aborda el entorno original. “Para un físico es una señal inmediata de que hay algo que falta en nuestro entendimiento sobre como funciona la naturaleza” advierte Dimitri Kroukov, co-autor del estudio, ante la causal correspondencia entre la forma de desenvolverse de nuestro cerebro y la del universo.  

 

La unidad como protocolo universal

Al parecer podríamos estar acercándonos a una especie de protocolo único que rige el comportamiento de cualquier sistema, desde el infinito universo hasta la minúscula actividad celular. Y curiosamente, en caso de confirmarse esta máxima, estaríamos percibiendo el eco del más contundente de los principios ligados a lo divino: la unidad.   

¿Pero cuál es ese código detrás de la correspondencia entre la figura de un óvulo fecundado y la del sol envuelto rachas de gran actividad? ¿Qué clase de ritmos arquetípicos modelan a semejanza un embrión humano y la superficie lunar? ¿Se trata acaso del coqueteo de la ciencia con el hallazgo de ese lenguaje impreso en las manchas del jaguar que Tzinacán terminaría por descubrir? La respuesta a estas interrogantes, como la esencia misma del universo, es incierta. Sin embargo, parece cada vez menos excéntrico el acuñar términos lúdicos, como ‘cerebro celestial’ o ‘galaxias cromosómica’. Y por ahora baste saber  que nuestro cerebro, las realidades que se proyectan a partir de nuestra mente, y por lo tanto nosotros mismos, somos una metáfora viva del cosmos. 

Solo me resta recordarte que tu cerebro, y el mío, podrían bien ser, simultáneamente, el universo.

 Twitter del autor: @paradoxeparadis 

Fuente Pijamasurf

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Dicen haber desarrollado fórmulas para describir viajes más allá de este límite

Científicos australianos reclaman haber 'superado' la velocidad de la luz

Corbis

Según la teoría de la relatividad de Einstein, ninguna información puede viajar a mayor velocidad que la luz. Sin embargo, científicos australianos afirman haber desarrollado las fórmulas que describen viajes más allá de este límite.

Einstein en 1905 mostró que los conceptos como velocidad son todos relativos; es decir, dependen del sistema de referencia del observador. La velocidad de un objeto medida por un observador que se mueve será diferente a la velocidad medida por un observador  inmóvil. Aun más, la relatividad reveló el concepto de la dilatación del tiempo, que plantea que cuanto más rápido alguien se mueve, más despacio transcurrirá el tiempo. La tripulación de una nave espacial que está acelerando puede percibir que su viaje hacia otro planeta duró dos semanas, mientras que la gente que se quedó en la Tierra observará su trayectoria durante 20 años.Sin embargo, esta relatividad especial ‘se rompe’, si la velocidad relativa de dos personas -la diferencia entre sus velocidades respectivas- se aproxima a la velocidad de luz. Según la teoría de la relatividad de Einstein, ε = mc2 donde ε es energía del objeto (o del sistema), m es su masa y c es la velocidad de la luz en el vacío (299.792.458 metros por segundo). Es decir que un objeto que se mueva con la velocidad de la luz, tendrá una masa infinita y, respectivamente, necesitará una cantidad infinita de energía para alcanzar la velocidad de la luz.

Es una extensión natural y lógica de la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein”

Mientras tanto, Jim Hill y Barry Cox, especialistas en matemáticas aplicadas de la Universidad de Adelaide (Australia), dicen que han formulado “una extensión natural y lógica de la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein”. Explican que fueron inspirados por el anuncio del CERN del año pasado de que habían sido registrados los neutrinos que se aceleraron un poco más allá de la velocidad de la luz. A pesar de que luego esta declaración fue desmentida y atribuida a mediciones mal calibradas, los matemáticos ya no quisieron parar.

“Somos matemáticos, no físicos, así que hemos utilizado una aproximación a este problema desde una perspectiva de la matemática teórica”, asegura Cox. Detalla que sus fórmulas extienden la relatividad especial a una situación donde la velocidad relativa puede ser infinita y pueden usarse para describir el movimiento a velocidades mayores que las de la luz.

Somos matemáticos, no físicos, así que hemos utilizado una aproximación a este problema desde una perspectiva de la matemática teórica”

Los matemáticos comentan que sus “nuevas transformaciones” surgen del mismo marco matemático que las transformaciones de Lorentz (dentro de la Teoría de la Relatividad Especial, las transformaciones de Lorentz son un conjunto de relaciones que dan cuenta de cómo se relacionan las medidas de una magnitud física obtenidas por dos observadores diferentes) mostrando un comportamiento singular, cuando la velocidad relativa se aproxima a la velocidad de la luz.

