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It from bit: Un nuevo paradigma emerge de la intersección de la física, la biología y la informática: la información como fundamento primordial del universo que percibimos –la materia y la energía como su representación o desdoblamiento.

Generalmente el paradigma de conocimiento bajo el cual nos movemos nos enseña que el universo en su constitución más básica está hecho de minúsculas partículas subatómicas; estas partículas son equivalentes a discretos paquetes de energía que se transmiten constantemente en el vacío –quantums. Este paradigma gnoseológico nos hace creer que la realidad fundamental del universo es la materia o la energía –según la teoría de la relatividad la masa es una propiedad de la energía. En círculos con una tendencia espiritual, particularmente el New Age, se considera que “todo es energía”, incluso se habla de una versión teológica moderna en la que la divinidad es igual a la energía.

Decir que la energía es un aspecto primordial del universo no resulta precisamente equivocado. La energía ciertamente es como la sangre del universo; y, como si fueramos vampiros, los organismos de este universo –hombres, estrellas o átomos– nos alimentamos de esta energía, la cual nos permite realizar tareas. En este sentido la energía si podría concebirse como aquel icor del Olimpo griego, la sangre de los dioses. La energía, también, es lo que posibilitó la expansión del universo, aquel primordial orgasmo que llamamos Big Bang, es ciertamente una bomba energética. Sin embargo, en tiempos recientes ha surgido, en lo que podemos llamar la fusión de la física con la teoría informática y la genética, un nuevo entendimiento de lo que es el substrato fundamental del universo: la información.

En su libro The Information: A History, A Theory, A Flood, James Gleick traza con una enorme claridad la evolución de la teoría informática, desde el Logos bíblico hasta el q-bit y el meme. La información tiene una realidad física, es justamente aquello que in-forma y por lo tanto genera el mundo material que experimentamos, “la escritura, la pintura, la música, el dinero” son información. Entrevistado por el patriarca de la revista Wired, Kevin Kelly, Gleick nos remite al padre de la teoría informática, Claude Shannon:

Shannon dijo que la noción de información no tiene que ver con el significado. Una cadena de bits tiene una cantidad, ya sea que represente algo que es verdad, o algo que es completamente falso, o algo que simplemente no tiene sentido. Si eras un científico o un ingeniero esta idea fue muy liberadora; te permitía tratar a la información como una cosa manipulable.

Sólo con las metáforas que surgen de la biología molecular y de la computación –de la programación informática– empezamos a comprender esta antonomasia ontológica de la información. Por ejemplo, las imágenes que vemos en una pantalla de computadora en realidad no son más que la representación de una serie de bits, de un código. De igual manera nuestros cuerpos y nuestras funciones biológicas no son más que la representación y la ejecución de una serie de bits (letras de genoma), de un código que literalmente nos forma desde dentro.

La información es crucial para nuestra sustancia biológica –nuestro código genético es información. Pero antes de 1950, no era tan obvio que la herencia tenía que ver con el código. Solo fue después de la invención del telégrafo que entendimos que nuestros nervios transmiten mensajes, como los cables. Cuando vemos atrás en la historia, nos damos cuenta que muchas diferentes historias acaban siendo historias sobre la información.

Los genes son una especie de red nodal, de Internet molecular (según el Premio Nobel Luc Montaigner el ADN podría incluso  podría transmitir información a distancia vía un entrelazamiento cuántico). “La vida se esparce a través de redes. El cuerpo es un procesador de información. La memoria reside no sólo en el cerebro sino en toda célula… 6 mil millones de bits para formar un cuerpo humano” dice Gleick. El famoso biólogo Richard Dawkins añade:

Lo que yace en el corazón de cada ser vivo no es el fuego, ni el calor del aliento, o la “flama de la vida”. Es información, palabras, instrucciones… Si quieres entender la vida, no pienses en vibrantes y pulsantes membranas y gels, piensa en tecnología informática.

En la época industrial surgió la metáfora del universo como una gran máquina; en esa época, la física newtoniana veía al universo como un reloj, una manifestación mecánica (en el caso de Newton, un emblema mecánico de la perfección de Dios). Esta metáfora de una gran máquina era usada puesto que la tecnología del momento mostraba que las máquinas eran efectivos aparatos para realizar una tarea, es decir, para conducir energía. Apropiadamente con un avance tecnológico en el que las máquinas son utilizadas sobre todo para procesar información: la métafora del universo cambia a la de una gran computadora.

