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En un universo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna

De manera sorprendente, la física y las tradiciones místicas tienen la misma respuesta a la pregunta, ¿dónde está el centro del universo? Las implicaciones, sin embargo, podrían ser múltiples y disímiles.

    Turning and turning in the widening gyre
    The falcon cannot hear the falconer;
    Things fall apart; the centre cannot hold…

W.B. Yeats

Existe una tendencia posiblemente innata en el ser humano a buscar el centro –un eje que oriente o un seno que acoga– y sin embargo esa búsqueda parece ser ilusoria, ya que, según muestra la física moderna, el centro no existe. O si existe, está en todas partes, por lo cual en vano lo buscaríamos: estaríamos ya en (y seríamos) el centro ubicuo. 

La historia nos ha enseñado que la Tierra no es el centro del universo: gira alrededor del Sol que a su vez gira alrededor de la Vía Láctea que gira alrededor de un cúmulo de galaxias conocido como el Grupo Local que a su vez gira alrededor de otro cúmulo de galaxias… Aquí ya empezamos a probar el infinito en la elusividad de un centro.

Generalmente se cree que el universo surgió de una gran explosión o Big Bang, pero esta explosión no fue una explosión de materia en el vacío, fue la expansión del espacio mismo –que es indisociable del tiempo según la teoría de la relatividad de Einstein o como explica San Agustín “el primer segundo del tiempo coincide con el primer segundo de la Creación”. Esto significa que cada punto del universo parece estar en el centro.  Rose Pastore en el sitio Pop Sci explica:

Piensa en el universo como un globo vacío con puntos en él. Esos puntos representan los cúmulos de galaxias. Mientra el globo se infla, cada punto se aleja de cada otro punto. El espacio entre los cúmulos de galaxias se expande, como el resto del universo a un ritmo acelerado (pero la gravedad mantiene a los cúmulos galácticos del mismo tamaño).

El físico Edwin Hubble observó en 1929 que las galaxias se estaban expandiendo a un ritmo proporcional a la distancia que las separaba.  Esta expansión va, por  así decirlo, creando el espacio en el que se van alejando las galaxias, sin que exista un límite o un borde del universo. De nuevo Pop Sci:

En el principio, el universo era un solo punto. ¿Dónde estaba eso? Estaba, y está, en todas partes. Los científicos incluso tienen la prueba: La luz del Big Bang, en la forma de radiación cósmica, llena el cielo en todas direcciones.

Existen dos formas de leer este enunciado –que conecta en un círculo a la ciencia con la poesía. Desde una perspectiva mística podríamos suponer que el centro del universo está en todas partes porque Dios está en todas partes, parafraseando a Borges, “No le basta crear, es cada una de las criaturas de su extraño mundo”. Pero existe una posibilidad más desoladora: la ubicuidad del centro del universo es equivalente a la inexistencia de un centro,  de un surtidor y de un axis mundi del cual sujetarnos. Si cada punto y cada uno de nosotros es el centro del universo no existe sentido u orden más que el que nosotros proyectemos al espacio infinito  –que es siempre un eco de nuestra mente– y sólo queda el vértigo sin fundamento. Tal vez no se equivocaban aquellos humanistas que concibieron al hombre como el centro del mundo (aunque lo mismo hubieran acertado postulando al conejo que horada la Luna).

Esta difusión uniforme del Big Bang por todo el espacio, de tal forma que cada punto es el centro del universo –y en cierta forma su mismo origen, como un ubicuo omphalos– habilita un eterno retorno a una metáfora que históricamente el hombre ha utilizado para representar a Dios. Borges recoge la evolución de esta metáfora en su ensayo La esfera de Pascal: 

Fragmentos de esa biblioteca ilusoria, compilados o fraguados desde el siglo lll, forman lo que se llama el Corpus Hermeticum; en alguno de ellos, o en el Asclepio, que también se atribuyó a Trismegisto, el teólogo francés Alain de Lille -Alanus de Insulis- descubrió a fines del siglo Xll esta fórmula, que las edades venideras no olvidarían: “Dios es una esfera inteligible, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”.

Este centro sin circunferencia tendría múltiples avatares, uno de los más ilustres en el filósofo y matemático francés Blaise Pascal:

“La naturaleza es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.” Así publica Brunschvicg el texto, pero la edición crítica de Tourneur (París, 1941), que reproduce las tachaduras y vacilaciones del manuscrito, revela que Pascal empezó a escribir effroyable: “Una esfera espantosa, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.”

Aquí observamos la profunda dualidad mental que genera un universo con un centro omnipresente. Lo mismo podemos ir del canto místico de la presencia perpetua de la divinidad al terror pesadillesco de un laberinto que se multiplica incesantemente: que se crea, en derredor nuestro, mientras avanzamos y de esta forma es perfectamente inescapable.