Usando la dependencia de la velocidad relativa de la transformación de Lorentz, proponen una derivación elemental de las nuevas transformaciones entre sistemas de referencia inercial para las velocidades relativas v que son más altas que la velocidad de la luz c. Ofrecen dos criterios posibles de los cuales uno podría deducir un conjunto de transformaciones que sea físicamente más probable que el otro.

No obstante, debería probarse que la velocidad más allá de la de la luz es posible”

Concluyen que si ecuaciones de energía-momento deben ser invariantes, según las nuevas transformaciones que están planteando, entonces la masa y la energía se dan, respectivamente, por las fórmulas m = (p ⁄ c) [(v ⁄ c)2 - 1] y ε = mc2 , dondep denomina el momento limitativo para la velocidad relativa infinita.

Pero advierten que en caso de remover el requisito de la invariancia, se podrá proponer nuevas ecuaciones de masa y energía, como, por ejemplo, una ecuación que tiene una masa finita no cero en el límite de la velocidad relativa infinita. Por otra parte, las ecuaciones de Hill y Cox presuponen, entre otras cosas, que una nave especial viajando a una velocidad más alta que la de la luz se acelerará más y más,  perdiendo su masa más y más, hasta que, a una velocidad infinita, su masa se haga cero.

 

Imagen: rspa.royalsocietypublishing.org

La infografía es una vista tridimensional de U, donde U es una función de u y v, con todos los múltiplos de unidades de c mostrando isolíneas (una isolínea, para una función de diversas variables, es una curva que conecta los puntos en que la función tiene un mismo valor constante) de U = ±c y U= 0. En otras palabras, la infografía muestra las relaciones entre tres velocidades distintas: v, u y U, donde v es la velocidad de un segundo observador medido por un primer observador;  u es la velocidad de una partícula en movimiento medida por el segundo observador y U es la velocidad relativa de la partícula respecto al primer observador.

Sin embargo, cabe mencionar que los propios matemáticos admiten: “No obstante, debería probarse que la velocidad más allá de la de la luz es posible, lo que cambiaría el juego. Nuestro papel no es tratar de explicar cómo podría lograrse esto, sino solo probar cómo las ecuaciones del movimiento podrían operar en esos regímenes”. Acentúan que las velocidades más rápidas que la luz no son “factibles con ningún mecanismo de transporte existente“.

 

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It from bit: Un nuevo paradigma emerge de la intersección de la física, la biología y la informática: la información como fundamento primordial del universo que percibimos –la materia y la energía como su representación o desdoblamiento.

Generalmente el paradigma de conocimiento bajo el cual nos movemos nos enseña que el universo en su constitución más básica está hecho de minúsculas partículas subatómicas; estas partículas son equivalentes a discretos paquetes de energía que se transmiten constantemente en el vacío –quantums. Este paradigma gnoseológico nos hace creer que la realidad fundamental del universo es la materia o la energía –según la teoría de la relatividad la masa es una propiedad de la energía. En círculos con una tendencia espiritual, particularmente el New Age, se considera que “todo es energía”, incluso se habla de una versión teológica moderna en la que la divinidad es igual a la energía.

Decir que la energía es un aspecto primordial del universo no resulta precisamente equivocado. La energía ciertamente es como la sangre del universo; y, como si fueramos vampiros, los organismos de este universo –hombres, estrellas o átomos– nos alimentamos de esta energía, la cual nos permite realizar tareas. En este sentido la energía si podría concebirse como aquel icor del Olimpo griego, la sangre de los dioses. La energía, también, es lo que posibilitó la expansión del universo, aquel primordial orgasmo que llamamos Big Bang, es ciertamente una bomba energética. Sin embargo, en tiempos recientes ha surgido, en lo que podemos llamar la fusión de la física con la teoría informática y la genética, un nuevo entendimiento de lo que es el substrato fundamental del universo: la información.

En su libro The Information: A History, A Theory, A Flood, James Gleick traza con una enorme claridad la evolución de la teoría informática, desde el Logos bíblico hasta el q-bit y el meme. La información tiene una realidad física, es justamente aquello que in-forma y por lo tanto genera el mundo material que experimentamos, “la escritura, la pintura, la música, el dinero” son información. Entrevistado por el patriarca de la revista Wired, Kevin Kelly, Gleick nos remite al padre de la teoría informática, Claude Shannon:

Shannon dijo que la noción de información no tiene que ver con el significado. Una cadena de bits tiene una cantidad, ya sea que represente algo que es verdad, o algo que es completamente falso, o algo que simplemente no tiene sentido. Si eras un científico o un ingeniero esta idea fue muy liberadora; te permitía tratar a la información como una cosa manipulable.