La física moderna, que se enfrenta a la naturaleza esquiva de la materia subatómica, también formula una concepción informática de la realidad. El físico John Archibald Wheeler, quien acuñara el término “agujero negro” para aquello de lo cual no escapa la información, cifró este núcleo informático de la naturaleza con su famoso axioma: “It from Bit”, para decir que del bit, de la unidad fundamental de información, se desdobla el ser. Gleick lo cita en su libro The Information:

La información genera “todo ser –toda partícula, todo campo de fuerza, incluso el continuo de tiempo-espacio”. Esta es otra forma de sondear la paradoja del observador: el resultado de un experimento es afectado, incluso determinado, cunado éste es observado. No sólo el observador está observando, está haciendo preguntas y enunciados que a fin de cuentas deben expresarse como bits discretos. “Lo que llamamos realidad”, escribió timidamente Wheeller, “surge en el último análisis de posar preguntas de sí o no”. Añadió: “Todas las cosas físicas son teórico-informáticas en origen, y este es un universio participativo”. Todo el universo es visto entonces como una computadora –una máquina cósmica procesadora de información… Cuando los fotones y los electrones y otras partículas interactúan, ¿qué es lo que en realidad están haciendo? Intercambiando bits, transmitiendo estados cuánticos, procesando información. Las leyes de la física son algoritmos. Cada estrella incandescente, cada nebulosa silenciosa, cada partícula dejando una huella espectral en una cámara de nubes es un procesador de información. El universo computa su propio destino.

Mucha información para procesar en el párrafo anterior, que también se lee como un decálogo gnóstico. Por otros senderos, John Lilly, el científico, para algunos desquiciado, que experimentó en cámaras de aislamiento con LSD y ketamina, llegó a la conclusión de que el universo era una computadora cósmica y el cerebro humano una biocomputadora que podía y debía de ser reprogramada. ”Me convierto en uno de los programadores de la computadora cósmica, como un dios unido con los dioses bajo Dios”, escribió Lilly en un momento de ciber-samadhi en El Centro del Ciclón. 

También el físico David Bohm, uno de los principales proponentes del paradigma holográfico de la realidad, en el que se concibe al universo como un holograma donde cada parte contiene la totalidad de la información de todo el sistema (en un bit están todos los bits, en un átomo: las estrellas), formuló una visión de la física desde la informática. Bohm consideró que la realidad que experimentamos se desdobla de una realidad implicada inconmensurable.

La luz es lo que envuelve al universo. Por ejemplo, si estás observando esta habitación, toda la habitación está envuelta en luz que entra a tu pupila y se desenvuelve en la imagen en tu cerebro. La luz en su sentido generalizado (y no solo la luz ordinaria) es el medio por el cual el universo entero se envuelve en sí mismo.

Bohm concibe a la luz como “contenido informático, forma y estructura. Es el potencial de todo”. Recordemos que la luz justamente es aquello que no tiene masa, y que no tiene antipartícula: el fotón parece escapar del mundo de la dualidad. Y nuestro mismo ADN transmite biofotones para comunicarse entre sí.

El científico y pianista Ervin Lazlo ahonda:

En la última concepción de la física el universo no está constituido de materia y espacio, está constituido de energía e información. La energía existe en forma de patrones de onda y propagaciones de onda en el vació cuántico que forma el espacio; en sus varias manifestaciones, la energía es el hardware del universo; el software es la información. El universo no es un un ensamble de bits de materia inerte moviéndose pasivamente en el espacio vacío: es un todo coherente y dinámico. La energía que constituye el hardware está siempre totalmente in-formada. Esta in-formado por lo que David Bohm llamaba el orden implicado y los físicos ahora llaman el vacío cuántico o campo de punto-cero (también llamado espacio-tiempo físico, campo universal o nuéter). Esta es la in-formación que estructura el mundo físico, la información que percibimos como las leyes de la naturaleza

Lo que nos parece una moderna concepción de la información como realidad primordial del universo en realidad es un retorno al platonismo, al mundo de las ideas, a la dimensión arquetipica que in-forma nuestra existencia. El físico Werner Heisenberg, quien manifestara su cercanía a la filosofía de Platón, dijo “los átomos no son cosas, son solo tendencias, así que en vez de  pensar en cosas, debes de pensar en posibilidades. Todos son posibilidades de conciencia”. Aquí nos acercamos a una idea fascinante: la materia como una especie de frase o proposición enunciada por la conciencia. Los cuerpo como arreglos momentáneos de la codificación de la información inherente.