Si el centro del universo está en todas partes y “la luz del Big Bang” llena “el cielo en todas direcciones” es posible que la teoría de la Totalidad Implicada de David Bohm, con la que agrega a la historia de una metáfora –aquella de la esfera de Pascal– al holograma, no esté equivocada. Michael Talbot explica lo propuesto por Bohm en su libro El Universo Holográfico:

De la misma forma que toda porción de un holograma contiene la imagen de la totalidad, cada porción del universo contiene la totalidad. Esto significa que si supiéramos el medio de acceder, podríamos encontrar la galaxia de Andrómeda en la huella digital del dedo gordo de nuestra mano izquierda. Podríamos encontrar a Cleopatra conociendo a Julio Cesar por primera vez, ya que en un principio la totalidad del pasado y las impliaciones del futuro están contenidas en cada porción del espacio-tiempo. Cada célula de nuestro cuerpo contiene al cosmos entero.

Ver todo en cada parte, ver nuestro rostro reflejado en el espejo del cosmos (en el vacío partículas de Dios o innumerables budas girando en el polvo, como reza el koan)  puede ser la puerta intelectual a esa misma divinidad inherente. Aunque también existe la posibilidad de que  en un universo sin eje, sin centro que sujete y sustente la realidad, estemos constantemente alucinando aquello que nos rodea. El solipsismo ad infinitum: cada punto podría estar creando a todos los otros puntos. Cada átomo podría ser su propio universo.

Twitter del autor: alepholo

Fuente Pijamasurf

Video Omniverso Fractal Youtube

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Universos paralelos: Soles como portales estelares

 Extracto de la conferencia de Nassim Haramein. El sol crea pequeños agujeros llamados manchas solares, estas manchas  no son manchas propiamente como todo el mundo cree, sino que reflejan el verdadero aspecto del sol somo agujero negro, que duran semanas o meses y después se cierran, una especie de “ventanas”  espacio-temporales por las que se podría viajar.

Según el Sr. Haramein, cada sol contiene una singularidad, agujero negro, y no sólo eso, sino que todo es un agujero negro. Civilizaciones avanzadas extraterrestres o interdimensionales que deseen acceder a nuestro sistema solar con naves de gran tamaño (tamaño de la Tierra) nave puede hacerlo a través de la puerta estelar de nuestro sol.

Vídeo repetición del stargate

 

Ver la conferencia entera (altamente recomendable) de Nassim Haramein, en Reno 2003.

Según Nassim Haramein, todos los cuerpos celestes tienen su agujero negro en el interior, por lo tanto la propia Tierra tendría, en algún lugar de su interior, un pequeño agujero negro que es el que genera todas las energías y fuerzas del planeta. Las ventanas a estos agujeros negros son los volcanes. Así como los átomos tendrían su propia singularidad.

Otra cosa importante relacionada con el Sol es que todos los observatorios y misiones espaciales que se dedican a observar el sol son propiedad o están financiadas por El Vaticano.

Ahora, con estas nuevas informaciones, podemos entender mejor por qué los antiguos adoraban tanto al sol, por qué esa obsesión de divinización y culto al Sol, y por qué decían que los dioses habían llegado de las estrellas, es decir, los soles, del firmamento.

 

 
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La teoría de los universos paralelos habla sobre la existencia de universos complementarios al nuestro, universos que no somos capaces de ver pero que comparten espacio y tiempo con nosotros. La teoría ha sido desarrollada por muchos científicos pero aún nada ha podido ser comprobado. Sin embargo, hoy vamos a exponer algunos de los puntos centrales para poder entender un poco más de qué va esto.
A través de una conferencia ofrecida por Brian Greene en los clásicos seminarios TED, intentaremos explicar los fundamentos más claros de esta teoría, el por qué de la misma, sus limitaciones y sus posibles avances.

Observación del universo

Todas las teorías sobre el origen del universo y sus comportamientos nacen de la observación del mismo. De la misma manera debemos decir que la investigación sobre los universos múltiples tiene sus raíces aquí.
Hoy en día sabemos, gracias a los estudios astronómicos, que el universo se encuentra en expansión y que sigue una conducta de expansión acelerada provocada por una materia a la cual los científicos llaman “materia oscura“. Esta materia oscura está presente en todo el universo y es la que hace que se expanda.

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Para poder entender mejor esta aceleración, los científicos intentaron calcular la cantidad de esta materia oscura presente en el universo. El número que obtuvieron fue el siguiente:

 
0,00000000000000000000000000000000000000000
0000000000000000000000000000000000000000000
000000000000000000000000000000000000000138

Este pequeño número es real, existe y está presente en nuestro cuerpo tanto como en el resto del universo. Sin embargo, dejemos este número un segundo para continuar el análisis completo y luego reencontrarnos con él.