Sólo con las metáforas que surgen de la biología molecular y de la computación –de la programación informática– empezamos a comprender esta antonomasia ontológica de la información. Por ejemplo, las imágenes que vemos en una pantalla de computadora en realidad no son más que la representación de una serie de bits, de un código. De igual manera nuestros cuerpos y nuestras funciones biológicas no son más que la representación y la ejecución de una serie de bits (letras de genoma), de un código que literalmente nos forma desde dentro.

La información es crucial para nuestra sustancia biológica –nuestro código genético es información. Pero antes de 1950, no era tan obvio que la herencia tenía que ver con el código. Solo fue después de la invención del telégrafo que entendimos que nuestros nervios transmiten mensajes, como los cables. Cuando vemos atrás en la historia, nos damos cuenta que muchas diferentes historias acaban siendo historias sobre la información.

Los genes son una especie de red nodal, de Internet molecular (según el Premio Nobel Luc Montaigner el ADN podría incluso  podría transmitir información a distancia vía un entrelazamiento cuántico). “La vida se esparce a través de redes. El cuerpo es un procesador de información. La memoria reside no sólo en el cerebro sino en toda célula… 6 mil millones de bits para formar un cuerpo humano” dice Gleick. El famoso biólogo Richard Dawkins añade:

Lo que yace en el corazón de cada ser vivo no es el fuego, ni el calor del aliento, o la “flama de la vida”. Es información, palabras, instrucciones… Si quieres entender la vida, no pienses en vibrantes y pulsantes membranas y gels, piensa en tecnología informática.

En la época industrial surgió la metáfora del universo como una gran máquina; en esa época, la física newtoniana veía al universo como un reloj, una manifestación mecánica (en el caso de Newton, un emblema mecánico de la perfección de Dios). Esta metáfora de una gran máquina era usada puesto que la tecnología del momento mostraba que las máquinas eran efectivos aparatos para realizar una tarea, es decir, para conducir energía. Apropiadamente con un avance tecnológico en el que las máquinas son utilizadas sobre todo para procesar información: la métafora del universo cambia a la de una gran computadora.

La física moderna, que se enfrenta a la naturaleza esquiva de la materia subatómica, también formula una concepción informática de la realidad. El físico John Archibald Wheeler, quien acuñara el término “agujero negro” para aquello de lo cual no escapa la información, cifró este núcleo informático de la naturaleza con su famoso axioma: “It from Bit”, para decir que del bit, de la unidad fundamental de información, se desdobla el ser. Gleick lo cita en su libro The Information:

La información genera “todo ser –toda partícula, todo campo de fuerza, incluso el continuo de tiempo-espacio”. Esta es otra forma de sondear la paradoja del observador: el resultado de un experimento es afectado, incluso determinado, cunado éste es observado. No sólo el observador está observando, está haciendo preguntas y enunciados que a fin de cuentas deben expresarse como bits discretos. “Lo que llamamos realidad”, escribió timidamente Wheeller, “surge en el último análisis de posar preguntas de sí o no”. Añadió: “Todas las cosas físicas son teórico-informáticas en origen, y este es un universio participativo”. Todo el universo es visto entonces como una computadora –una máquina cósmica procesadora de información… Cuando los fotones y los electrones y otras partículas interactúan, ¿qué es lo que en realidad están haciendo? Intercambiando bits, transmitiendo estados cuánticos, procesando información. Las leyes de la física son algoritmos. Cada estrella incandescente, cada nebulosa silenciosa, cada partícula dejando una huella espectral en una cámara de nubes es un procesador de información. El universo computa su propio destino.

Mucha información para procesar en el párrafo anterior, que también se lee como un decálogo gnóstico. Por otros senderos, John Lilly, el científico, para algunos desquiciado, que experimentó en cámaras de aislamiento con LSD y ketamina, llegó a la conclusión de que el universo era una computadora cósmica y el cerebro humano una biocomputadora que podía y debía de ser reprogramada. ”Me convierto en uno de los programadores de la computadora cósmica, como un dios unido con los dioses bajo Dios”, escribió Lilly en un momento de ciber-samadhi en El Centro del Ciclón. 