En el sistema que se esboza superficialmente aquí la información ocupa el lugar del espíritu. Dice Erik Davis parafraseando el génesis de San Juan: “In the beginning was the Info, and the Info was with God, and the Info was God.” [En el principio fue la Info, y la Info estaba con Dios, y la Info era Dios”]. De la misma forma que la materia busca transformarse en espíritu puro, la información busca convertirse en conciencia. Nos dice James Gleick: “A la larga, la historia es la narrativa de la información volviéndose consciente de sí misma”.  Al parecer nosotros somos los vehículos de este proceso en avanzada.

Twitter del autor: @alepholo

La incertidumbre del universo cuántico

Según explica el físico de la universidad de Oxford, Vlatko Vedral, a Eduardo Punset, el Universo mismo no estaría compuesto de materia ni de energía sino de información.

La escala más pequeña del universo –la que se rige por las leyes de la física cuántica– parece un desafío al sentido común. Los objetos subatómicos pueden estar en más de un sitio a la vez, dos partículas en extremos opuestos de una galaxia pueden compartir información instantáneamente, y el mero hecho de observar un fenómeno cuántico puede modificarlo radicalmente. Pero lo más extraño de todo –según le explica el físico de la Universidad de Oxford, Vlatko Vedral, a Eduard Punset en este capítulo de Redes– es que el universo mismo no estaría compuesto de materia ni de energía sino de información

Fuente: Pijamasurf

http://pijamasurf.com/2012/09/por-que-la-realidad-fundamental-del-universo-no-es-la-materia-o-la-energia-sino-la-informacion/

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¿Dibuja la divinidad espejos para nosotros? Dulces campos de policromía tranceleste.

 

En los últimos años el ser humano ha logrado auscultar los confines del espacio sideral a través de la extensión tecnológica: el Hubble y otros telescopios de alguna forma han alterado nuestra conciencia, revelando los paisajes astrales que el ser humano sólo había podido entrever durante sueños o visiones místicas.Profusos campos policromáticos, velos de luz diamantina, fuegos arrebolados, figuras que se dibujan vagamente con la ayuda de la pareidolia o a través de espejo esmeralda de Hermes: “como arriba, es abajo”.

Numerosas culturas, entre ellas algunas de las más brillantes –como la maya, la griega y la india– han tejido historias fundacionales, arquetipos y mitologías en las que los dioses — y los hombres que de alguna manera alcanzan la divinidad, roban el fuego — se imprimen en el cosmos, se convierten en las estrellas, constelaciones y galaxias: como si eleveran su espíritu a la luz. Quedan tatuados en formas astrales, eternamente representando una historia arquetípica: persiguiendo a una mujer, cazando un antílope o tomando la figura de su animal tutelar. Estos signos que antes alcanzabamos a ver solamente con el ojo desnudo, ahora se ven aumentados por la profundidad de campo que nos muestra las matrices de las estrellas, los surtidores, los cuales también parecen hablarnos con el color, la forma y la luz: un lenguaje arcano que intuimos escribe en el cielo nuestro nombre, nuestro código, nuestra esencia: todo se repite con sutiles variaciones, todo es uno, el otro y el mismo.

Entre las imágenes que aquí recopilamos existen numerosas figuras antropomórficas, quizás proyecciones que hace el hombre en su búsqueda de sentido: el ojo de dios, la mariposa.  el corazón, el cangrejo y hasta el balón de futbol compuestos de polvo y gas incandescente. Sin embargo, alguien podría pensar, siguiendo la línea de pensamiento que hizo a Milton decir “El Dios que colgó la estrellas como lámparas en el cielo”, que estas figuras nebulares no son meras casualidades, son manifestaciones de la conciencia universal y como tales, mantienen una armonía y un orden: nos comunican y lo que dicen son nosotros.  El espacio como lienzo en el cual brota, surgiendo del mar, el espíritu. 

Sean el resultado de la evolución que avanza ciegamente o de la mente que en su ardor se materializa, las nebulosas cumplen una función psicodélica, una función artística que nos permite vernos reflejados en el cielo y sentirnos parte de el misterio

“Nebulosa del Corazón”: Anahata chakra en el cosmos.