Más allá de los átomos: la teoría de cuerdas

La teoría de las cuerdas es una nueva (o no tan nueva) teoría descrita para explicar la composición total del universo. Hasta hace no mucho tiempo se hablaba de átomos como los compuestos esenciales del universo. Más adelante se habló de partículas subatómicas, pero esta teoría habla de la creencia de algo más allá de estos compuestos: las cuerdas.
La teoría de las cuerdas dice que el componente inicial del universo es una suerte de cuerda. Esta cuerda que vibra como la de un violín es la generadora de todo lo demás. Para entenderlo de una manera sencilla, se dice que la unión de estos diferentes tipos de cuerdas generan un tipo de molécula u otra, y de esta manera la composición del universo.

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Por otra parte esta teoría no es del todo aceptada, a causa de ciertas incongruencias internas. Sin embargo, la teoría de los universos paralelos la trae a colación ya que dice contar con las respuestas a estas preguntas sin resolver.
En nuestro mundo existen tres dimensiones aparentes: alto, ancho y profundidad. La teoría de los universos múltiples dice que estas pequeñas cuerdas cuentan con más dimensiones pero que por tratarse de elementos tan pequeños somos incapaces de detectarlas.
La forma y el movimiento de estas cuerdas determinan todo lo que existe en el universo, todas las propiedades de los elementos y sus fuerzas. Sin embargo, desconocer la forma de estas cuerdas nos limita bastante. La teoría de los universos paralelos dice que si conocemos la forma de aquellas dimensiones presentes en estas cuerdas podríamos calcular datos significantivos para entender el universo como la cantidad de materia oscura.

 
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La materia oscura y los universos paralelos

El problema principal de los científicos, dice Brian Greene, es que se han dedicado a intentar entender e investigar el número de materia oscura presente en nuestro universo, sin darse cuenta de que no existe una explicación, ya que no existe un único número para la materia oscura.
Para explicarnos mejor vamos a volver a la teoría de las cuerdas. Como no conocemos la forma de la dimensión de estas cuerdas no podemos hacer lecturas sobre las mismas, sin embargo sabemos que nuestro universo cuenta con ese número de materia oscura. Otros universos determinados por las mismas cuerdas cuentan con otro número de materia oscura, por esta razón no existe ninguna explicación científica de por qué “ese” número para nuestra materia oscura y no otro.

 
 
 
La razón es que “ese” número es el que permite a nuestra forma de vida pertenecer a este universo y no otro y por eso estamos aquí.
 
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En el caso de que pensemos en otros universos como posibles albergadores de nuestra forma de vida podemos decir que si su número de materia oscura es más elevado tendrá una aceleración tan rápida que las galaxias como las conocemos no podrían formarse. Lo cual no quita la posibilidad de otras formas de vida, pero nunca una como la nuestra.
 
En caso de que el número de materia oscura fuera menor que el de nuestro universo, se retroatraería nuevamente a su centro por falta de fuerza y se cerraría sin tampoco poder formar galaxias.
 

Teoría de la Inflación Cósmica

 
Pero qué hace que todo esto cierre y que debamos creer en la teoría de universos paralelos. Bueno, la respuesta se encuentra detrás de la teoría de la Inflación Cósmica.
 
Si regresamos al inicio del universo, más exactamente al momento del Big Bang, la teoría dice que este fenómeno no fue algo que durase un solo momento, ya que esta cantidad de energía no puede explotar toda al mismo tiempo. La teoría de la Inflación Cósmica dice que sucesivos Big Bangs tuvieron lugar gracias a esta cantidad de energía y de esta manera se crearon diferentes universos.
 
Para ser más claros, digamos que unas explosiones detrás de otras crearon varios universos y estos universos se encuentran flotando en una suerte de piscina unos con otros. Hoy en día podemos observar la fuerza con la que fue creado nuestro universo gracias a una lectura del mismo, donde podemos encontrar una marca de la expansión.
 
Cada uno de los otros universos creados en estos sucesivos  Big Bangsdiferentes universos puede ser posible.
 
 
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Una vez más debemos volver a la teoría de las cuerdas, ya que aquí encontraremos el fundamento a las diferentes formas de las diferentes dimensiones de estas cuerdas. Cada universo contará con cuerdas de diferentes formas creando a su vez diferentes universos.
 
 
Nosotros, la raza humana, nos encontramos en este universo y no en otro simplemente porque nuestro universo cuenta con las características necesarias para albergar nuestra forma de vida, como ya hemos dicho antes.
 
 
Entonces, no es necesario preguntar “qué es ese número”, sino preguntarse “por qué ese número”, y la respuesta es muy sencilla, como también dijimos antes: es este universo y no otro porque este nos ofreció los elementos y las condiciones necesarias para desarrollar un tipo de vida como la nuestra.
 

La teoría de los universos paralelos, ¿se puede confirmar?