También el físico David Bohm, uno de los principales proponentes del paradigma holográfico de la realidad, en el que se concibe al universo como un holograma donde cada parte contiene la totalidad de la información de todo el sistema (en un bit están todos los bits, en un átomo: las estrellas), formuló una visión de la física desde la informática. Bohm consideró que la realidad que experimentamos se desdobla de una realidad implicada inconmensurable.

La luz es lo que envuelve al universo. Por ejemplo, si estás observando esta habitación, toda la habitación está envuelta en luz que entra a tu pupila y se desenvuelve en la imagen en tu cerebro. La luz en su sentido generalizado (y no solo la luz ordinaria) es el medio por el cual el universo entero se envuelve en sí mismo.

Bohm concibe a la luz como “contenido informático, forma y estructura. Es el potencial de todo”. Recordemos que la luz justamente es aquello que no tiene masa, y que no tiene antipartícula: el fotón parece escapar del mundo de la dualidad. Y nuestro mismo ADN transmite biofotones para comunicarse entre sí.

El científico y pianista Ervin Lazlo ahonda:

En la última concepción de la física el universo no está constituido de materia y espacio, está constituido de energía e información. La energía existe en forma de patrones de onda y propagaciones de onda en el vació cuántico que forma el espacio; en sus varias manifestaciones, la energía es el hardware del universo; el software es la información. El universo no es un un ensamble de bits de materia inerte moviéndose pasivamente en el espacio vacío: es un todo coherente y dinámico. La energía que constituye el hardware está siempre totalmente in-formada. Esta in-formado por lo que David Bohm llamaba el orden implicado y los físicos ahora llaman el vacío cuántico o campo de punto-cero (también llamado espacio-tiempo físico, campo universal o nuéter). Esta es la in-formación que estructura el mundo físico, la información que percibimos como las leyes de la naturaleza

Lo que nos parece una moderna concepción de la información como realidad primordial del universo en realidad es un retorno al platonismo, al mundo de las ideas, a la dimensión arquetipica que in-forma nuestra existencia. El físico Werner Heisenberg, quien manifestara su cercanía a la filosofía de Platón, dijo “los átomos no son cosas, son solo tendencias, así que en vez de  pensar en cosas, debes de pensar en posibilidades. Todos son posibilidades de conciencia”. Aquí nos acercamos a una idea fascinante: la materia como una especie de frase o proposición enunciada por la conciencia. Los cuerpo como arreglos momentáneos de la codificación de la información inherente.

En el sistema que se esboza superficialmente aquí la información ocupa el lugar del espíritu. Dice Erik Davis parafraseando el génesis de San Juan: “In the beginning was the Info, and the Info was with God, and the Info was God.” [En el principio fue la Info, y la Info estaba con Dios, y la Info era Dios"]. De la misma forma que la materia busca transformarse en espíritu puro, la información busca convertirse en conciencia. Nos dice James Gleick: “A la larga, la historia es la narrativa de la información volviéndose consciente de sí misma”.  Al parecer nosotros somos los vehículos de este proceso en avanzada.

Twitter del autor: @alepholo

La incertidumbre del universo cuántico

Según explica el físico de la universidad de Oxford, Vlatko Vedral, a Eduardo Punset, el Universo mismo no estaría compuesto de materia ni de energía sino de información.

La escala más pequeña del universo –la que se rige por las leyes de la física cuántica– parece un desafío al sentido común. Los objetos subatómicos pueden estar en más de un sitio a la vez, dos partículas en extremos opuestos de una galaxia pueden compartir información instantáneamente, y el mero hecho de observar un fenómeno cuántico puede modificarlo radicalmente. Pero lo más extraño de todo –según le explica el físico de la Universidad de Oxford, Vlatko Vedral, a Eduard Punset en este capítulo de Redes– es que el universo mismo no estaría compuesto de materia ni de energía sino de información

Fuente: Pijamasurf

http://pijamasurf.com/2012/09/por-que-la-realidad-fundamental-del-universo-no-es-la-materia-o-la-energia-sino-la-informacion/

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Repetidos experimentos, avalados por numerosos científicos, han comprobado la existencia de fenómenos de percepción extrasensorial; sin embargo, el mainstream de la ciencia sigue rechazando a la telepatía, acaso víctima de un nuevo dogma, avatar de una estrecha visión religiosa.

La ciencia lleva la voz dominante de lo que es real en nuestra cultura. Su método de obtención de conocimientos, aparentemente objetivo y riguroso, se ha erigido como el más efectivo dentro de nuestro paradigma sociocultural. Sin embargo, como antes la religión, que tanto criticó, la ciencia ha construido una autoridad oficial que en ocasiones legisla a través del dogma.