“Nebulosa del Águila”, también conocida como “Los Pilares de la Creación”, nominado anteriormente como el cuerpo más hermoso del universo. El pilar más famoso se conoce como “la Hada”, una especie de ángel gaseoso que se eleva con altivez ingualable.

“Nebulosa del Cangrejo”, eléctrico crustáceo emitiendo rayos de alta energía en la profundidad del espacio.

“La Nebulosa de Gabriela Mistral”, otra nebulosa que evoca una pareidolia, en este caso el rostro de la poetisa chilena Gabriela Mistral: el misterio y el madrigal de luz.

“La Nebulosa del Ojo de Gato”, la pupila felina de luz diamantina, también evoca la danza de los átmos en su emisión vorticial de energía nuclear.

La nebulosa NGC 6751:  otro ojo cósmico con un collar de joyas fibrilares.

“La Nebulosa de la Hélice”, también conocida como el “Ojo de Dios”, una majestuosa mirada azul por donde la divinidad nos espía.

“La Nebulosa del Balón de Futbol”: el partido cósmico entre los dioses y los hombres.

“La Nebulosa del Cono”, la silueta grácil de un ser cósmico –entre puma y ángel– cuyo tercer ojo  resplandece en el centro de una gládnula pineal de helio.

“Nebulosa de Cassiopea”

“Nebulosa del Casco de Thor”, otra pareidolia o un espejo de arquetipos: las historias de los dioses están garabadas en las estrellas.

“La Nebulosa de la Mariposa”, evoca los trazos de Miguel Angel en su representación de la conexión entre Dios y el hombre.

Nebulosa NGC 4038

“La Nebulosa de Orión”,  una de las más hermosas de nuestro universo cercano, el ombligo de la creación según la cultura ma-ya.

Inside the Nebulae from Peder Norrby on Vimeo.

Fuente Pijamasurf

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Las plantas acceden a un increíble espectro de biocomunicación que incluye diversos procesos psíquicos como telepatía, inferencia informativa a distancia y empatía a nivel celular por otros seres vivos.

 la telepatía entre plantas parece haber sido comprobada

 

“Guardamos una mayor conexión con lo invisible que con lo visible”

Novalis

Todos hemos escuchado hablar de, o incluso hemos podido constatar, la sensibilidad de las plantas: su respuesta, favorable o desfavorable, a estímulos como la música o el color, el hecho de que al hablarles bonito crecerán más rápido y más sanas, o que si las expones a situaciones estresantes ello repercutirá negativamente en su desarrollo. Sin embargo, y a pesar de que existen estudios fundamentados al respecto desde hace medio siglo, no muchas personas están familiarizadas con la percepción extrasensorial que manifiestan estos seres.

Comenzaba la segunda mitad de la década de los sesentas. Muchos se encontraban inmersos en un acelerado desdoblamiento de conciencia (mediado por innumerables dosis de LSD y coloridos estampados), otros se encontraban compitiendo por llegar a la luna, y uno de ellos, Estados Unidos, había iniciado una invasión contra Vietnam, a pesar de no haberse aún sacudido el asesinato de John F Kennedy.  Malcolm X moría asesinado, y los Beatles estaban por lanzar su legendario Sgt Peppers.

Pero allá en 1966 no todo era psicodelia y guerras, también estaba por ocurrir algo increíble en una oscura oficina situada en la 5ta avenida de Nueva York. Este era el espacio de trabajo de Cleve Backster, el más prestigiado examinador de detección de mentiras de todo el país. Una noche como cualquier otra, de pronto, impulsivamente, algo le llevó a colocar los electrodos de su polígrafo a una planta, una Dracaena massangeana. Y lo que sucedería a continuación, provocaría en él una revolución personal: notó que al verter agua sobre la planta, el galvanómetro obtenía una reacción similar a la de una persona experimentando emociones. Backster sabía que el más intenso estímulo para generar una reacción emocional en una persona es la noción de sentirse amenazada, así que pensó en exponer la hoja conectada a los electrodos, y ahora, con mayor sorpresa, constató que la planta había reaccionado bruscamente ante la sola idea de ser quemada. Tras un par de pruebas más, intentó visualizar nuevamente la flama quemando la hoja, pero ahora no hubo reacción alguna, como si la planta pudiese diferenciar entre una intención real y una fingida.