 
Está claro que no podemos confiar 100% en la teoría si no vemos forma de comprobarla, pero existe una remota forma de confirmarla: si la teoría de los universos paralelos está en lo cierto, estos universos metidos dentro de la piscina en algún momento deberían llegar a tocarse y colisionar, dejando una huella como la ofrecida por la fuerza provocada por el Big Bang.
 
 
Si una perturbación de estas características afectara nuestro universo seríamos capaces de confirmar todo lo antes dicho, pero al parecer esto aún no ha ocurrido, o aún no ha llegado hasta nosotros.
 
 
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Por último, Brian Greene dice que gracias a la continua expansión de nuestro universo, llegará un momento en que el tamaño del mismo ya sea ilimitado, por lo menos para que nuestra especie lo pueda detectar. En ese momento los investigadores serán incapaces de leer estas huellas energéticas hechas por el Big Bang o por una posible colisión de universo.
 
 
Esto nos lleva al problema de qué ocurrirá entonces: esos futuros investigadores podrían leer las cosas escritas hoy en día sin lograr comprobarlas o limitarse a pensar que el universo es uno e ilimitado gracias a lo revelado por su propia experiencia.
 
 
Esto nos dice que tal vez debamos ver más allá de nuestro propio horizonte para entender qué sucede y cómo nos rodea. Por esta razón también debemos abrir los ojos a teorías como las de los universos múltiples, ya que a pesar de no estar presentes pueden estar más allá de lo que podamos percibir.

Fuentes   SABIENS. Últimas noticias   Maestroviejo’s Blog

http://sabervscreer.wordpress.com/2012/05/11/soles-como-portales-estelares/

 

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Ten cuidado de lo que piensas porque afecta a todo el mundo (la resonancia mórfica de Sheldrake)

La teoría de la resonancia mórfica de Rupert Sheldrake podría ser una de las teorías científicas más revolucionarias de la historia, sentando las basaes para entender la interdependencia existencial. O podría ser solamente una versión más del pensamiento new age, sin bases en la realidad, sólo que postulada por un biólogo de Cambridge.

“Darwin pensaba que los animales y las plantas, más que especies, podían considerarse como hábitos”, Rupert Sheldrake.

Cuando en 1981 Rupert Sheldrake publicó su libro Una Nueva Ciencia de la Vida:  La Hipótesis de la Resonancia Mórfica, el editor de la prestigiosa revista Nature, John Maddox, reaccionó diciendo que la obra de Sheldrake era una herejía y sugiriendo que tal vez su libro debería de ser quemado. Quizás, como le sucedió a Galileo, Sheldrake supera el entendimiento de sus coetáneos.

La polémica siempre ha rodeado la obra de este vanguardista biólogo, doctor por la Universidad de Cambridge, quien lo mismo es considerado un hereje seudocientífico que vende humo metafísico, que una de las mentes más brillantes de nuestra época y unos de los pocos científicos suficientemente valientes para aventurarse más allá de lo que el paradigma científico valida.

Años después del anatema  de la revista Nature, que básicamente exilió a Sheldrake a los márgenes de la academia, cuando sus teorías ya se habían popularizado, una nueva controversia lo enfrentó con uno de los científicos más reconocidos de Gran Bretaña y del mundo, Richard Dawkins (autor de la teoría memética del gen egoista). Tanto Sheldrake como Dawkins iban a participar en un documental de televisión en el que se discutirían temas en las fronteras de la ciencia. Al parecer Dawkins se negó a discutir el trabajo de Sheldrake sobre la telepatía, descartando de antemano analizar la evidencia recopilada durante años por Sheldrake, bajo la premisa de que la mera discusión de este tema es irracional.

Sheldrake ha sido ridiculizado por la ciencia mainstream por su trabajo estudiando la telepatía entre animales y sus dueños, la telepatía telefónica o la preciencia de que alguien nos está observando. Pero generalmente estas críticas son más a los temas que Sheldrake investiga que a su trabajo científico, el cual no carece, ciertamente, de rigor.

Hacemos esta introducción biográfica para más o menos establecer un marco equilibrado sobre el cual exponer, en las palabras del mismo Sheldrake, la teoría de la resonancia mórfica, una posible explicación científica a la interconexión que muchas personas personas perciben entre sí, a distancia. Esto no es sólo una teoría para explicar la telepatía, sino para explicar la evolución conjunta de una especie influida por campos colectivos de información que van más allá de su mera genética: ideas, pensamientos y acciones que se convierten en hábitos y que van in-formando la memoria que comparte una especie y de esta forma interviniendo en su desarrollo. Tenemos aquí la evolución científica de los conceptos de campos akáshicos de la filosofía védica y del inconsciente colectivo de Carl Jung.