Un caso que parece demostrar lo anterior es el de la telepatía o la percepción extrasensorial (ESP, en inglés). Como bien muestra Chris Carter, maestro por la Universidad de Oxford, en un reciente ensayo, existen numerosas pruebas científicas que comprueban la existencia de la telepatía y sin embargo ésta es considerada como una aberacción del pensamiento mágico insuperado por las conciencia primitivas que merodean las afueras de los laboratorios y las universidades.

Este prejuicio que pende sobre lo mal llamado “paranormal” tiene un larga historia, adoptado incluso por científicos tan reconocidos como Einstein, quien llamó despectivamente al fenómeno que hoy conocemos como entrelazamiento cuántico “spooky action at a distance” (“acción fantasmagórica a distancia”).  

Carter traza la historia del sesgo  (paradójicamente) irracional que existe en contra de la telepatía que recurrentemente se manifiesta en la ciencia. Por ejemplo, recientemente el famoso psicólogo escéptico Richard Wiseman admitió que la evidencia que se tiene de la telepatía es tan buena que “para los estándares de cualquier otra área de la ciencia está comprobada”. Carter trae a colación que esto viene sucediendo desde décadas atrás. El psicólogo Donald Hebb escribió en 1951:

¿Por qué no aceptamos la percepción extrasensorial como un hecho psicológico? Rhine ha ofrecido suficiente evidencia para convencernos  en casi cualquier otra cuestión. Personalmente, no aceptó la percepción extrasensorial porque no hace sentido. Mi criterio externo, tanto de física como de fisiología, dice que la la percepción extrasensorial no es un hecho pese a la evidencia de que ha sido reportada. No puedo ver que otra base tienen mis colegas para rechazarla. Rhine puede acabar estando en lo correcto, improbable como pienso que es, y mi propio rechazo de esta perspectiva es –en el sentido literal– prejuicio.

Cuatro años después, George Price, publicó un artículo en la prestigiosa revista Science:

Los creyentes en los fenómenos psíquicos… parecen haber dado con una decisiva victoria y virtualmente silenciado a la oposición. La victoria es el resultado de cuidadosa experimetación e inteligente argumentación. Docenas de experimentadores han obtenido pruebas positivas de percepción extrasensorial en experimentos, y los procedimientos matemáticos han sido aprobados por los más destacados estadísticos… Contra esta evidencia, casi la única defensa  que le queda al científico escéptico es la ignorancia.

George Price, del departamento de medicina de la Universidad de Minnesota, sin embargo, dijo que ya que la parapsicología y la ciencia moderna son incompatibles se debía rechazar la telepatía –como si el edificio de la ciencia moderna hubiera sido construido con oro solido y nada pudiera mancillarlo o derribarlo (o todo aquello que amenazara con hacer esto debería de ser marginado). 

Los anteriores ejemplos muestran claramente que  los escépticos consideraban que si la telepatía fuera un campo de investigación como los otros que investiga la ciencia, ya habría sido aceptada como una realidad. Sin embargo, por ser un caso especial se requiere “evidencia extraordinaria”. Pero esta evidencia extraordinaria contrasta con la experiencia ordinaria de miles y miles de personas que viven la telepatía como algo común en sus vidas cotidianas.

Curiosamente, según un par de encuestas citadas por Carter, incluso los físicos se inclinan en más de un 50% a creer que la telepatía existe, pero los psicólogos se inclinan a negar esta posibildad. 

Una de las principales razones por las que los científicos se oponen a la telepatía, pese a las pruebas experimentales, es que supuestamente, en palabras de Richard Dawkins “pone de cabeza las leyes de la física”. Pero esto, según Carter, en realidad solo aplica a la física clásica, y no a la física cuántica actual. No ocurre una contradicción con el  modelo de la física cuántica actual, en el que partículas subatómicas exhiben una conexión instantánea a distancia, lo que se conoce como entrelazamiento cuántico, repetidas veces probado en el laboratorio desde el seminal experimento de Alain Aspect en 1981.

En el esfuerzo de entender cómo funciona la telepatía desde un modelo científico es interesante revisar el trabajo de Rupert Sheldrake, quien no sólo ha realizado experimentos midiendo la telepatía humana y animal, sino que ha establecido una base teórica para entender la percepción extrasensorial, particularmente la transmisión psíquica de información a distancia. Sheldrake ha observado indirectamente la existencia de lo que llama “campos mórficos” o “campos morfogenéticos”, los cuales almacenan la memoria de una especie incorpóreamente. Sheldrake sugiere que los seres vivos entran en un estado de resonancia con estos campos –o con otros miembros de su especie– y  de esta forma reciben información puntual a distancia.