A partir de esa noche la carrera de Backster experimentaría un giro radical, ya que dedicaría la mayor parte de su tiempo a profundizar en sus investigaciones sobre biocomunicación y, eventualmente, abandonaría las labores que realizaba para agencias gubernamentales, entre ellas la CIA. Y tras esta decisión participaría en decenas de experimentos, parte de ellos publicados en el International Journal of Parapsychology: “Evidence of a Primary Perception in Plant Life,” (vol. 10, no. 4, Winter 1968, pp. 329-348), que terminarían por arrojar resultados aún más sorprendentes los cuales sugieren diversas habilidades extrasensoriales en las plantas:

Vínculos telepáticos

En una ocasión, Backster se percató de que las plantas establecían un lazo especialmente fuerte con las personas que cuidaban de ella, y que este vínculo no dependía del espacio físico que les separaba. Cuando se encontraba fuera de su oficina y le ocurrían eventos excitantes, fuesen positivos o negativos, sus plantas registraban los cambios bruscos en su estado de ánimo o sus ritmos biológicos. Incluso en alguna ocasión, estando en otra ciudad, Backster tropezó en la calle, lastimándose. Al llegar a su hotel llamó a uno de sus asistentes para corroborar si a la hora de su accidente se había registrado alguna reacción en las plantas, y la respuesta fue positiva, justo a la hora en que el cayó, las plantas manifestaron un notable estrés.  

Empatía celular

En otro experimento que realizó, ya instalado en la fase en donde monitoreaba a sus plantas las 24 horas del día, Backster notó que al momento de haberse hecho una herida en el dedo, con un cuchillo, la planta había registrado el percance. Lo mismo sucedió cuando una araña que se encontraba en el mismo cuarto fue amenazada por una de las muchas personas que visitaban el laboratorio o, de manera más drástica, cuando frente a una planta alguien arrojó unos cangrejos vivos a un recipiente con agua hirviendo. Con el tiempo, Backster detectaría un patrón en el que la planta reaccionaba cada vez que atestiguaba la muerte de tejido vivo, lo cual lo llevo a teorizar sobre una especie de empatía telepática, a nivel celular, que manifiestan las plantas.

Para explorar esta hipótesis, encontró una manera de adherir electrodos a diversas infusiones celulares, tales como amibas, sangre, y esperma. Tras los experimentos se encontró con que estas infusiones también reaccionaban, por ejemplo el esperma manifestaba una reacción cuando su donante se colocaba junto al tubo que lo contenía. Esta comunicación “parece que no para en el plano celular. Puede que atraviese al molecular, el atómico o incluso el subatómico. Todas aquellas cosas que han sido consideradas, convencionalmente, como inanimadas, podrían tener que ser revaluadas” afirmó el investigador, que eventualmente llamaría a este fenómeno “percepción primaria”.  

Desciframiento emocional de información:

Otra de las pruebas consistió en adherir los electrodos a una planta y colocar a un colega junto a ella. A continuación le pregunto su año de nacimiento, y Backster enumeró diez fechas distintas, instruyendo a su colega que respondiera, invariablemente, con un No, aunque una de ellas fuese la correcta.  Luego, al observar el galvanómetro, Backster supo cuando su interlocutor había mentido pues la planta se lo había indicado, reaccionando justo en el instante en que una de las respuestas careció de verdad.

Los anteriores son solo algunas de las líneas de investigación que Backster desarrolló. Por cierto, el trabajo de este estadounidense nos remite a la loable labor que el bioquímico y filósofo de Cambridge, Rupert Sheldrake, ha venido realizando en las últimas tres décadas, y la cual ha derivado en la teoría de los “campos morfogenéticos”, una red invisible de hebras a través de la cual se da un permanente intercambio de información entre individuos de la misma especie. Por otro lado, al leer los sucesivos “descubrimientos” o mejor dicho recordatorios, que Backster develaba, es difícil no remitirnos a las entidades metafísicas que, de acuerdo con el gran Paracelso, habitan en los distintos planos naturales, los elementales.  

Tras haber sido un profesionista, exitoso, internacionalmente reconocido como examinador de mentiras, luego de volcarse al estudio de las facultades extrasensoriales en las plantas, Backster fue descalificado en innumerables ocasiones (como suele suceder con cualquier investigación que amenaza las fronteras tradicionales de la ciencia). Su carrera con las plantas, o mejor dicho su credibilidad, tuvo múltiples altibajos. Hubo ocasiones en que logró demostraciones exitosas de sus teorías, en público, participando desde en programas de televisión hasta prestigiados recintos académicos, como la Universidad de Yale. Mientras que en otras ocasiones aparentemente fracasó ante la nula reacción de sus queridas plantas, lo cual fue crudamente aprovechado por sus críticos.