Rupert Sheldrake considera que existen campos mórficos –campos morfogenéticos de información que van moldeando nuestra existencia como parte de una especie. Estos campos son invisibles, como lo es la gravedad, pero pueden ser observados por sus efectos. Quizás una de la razones por las cuales  la teoría de Sheldrake no es considerada seriamente por la ciencia establecida, es debido a que no postula la acción de una fuerza física conocida –y la ciencia se ha esmerado en erradicar todo tipo de acciones misteriosas a distancia y de desacreditar el concepto del éter. Sin embargo, el hecho de que no podamos todavía explicar bien a bien cómo es que ocurre algo no necesariamente significa que ese algo no ocurre. Y aunque no podamos explicar cabalmente cómo es que estamos ligados a una conciencia colectiva, cómo es que en ocasiones podemos conectarnos con los pensamientos de los demás o cómo es que toda la información que genera nuestra especie  nos influye sin entrar en contacto directamente con nosotros, millones de personas en el mundo han experimentado esto, más allá de que la ciencia les diga que esto no es posible dentro de su modelo (dominante y excluyente) del mundo. 

Dejemos que el mismo Sheldrake explique:

La resonancia mórfica es un principio de memoria en la naturaleza. Todo lo similar dentro de un sistema autoorganizado será influido por todo lo que ha sucedido en el pasado, y todo lo que suceda en el futuro en un sistema similar será influido por lo que sucede en el presente. Es una memoria en la naturaleza basada en la similitud, y se aplica a átomos, moléculas, cristales, organismos vivos, animales, plantas, cerebros, sociedades y, también, planetas y galaxias. Así que es un principio de memoria y hábito en la naturaleza.

Curiosamente esta la intuición del poeta Octavio Paz, quien parece coincidir con Sheldrake: “Todo es presencia, todos los siglos son este Presente”, verso que hace algunos años fue inscrito en una moneda conmemorativa en México y que forma parte del poema “Fuente” incluido en La estación violenta. Sheldrake va más allá de Bergson, quien postuló que la memoria no estaba solamente en el cerebro, y sugiere que la naturaleza misma es memoria, que el espacio es una especie de inmensa biblioteca que transmite constantemente la información que almacena de manera no-local. Una fracción de segundo en realidad es un fractal de todos los siglos. Todo lo que pasó sigue pasando …  El ADN, más que el “libro de la vida”, es el sintonizador o decodificador de la memoria: el libro de la vida, está inscrito, en su totalidad, en cada cosa.

Esta interconexión a distancia entre los miembros de un grupo, de una especie, de un reino e incluso de un planeta, en diferentes niveles e intensidades, revela una nueva concepción ética que abarca todas las manifestaciones de la existencia:

Un aspecto importante de la resonancia mórfica es que estamos interconectados con otros miembros de un grupo social. Los grupos sociales también tienen campos mórficos, por ejemplo una parvada de aves, un cardúmen de peces o una colonia de hormigas. Los individuos dentro de un grupo social más grande y los mismos  grupos sociales más grandes tienen su propio campo mórfico, sus patrones de organización. Lo mismo aplica para los humanos.

Lo que haces, lo que dices y lo que piensas puede influir a otra persona por resonancia mórfica. Así que somos más responsables de nuestras acciones, palabras y pensamientos bajo este principio que lo seríamos de otra forma. No hay un filtro inmoral en la resonancia mórfica, lo que significa que debemos ser más cuidadosos de lo que estamos pensando si es que nos importa el efecto que tenemos en los demás.

Nuestros pensamientos, dentro de la teoría de Sheldrake, literalmente constituyen una medio ambiente que permea el planeta y pueden en cierta forma contaminarlo o depurarlo; podemos, con una idea o un descubrimiento, detonar toda una ola de creatividad.  

Si alguien aprende una nueva habilidad, dijamos el windsurfing, entonces entre más personas  lo aprenden, lo más fácil que esta actividad se vuelve para todos los demás debido a la resonancia mórfica. Por otro lado, si enseñas a ratas en Los Angeles un truco nuevo, entonces las ratas en todo el mundo deberían de aprender este truco más rápido debido a que el primer grupo de ratas ya lo aprendió. 

La teoría de Shelrdake resuena con la selección natural de la evolución que economiza procesos con una sorprendente eficiencia para seguir avanzando en su complejidad.  Es decir, que un miembro de una especie solo pueda aprender una conducta o generar una nueva mutación a través de la transmisión genética vertical sería una pérdida de tiempo. En cambio la transmisión de una nueva habilidad de manera horizonal, a distancia y difundida entre todos los miembros de una especie a través de la resonancia mórfica muestra una mayor eficiencia, tiene sentido evolutivo y posibilita la aceleración de un proceso de adaptación.