Quizás sería bueno recordarles a algunos científicos como las creencias religiosas en su momento fueron el enemigo principal del conocimiento… como la creencia en general va en detrimento de la inteligencia. Ya que su creencia en un modelo del mundo les impide observar sin filtros los datos experimentales que se contraponen a su visión de cómo son las cosas (una visión que es más un cómo deberían de ser las cosas). Todos proyectamos  nuestros pensamientos y creencias en el mundo, pero supuestamente la ciencia estaba libre de esto. Una ciencia que por otro lado ha descubierto que esa proyección, ese acto de observación con un instrumento, modifica la realidad observada.

[Reality Sandwich]

Tomado de Pijamasurf

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Estudios demuestran que los beneficios de una meditación colectiva repercuten en los índices de criminalidad de una ciudad; todo está unido, y el saberlo aumenta la responsabilidad individual.

 

 

Intención, meditación, y colectividad

Hace poco postulamos la intención como uno de los ingredientes primordiales de la magia. Cualquier acto de ‘manipulación’ de fuerzas intangibles para consumar un cierto efecto en un plano palpable, implica el canalizar con claridad una intención. Cuando un individuo fija su energía en lograr un algo específico parece que pueden ocurrir milagros –lo cual hemos visto acontecer en distintos contextos, desde hazañas deportivas hasta épicas historias de vida–. Sin embargo, y a pesar de que el poder de la intención es predicado con bastante popularidad, lo cierto es que este fascinante fenómeno ha sido pocas veces comprobado desde una perspectiva científica.

Por otro lado sabemos que la meditación es una de las tecnologías más eficaces que tenemos a nuestro alcance para destilar nuestra atención y, en caso de que así lo deseemos, fijar nuestra intención. Entre otras múltiples bondades, el meditar nos permite allanar los conductos de nuestra mente y en consecuencia proyectarnos hacia un punto con mucho mayor contundencia. En pocas palabras, la intención y la meditación son dos recursos que al aliarse mantienen una simbiótica dinámica que puede arrojar resultados asombrosos. 

También hemos constatado que la voluntad colectiva potencia la ya de por sí contundente naturaleza de este ‘fenómeno’ de la mente (¿o el espíritu?) humano, tal como mencionamos al hablar del proyecto MeditatioSonus el cual organiza meditaciones colectivas guiadas por sonido:

 ”A lo largo de la historia humana se ha probado que la colectividad, dentro de casi cualquier contexto, potencializa la intención. Al momento en que voluntades diversas son sincronizadas con un fin específico sucede algo casi mágico que nos recuerda al recurrido adagio matemático “el todo es mayor que la suma de sus partes” o, en un plano poético, podríamos referirnos a este fenómeno como la tajante magia implícita en el acto de unificar.”

La colectividad de algún modo alude a la naturaleza unitaria y a la hiperconectividad que rige la existencia compartida de todo ser (fenómeno que de acuerdo con Rupert Sheldrake, se intensifica entre miembros de una misma especie, y que nos permite compartir enormes cantidades de data relevante en un proceso que no depende de la cercanía geográfica y que trasciende generaciones). Creo que al emprender algo en forma colectiva no solo estamos reconociendo que este modelo potencia la individualidad (dos personas pueden lograr mas que una persona en el doble de tiempo), sino que incluso es una forma de rendirle tributo a la noción de que todo, todos, estamos unidos en un cierto plano (y por cierto ese plano pudiera ser el más relevante de nuestra existencia). 

De acuerdo a lo anterior, podemos hablar de un singular trinomio compuesto por intención, meditación y colectividad. Y precisamente estos son los ingredientes que involucra un ensayo realizado por John Hagelin, titulado ‘The Power of The Collective’. Doctor en física por la Universidad de Harvard, Hagelin ha participado como investigador en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), así como en el Stanford Linear Accelerator Center (SLAC). Actualmente preside la Fundación David Lynch y es una de las figuras más prominentes en torno a la meditación trascendental.

El Poder de la Colectividad

El ensayo parte de dos premisa especificas. Una se refiere a que los índices de criminalidad están directamente relacionados al volumen de estrés social que se registra al interior de una ciudad. La otra asume, de acuerdo a múltiples estudios relacionados, que la meditación es una óptima herramienta para reducir el nivel de estrés que experimenta un individuo, y que cuando este proceso se experimenta de manera colectiva, los beneficios terminan impactando no solo a cada uno de los involucrados en la práctica, sino que incluso se derraman, de forma medible, en una cierta área alrededor del grupo de practicantes.