La mayoría de las culturas actualmente dominantes, o al menos un sector considerable dentro de ellas, parece haber descuidado, tristemente, su relación con un personaje que invariablemente catalizó, a lo largo de la historia, la relación del ser humano con la “realidad”: la naturaleza. Ello a pesar de que prácticamente todas las tradiciones místicas, las religiones, y en si los pilares del desarrollo de nuestra especie, postularon la resonancia con el entorno natural como la máxima premisa evolutiva.

Y tal vez por esta razón es que actualmente sufrimos una especie de amnesia ante las grandes lecciones de la naturaleza, aquellas que emulaban grandes personajes como Paracelso, Novalis, Goethe, o los antiguos alquimistas. Y si recordamos que nuestro concepto de magia emerge a partir de una interacción armónica con las leyes naturales, catalizada a través de una intensión proyectada con precisión, resulta fácil concebir la desbordante sabiduría frente a la cual nos hemos, culturalmente, auto-marginado.

Pero más allá de cuestionar o de entregarnos efusivamente a los experimentos del buen Backster, aclarando que en lo personal me parecen altamente estimulantes, y que inclusive tras conocerlos me es difícil interactuar con las plantas de la misma manera en que lo hacía antes, considero pertinente la siguiente invitación:

Dejemos pues que las plantas hablen, sacudamos los prejuicios, los tabúes y los temores, que empantanan nuestro diálogo con el entorno, purifiquemos nuestra receptividad frente a la sabia natura,  y tengamos presenta la enseñanza de Dogen Zenji, el impecable maestro Zen del siglo XIII: “Aquellos que trabajan con plantas y con árboles, si lo hacen con sinceridad, alcanzarán la iluminación”.

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune

* Si te interesó este tema te recomiendo que leas “The Secret language of Plants” 

Fuente Pijamasurf

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Siendo luz: el tiempo desde la perspectiva de un fotón

Para un fotón el tiempo no existe: un viaje a través del universo se realiza en un sólo instante. Quizás no sea desatinado decir que la eternidad existe y es la luz.

 

HAIL holy light, offspring of Heav’n first-born,

Or of th’ Eternal Coeternal beam

May I express thee unblam’d? since God is light,

And never but in unapproachèd light

Dwelt from Eternitie, dwelt then in thee, 

Bright effluence of bright essence increate.

John Milton, Paradise Lost

 

La luz es el primer animal visible de lo invisible.

José Lezama Lima

 

La teoría de la relatividad de Einstein sostiene que el tiempo es un fenómeno interrelacionado con el movimiento y la posición de un sistema de referencia, es relativo. No existe el tiempo como un ente abstracto independiente, existe el espaciotiempo, un continuum integral que funge como la arena o el acuario donde ocurre el universo.

La relatividad del tiempo produce efectos paradójicos como el famoso caso teórico de los dos gemelos que viven en la Tierra. Uno de los hermanos viaja en una nave por el cosmos a una velocidad cercana a la de la luz y regresa a la Tierra. Cuando el gemelo astronauta se encuentra con su  gemelo descubre que su hermano ha envejecido más que él . Esto sucede porque una vez que algo se acerca a la velocidad de la luz el tiempo se vuelve más lento. Y a la velocidad de la luz el tiempo simplemente deja de correr.

Desde la perspectiva de un fotón, es emitido y reabsorbido en el mismo instante. Esto es igual para un fotón emitido en el núcleo del Sol,  que puede ser reabsorbido al cruzar apenas un milímetro de distancia, o para un fotón que ha viajado 13 mil millones de años, desde la superficie de una de las primeras estrellas del universo, y entra en contacto con un cuerpo. Pero como el tiempo y el espacio son  dos aspectos de lo mismo, para un fotón tampoco existe la distancia, por lo cual sigue estando en esa primera estrella o sigue estando en el Sol a la vez que entra a tus ojos (y entonces tus ojos están en el Sol). Un único e inmenso instante inseparable es todo el universo para la luz.