Queda al lector formar su propia opinión y decidir si la teoría de la resonancia mórfica le resuena o es una versión más del pensamiento new age, que sin fundamentos en la realidad busca explicar y espiritualizar el universo como proyección de sus propias creencias. Personalemente me parece que el modelo de Sheldrake –siendo solo un modelo, una imagen que hace la mente del universo– es uno de los más coherentes que ha formulado el pensamiento contemporáneo para acercarse a entender la relación entre el hombre y la naturaleza, la mente y la materia,  Pero esto es sólo una opinión en base a la intuición y a la experiencia individual; quizás influida por que el modelo de Sheldrake resuena más con una concepción poética y espiritual del universo. Pero esto no debería de ser algo necesariamente desdeñable, ¿acaso no los físicos más reconocidos, incluyendo a Einstein, incluyeron la elegancia y la belleza de una teoría como una de las variables a considerarse dentro de la valía de una teoría científica? Siguiendo lo dicho por Sheldrake, de que las leyes físicas evolucionan, consideró que  posiblemente en este momento en la historia del pensamiento humano, la resonancia mórfica es una de las puntas de lanza para entender lo que nos sucede, uno de los modelos que mejor funcionan en un plano existencial –más allá del cánon científico– para observarnos en el espejo líquido de memoria atravesada, y seguir evolucionando hacia un nuevo entendimiento, en sintonía con el principio mutante del universo.

Citas de Rupert Sheldrake tomadas de Cross Road Times

Twitter del autor: alepholo

Fuente Pijamasurf

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¿Dibuja la divinidad espejos para nosotros? Dulces campos de policromía tranceleste.

 

En los últimos años el ser humano ha logrado auscultar los confines del espacio sideral a través de la extensión tecnológica: el Hubble y otros telescopios de alguna forma han alterado nuestra conciencia, revelando los paisajes astrales que el ser humano sólo había podido entrever durante sueños o visiones místicas.Profusos campos policromáticos, velos de luz diamantina, fuegos arrebolados, figuras que se dibujan vagamente con la ayuda de la pareidolia o a través de espejo esmeralda de Hermes: “como arriba, es abajo”.

Numerosas culturas, entre ellas algunas de las más brillantes –como la maya, la griega y la india– han tejido historias fundacionales, arquetipos y mitologías en las que los dioses — y los hombres que de alguna manera alcanzan la divinidad, roban el fuego — se imprimen en el cosmos, se convierten en las estrellas, constelaciones y galaxias: como si eleveran su espíritu a la luz. Quedan tatuados en formas astrales, eternamente representando una historia arquetípica: persiguiendo a una mujer, cazando un antílope o tomando la figura de su animal tutelar. Estos signos que antes alcanzabamos a ver solamente con el ojo desnudo, ahora se ven aumentados por la profundidad de campo que nos muestra las matrices de las estrellas, los surtidores, los cuales también parecen hablarnos con el color, la forma y la luz: un lenguaje arcano que intuimos escribe en el cielo nuestro nombre, nuestro código, nuestra esencia: todo se repite con sutiles variaciones, todo es uno, el otro y el mismo.

Entre las imágenes que aquí recopilamos existen numerosas figuras antropomórficas, quizás proyecciones que hace el hombre en su búsqueda de sentido: el ojo de dios, la mariposa.  el corazón, el cangrejo y hasta el balón de futbol compuestos de polvo y gas incandescente. Sin embargo, alguien podría pensar, siguiendo la línea de pensamiento que hizo a Milton decir “El Dios que colgó la estrellas como lámparas en el cielo”, que estas figuras nebulares no son meras casualidades, son manifestaciones de la conciencia universal y como tales, mantienen una armonía y un orden: nos comunican y lo que dicen son nosotros.  El espacio como lienzo en el cual brota, surgiendo del mar, el espíritu. 

Sean el resultado de la evolución que avanza ciegamente o de la mente que en su ardor se materializa, las nebulosas cumplen una función psicodélica, una función artística que nos permite vernos reflejados en el cielo y sentirnos parte de el misterio

“Nebulosa del Corazón”: Anahata chakra en el cosmos.

“Nebulosa del Águila”, también conocida como “Los Pilares de la Creación”, nominado anteriormente como el cuerpo más hermoso del universo. El pilar más famoso se conoce como “la Hada”, una especie de ángel gaseoso que se eleva con altivez ingualable.

“Nebulosa del Cangrejo”, eléctrico crustáceo emitiendo rayos de alta energía en la profundidad del espacio.

“La Nebulosa de Gabriela Mistral”, otra nebulosa que evoca una pareidolia, en este caso el rostro de la poetisa chilena Gabriela Mistral: el misterio y el madrigal de luz.

“La Nebulosa del Ojo de Gato”, la pupila felina de luz diamantina, también evoca la danza de los átmos en su emisión vorticial de energía nuclear.

La nebulosa NGC 6751:  otro ojo cósmico con un collar de joyas fibrilares.

“La Nebulosa de la Hélice”, también conocida como el “Ojo de Dios”, una majestuosa mirada azul por donde la divinidad nos espía.

“La Nebulosa del Balón de Futbol”: el partido cósmico entre los dioses y los hombres.