Tomando en cuenta ambas premisas, Hagelin y su equipo decidieron implementar un experimento en Washington DC. La capital estadounidense es no solo famosa por ser una de las ciudades con mayor número de crímenes en el país, también es sede de un particular fenómeno que se repite periódicamente: durante la temporada de calor, es decir entre primavera y verano, los índices de criminalidad aumentan (patrón que se debe a múltiples causas aún no determinadas con exactitud). Y precisamente durante este periodo de decidió congregar a un grupo de 2,500 personas con experiencia en meditación profunda (número que por cierto terminó elevándose a 4,000 individuos ya que muchas personas decidieron sumarse al grupo y aprender a meditar). La hipótesis que originaba el estudio es que el número de crímenes registrados en la ciudad se reduciría significativamente como respuesta a estas masivas sesiones de meditación –ello a pesar de que en los seis meses anteriores la tendencia había marcado un aumento en el índice de delitos–.

Colaborando con autoridades locales, el FBI, así como con expertos criminalistas provenientes de reconocidas instituciones, entre ellas las universidades de Maryland, Texas, y Temple, se llevó a cabo el experimento. Para sorpresa de todos los involucrados y en contra de todo pronóstico ‘tradicional’, los índices de criminalidad se redujeron en un 25% (superando incluso las optimistas expectativas de Hagelin y su equipo, quienes habían contemplado un 20%). El éxito fue tal que el Departamento de Policía de Washington solicitó firmar el estudio como uno de los autores.[1]  

Ya digerida la sorpresa inicial ante el fenómeno constatado en dicho estudio, algo que resulta en un complemento fascinante es la relación entre el número de personas que participaron en dichas meditaciones y el número de habitantes que residían en Washington DC. Es decir, la atención/intención orquestadas de solo 4,500 personas repercutieron en la dinámica social de millones de personas. Lo anterior nos sugiere el enorme potencial de este recurso no solo para combatir índices de criminalidad, también conflictos de aún mayor escala, por ejemplo entornos bélicos. De hecho en su ensayo Hagelin cita una serie de estudios realizados en los 80’s, que confirmaron que durante los días en los que había mayor número de meditadores en el medio oriente, las consecuencias del penoso conflicto entre israelíes y palestinos disminuían notablemente. El primero de estos estudios fue publicado por la Universidad de Yale[2], y se convocó a realizar investigaciones en torno al mismo fenómeno, lo cual motivó que otros siete estudios similares se llevarán a cabo, todos arrojando resultados en la misma dirección.

Por si el fenómeno no fuese suficientemente estimulante y, por qué no, esperanzador, en estos estudios posteriores no solo se evidenció una disminución en los niveles de violencia, sino que se redujeron los niveles de cortisol en la población (hormona que liberamos en respuesta al estrés), aumentaron los niveles de producción de serotonina, y se registraron positivas variaciones bioquímicas y neurofisiológicas entre la población, como si de algún modo los beneficios concretos del meditar envolvieran a toda la población y no solo a aquellos que la estaban practicando.


La interferencia constructiva

Este principio fundamental de la física se refiere a lo que sucede cuando un grupo de emisores se unen mediante una misma frecuencia. Por ejemplo, si hay una bocina emitiendo una cierta onda de sonido y eventualmente se le unen un par de bocinas más, entonces la emisión de las tres se multiplicará de manera proporcional, al cuadrado, en una misma onda. Por lo tanto, en este hipotético caso donde tenemos tres bocinas emitiendo una misma onda, el resultado que obtendremos es la potencia equivalente a nueve altoparlantes individuales. Este mismo fenómeno, la interferencia constructiva, se replica en los demás ámbitos, ya sea que el rol de emisores esté representado por bocinas, antenas o personas meditando.    

La conciencia universal

Gracias a algunas de las más destacadas mentes de la humanidad, hoy tenemos multiples modelos que alimentan nuestra noción de que todo está unido mediante una especie de campo omnipresente, el cual es sede de un intercambio permanente de información entre todos los seres. Ya sea la noosfera de Teilhard de Chardin, la conciencia colectiva de Durkheim, los campos morfogenéticos de Sheldrake, o los planos akashikos que retoma Stanislav Groff, cada uno de estos modelos sugieren la presencia de este manto que nos mantiene esencialmente hiperconectados.

Curiosamente, aún estando familiarizados con este esquema de interconexión ineludible, no deja de resultar sorprendente confirmar que estamos permanentemente influyéndonos los unos a los otros sin necesidad de los vínculos que se establecerían, de acuerdo a la ciencia tradicional, como requisitos para que este intercambio sucediese. Ante este excitante enigma Hagelin nos comparte su postura:

¿Pero cómo podemos explicar tal influencia a distancia? Hasta ahora no hay respuestas claras, pero creo que la clave está en la noción de que más allá de los límites físicos de la existencia humana existe un campo unificado de conciencia pura, abstracta y universal. Y es en este nivel de realidad, de mente no local, donde descubres que las características del espacio son capaces, al menos en teoría, de consumar acomodos extraordinarios. Cuando penetras hasta ese nivel el espacio comienza a cambiar, comienza a contornearse en lo que conocemos como la espuma espacio-temporal. Y es aquí, en la continua y espumeante agitación de la geometría del tiempo-espacio, donde los agujeros de gusano se forman, y estos agujeros no obedecen la causalidad einsteniana. Somos capaces de influir las cosas tanto en el pasado como en el futuro.”

Consecuencias de la interconexión

Tras conocer los estudios anteriormente citados y una vez transcurrido el estado de estimulante perplejidad que pueden causar (al menos en mi caso), parece inevitable reflexionar en torno a las consecuencias de esta sublime hiperconectividad que nos lleva a afirmarnos como unidad indivisible. Y en medio de este ejercicio emerge una monumental sensación de responsabilidad: tus actos, pensamientos, y palabras tienen un impacto directo en el entorno (y por entorno quizá nos referimos al universo entero). ¿Así que, en realidad estás listo para aceptarla? –la respuesta, creo, es solo una. Si estamos listos, de hecho estamos diseñados para ello, sin embargo de ahí a que la asumamos existe aún un buen trecho que solo cada quien, en lo individual, podremos recorrer–.

Otra reflexión interesante que detona todo este fenómeno es una especie de doble paradoja. Por un lado, más allá de épicos intentos por movilizar masivamente a un grupo humano en torno a un objetivo ‘noble’, lo cierto es que buena parte de nuestra misión está en ‘hacer lo que nos toca’ en lo individual. Es decir, tal vez en lugar de utilizar tu energía enlistándote en ambiciosos proyectos de evolución colectiva lo mejor sea, por ahora, poner verdaderamente orden en tu propia vida, con medidas como afinar tu intención, disolver tus miedos y hacerte uno con tu lado oscuro, teniendo así la certeza de que, ineludiblemente, estarás contribuyendo con la colectividad (quizá incluso con mayor efectividad que por la vía explícitamente colectiva). Y al afirmar esto tampoco podemos dejar de considerar si el concepto de individualidad existe en realidad (pues todos estamos influyéndonos mutuamente todo el tiempo, pero esta es otra historia). 

Entonces por un lado parece que fortalecer tu unión contigo mismo y buscar la congruencia de acuerdo a tu propio código de principios es la vía más concreta para favorecer el famoso ‘despertar’ colectivo. Lo cual resulta en sí paradójico. Pero la segunda paradoja radica en que una vez establecido este camino, el de la evolución individual, entonces muy probablemente notarás que la fuerza que estás utilizando para lograrlo es provista, en buena medida, por la influencia que ejercen el resto de ‘otros yo’s sobre ti’, y en este sentido jamás será una labor personal sino siempre unificada. Y en este punto la dislexia envuelve mis proyecciones, lo cual me produce una leve confusión (por suerte insuficiente para desanimarme) y debo remitirme una vez más a que la mayor aportación que puedo entregar a ‘la nave tierra’ (en términos de Bucky Fuller) es simplemente enlazar mi propia narrativa de vida con el sendero de la evolución compartida –hacer lo que me corresponde con la conciencia que al llevarlo a cabo estoy facilitando esa misma labor a la gente que me rodea, y que en el momento en que generemos una orquesta suficiente para que su efecto multiplicador arropé al resto de los seres, entonces la fiesta de la conciencia habrá realmente comenzado–.

En fin, hoy más que nunca sé que el futuro no es lo que solía ser, y que su diseño depende de mí (que soy tú), de ellos (que somos nosotros), y de todos (que somos uno en la nada).

 

[1] Social Indicators Research 47:153–201, June 1999

[2] Journal of Conflict Resolution (32:776–812, December 1988

Fuente  Pijamasurf

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