“La Nebulosa del Cono”, la silueta grácil de un ser cósmico –entre puma y ángel– cuyo tercer ojo  resplandece en el centro de una gládnula pineal de helio.

“Nebulosa de Cassiopea”

“Nebulosa del Casco de Thor”, otra pareidolia o un espejo de arquetipos: las historias de los dioses están garabadas en las estrellas.

“La Nebulosa de la Mariposa”, evoca los trazos de Miguel Angel en su representación de la conexión entre Dios y el hombre.

Nebulosa NGC 4038

“La Nebulosa de Orión”,  una de las más hermosas de nuestro universo cercano, el ombligo de la creación según la cultura ma-ya.

Inside the Nebulae from Peder Norrby on Vimeo.

Fuente Pijamasurf

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Las plantas acceden a un increíble espectro de biocomunicación que incluye diversos procesos psíquicos como telepatía, inferencia informativa a distancia y empatía a nivel celular por otros seres vivos.

 la telepatía entre plantas parece haber sido comprobada

 

“Guardamos una mayor conexión con lo invisible que con lo visible”

Novalis

Todos hemos escuchado hablar de, o incluso hemos podido constatar, la sensibilidad de las plantas: su respuesta, favorable o desfavorable, a estímulos como la música o el color, el hecho de que al hablarles bonito crecerán más rápido y más sanas, o que si las expones a situaciones estresantes ello repercutirá negativamente en su desarrollo. Sin embargo, y a pesar de que existen estudios fundamentados al respecto desde hace medio siglo, no muchas personas están familiarizadas con la percepción extrasensorial que manifiestan estos seres.

Comenzaba la segunda mitad de la década de los sesentas. Muchos se encontraban inmersos en un acelerado desdoblamiento de conciencia (mediado por innumerables dosis de LSD y coloridos estampados), otros se encontraban compitiendo por llegar a la luna, y uno de ellos, Estados Unidos, había iniciado una invasión contra Vietnam, a pesar de no haberse aún sacudido el asesinato de John F Kennedy.  Malcolm X moría asesinado, y los Beatles estaban por lanzar su legendario Sgt Peppers.

Pero allá en 1966 no todo era psicodelia y guerras, también estaba por ocurrir algo increíble en una oscura oficina situada en la 5ta avenida de Nueva York. Este era el espacio de trabajo de Cleve Backster, el más prestigiado examinador de detección de mentiras de todo el país. Una noche como cualquier otra, de pronto, impulsivamente, algo le llevó a colocar los electrodos de su polígrafo a una planta, una Dracaena massangeana. Y lo que sucedería a continuación, provocaría en él una revolución personal: notó que al verter agua sobre la planta, el galvanómetro obtenía una reacción similar a la de una persona experimentando emociones. Backster sabía que el más intenso estímulo para generar una reacción emocional en una persona es la noción de sentirse amenazada, así que pensó en exponer la hoja conectada a los electrodos, y ahora, con mayor sorpresa, constató que la planta había reaccionado bruscamente ante la sola idea de ser quemada. Tras un par de pruebas más, intentó visualizar nuevamente la flama quemando la hoja, pero ahora no hubo reacción alguna, como si la planta pudiese diferenciar entre una intención real y una fingida.

A partir de esa noche la carrera de Backster experimentaría un giro radical, ya que dedicaría la mayor parte de su tiempo a profundizar en sus investigaciones sobre biocomunicación y, eventualmente, abandonaría las labores que realizaba para agencias gubernamentales, entre ellas la CIA. Y tras esta decisión participaría en decenas de experimentos, parte de ellos publicados en el International Journal of Parapsychology: “Evidence of a Primary Perception in Plant Life,” (vol. 10, no. 4, Winter 1968, pp. 329-348), que terminarían por arrojar resultados aún más sorprendentes los cuales sugieren diversas habilidades extrasensoriales en las plantas:

Vínculos telepáticos

En una ocasión, Backster se percató de que las plantas establecían un lazo especialmente fuerte con las personas que cuidaban de ella, y que este vínculo no dependía del espacio físico que les separaba. Cuando se encontraba fuera de su oficina y le ocurrían eventos excitantes, fuesen positivos o negativos, sus plantas registraban los cambios bruscos en su estado de ánimo o sus ritmos biológicos. Incluso en alguna ocasión, estando en otra ciudad, Backster tropezó en la calle, lastimándose. Al llegar a su hotel llamó a uno de sus asistentes para corroborar si a la hora de su accidente se había registrado alguna reacción en las plantas, y la respuesta fue positiva, justo a la hora en que el cayó, las plantas manifestaron un notable estrés.  

Empatía celular

En otro experimento que realizó, ya instalado en la fase en donde monitoreaba a sus plantas las 24 horas del día, Backster notó que al momento de haberse hecho una herida en el dedo, con un cuchillo, la planta había registrado el percance. Lo mismo sucedió cuando una araña que se encontraba en el mismo cuarto fue amenazada por una de las muchas personas que visitaban el laboratorio o, de manera más drástica, cuando frente a una planta alguien arrojó unos cangrejos vivos a un recipiente con agua hirviendo. Con el tiempo, Backster detectaría un patrón en el que la planta reaccionaba cada vez que atestiguaba la muerte de tejido vivo, lo cual lo llevo a teorizar sobre una especie de empatía telepática, a nivel celular, que manifiestan las plantas.

Para explorar esta hipótesis, encontró una manera de adherir electrodos a diversas infusiones celulares, tales como amibas, sangre, y esperma. Tras los experimentos se encontró con que estas infusiones también reaccionaban, por ejemplo el esperma manifestaba una reacción cuando su donante se colocaba junto al tubo que lo contenía. Esta comunicación “parece que no para en el plano celular. Puede que atraviese al molecular, el atómico o incluso el subatómico. Todas aquellas cosas que han sido consideradas, convencionalmente, como inanimadas, podrían tener que ser revaluadas” afirmó el investigador, que eventualmente llamaría a este fenómeno “percepción primaria”.  

Desciframiento emocional de información:

Otra de las pruebas consistió en adherir los electrodos a una planta y colocar a un colega junto a ella. A continuación le pregunto su año de nacimiento, y Backster enumeró diez fechas distintas, instruyendo a su colega que respondiera, invariablemente, con un No, aunque una de ellas fuese la correcta.  Luego, al observar el galvanómetro, Backster supo cuando su interlocutor había mentido pues la planta se lo había indicado, reaccionando justo en el instante en que una de las respuestas careció de verdad.

Los anteriores son solo algunas de las líneas de investigación que Backster desarrolló. Por cierto, el trabajo de este estadounidense nos remite a la loable labor que el bioquímico y filósofo de Cambridge, Rupert Sheldrake, ha venido realizando en las últimas tres décadas, y la cual ha derivado en la teoría de los “campos morfogenéticos”, una red invisible de hebras a través de la cual se da un permanente intercambio de información entre individuos de la misma especie. Por otro lado, al leer los sucesivos “descubrimientos” o mejor dicho recordatorios, que Backster develaba, es difícil no remitirnos a las entidades metafísicas que, de acuerdo con el gran Paracelso, habitan en los distintos planos naturales, los elementales.  

Tras haber sido un profesionista, exitoso, internacionalmente reconocido como examinador de mentiras, luego de volcarse al estudio de las facultades extrasensoriales en las plantas, Backster fue descalificado en innumerables ocasiones (como suele suceder con cualquier investigación que amenaza las fronteras tradicionales de la ciencia). Su carrera con las plantas, o mejor dicho su credibilidad, tuvo múltiples altibajos. Hubo ocasiones en que logró demostraciones exitosas de sus teorías, en público, participando desde en programas de televisión hasta prestigiados recintos académicos, como la Universidad de Yale. Mientras que en otras ocasiones aparentemente fracasó ante la nula reacción de sus queridas plantas, lo cual fue crudamente aprovechado por sus críticos.

La mayoría de las culturas actualmente dominantes, o al menos un sector considerable dentro de ellas, parece haber descuidado, tristemente, su relación con un personaje que invariablemente catalizó, a lo largo de la historia, la relación del ser humano con la “realidad”: la naturaleza. Ello a pesar de que prácticamente todas las tradiciones místicas, las religiones, y en si los pilares del desarrollo de nuestra especie, postularon la resonancia con el entorno natural como la máxima premisa evolutiva.

Y tal vez por esta razón es que actualmente sufrimos una especie de amnesia ante las grandes lecciones de la naturaleza, aquellas que emulaban grandes personajes como Paracelso, Novalis, Goethe, o los antiguos alquimistas. Y si recordamos que nuestro concepto de magia emerge a partir de una interacción armónica con las leyes naturales, catalizada a través de una intensión proyectada con precisión, resulta fácil concebir la desbordante sabiduría frente a la cual nos hemos, culturalmente, auto-marginado.

Pero más allá de cuestionar o de entregarnos efusivamente a los experimentos del buen Backster, aclarando que en lo personal me parecen altamente estimulantes, y que inclusive tras conocerlos me es difícil interactuar con las plantas de la misma manera en que lo hacía antes, considero pertinente la siguiente invitación:

Dejemos pues que las plantas hablen, sacudamos los prejuicios, los tabúes y los temores, que empantanan nuestro diálogo con el entorno, purifiquemos nuestra receptividad frente a la sabia natura,  y tengamos presenta la enseñanza de Dogen Zenji, el impecable maestro Zen del siglo XIII: “Aquellos que trabajan con plantas y con árboles, si lo hacen con sinceridad, alcanzarán la iluminación”.

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune

* Si te interesó este tema te recomiendo que leas “The Secret language of Plants” 

Fuente Pijamasurf

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