Platón definió el tiempo como la “imagen en movimiento de la eternidad”; el universo como una película arquetípica que se proyecta a través de la luz. Y si alguien pudiera ser solo luz o la luz fuera consciente de sí misma, entonces percibiría todas las cosas sucediendo al mismo tiempo, desde todos los ángulos, vería toda la película en un fotograma.

Pero curiosa o místicamente resulta que nosotros estamos hechos de luz —o quizás sería más apropiado decir que la luz es la que nos hace  a nosotros. En 1920 el embriólogo ruso Alexander Gurwitsch descubrió que los seres vivos emiten fotones “ultra-débiles” dentro del espectro ultravioleta. Gurwitsch los llamó “rayos mitogénicos”, ya que creía que estos fotones tenían un papel importante en la división celular del campo morfogenético, es decir, en el desarrollo de la estructura morfológica de un ser vivo.

En la década de los 70 el profesor Fritz Albert Popp descubrió que esta emisión de luz, a la que llamó biofotones, se presentaba en un rango de entre 200 y 800 nm y que exhibía un patrón periódico y coherente. Popp teorizó que los biofotones son producidos por el ADN en el núcleo de las células. Esto fue demostrado en los años ochenta, como relata el Dr. Jeremy Narby en su libro The Cosmic Serpent:

«Como el axis mundi de las tradiciones chamánicas, el ADN tiene una forma de escalera torcida (o una viña); de acuerdo a mi hipótesis, el ADN era, como el axis mundi, la fuente del conocimiento y las visiones chamánicas. Para estar seguro tenía que entender cómo el ADN podía transmitir información visual. Sabía que emitía fotones, que son ondas electromagnéticas, y me acordé de lo que Carlos Perez Shuma me había dicho cuando comparó a los espíritus con ‘ondas de radio’. Una vez que prendes la radio, las puedes sintonizar. Es lo mismo con los espíritus; con la ayahuasca los puedes ver y escuchar. Así que investigue la literatura sobre fotones de origen biológico […]».

Narby, que en el libro citado fórmula la hipótesis de que el ADN es la serpiente que aparece con frecuencia en los mitos de creación de diferentes culturas, cree que el ADN contiene  un tipo de láser holográfico:

«De acuerdo a los investigadores que los midieron[…] [los biofotones] tienen un alto nivel de coherencia, comparables con campos técnicos (láser). 

»Llegué a entender que en una fuente coherente de luz, la cantidad de fotones emitidos puede variar, pero el intervalo permanece constante. El ADN emite fotones con tal regularidad que los investigadores comparan el fenómeno con un ‘láser ultra-débil’.

»Le pregunte a mi amigo experto, quien me explicó: ‘Una fuente coherente de luz, como un láser, da la sensación de colores brillantes, una luminiscencia, y una impresión de profundidad holográfica’».

Narby considera que las alucinaciones y visiones de sanación que experimentan los chamanes son provocadas por la emisión coherente de biofotones del ADN que ocurre cuando las plantas que contienen DMT  activan ciertos receptores en cerebro.«Esta es la fuente del conocimiento: el ADN, viviendo en el agua y emitiendo fotones, como un dragón acuático escupiendo fuego».

Esta transmisión de biofotones que en el caso anterior parece ser responsable de transmitir imágenes —a través de los cuales los chamanes obtienen conocimientos o son usadas para sanar— posiblemente también sea el sistema por el cual se comunican las células  y se difunde la información contenida en el ADN a través de todo un organismo.

En 1974  el Dr. V.P. Kaznacheyev anunció que había detectado comunicación intracelular a través de estos fotones biológicos. Fritz Albert Popp desarrolló una máquina para medir las emisiones de biofotones y  descubrió que los pacientes que tenían cáncer habían perdido sus ritmos naturales y su coherencia. En cierta forma sus líneas de comunicación se habían obstruido.

Recientemente el premio Nobel de medicina Luc Montagnier encontró “una nueva propiedad de ADN M. pirum: la emisión de ondas de baja frecuencia en algunas diluciones de agua  que  se extendió rápidamente a otro ADN bacterial y viral”. Montagnier y su equipo sugieren que el ADN emite señales electromagnéticas que imprimen la estructura del ADN en otras moléculas. En cierta forma esto significa que el ADN se puede autoproyectar de una célula a otra, donde se realizan copias, en una especie de transmisión cuántica de material genético. Otros estudios también sugieren que el ADN exhibe un tipo de comunicación telepática que permite coordinar al instante los programas genéticos.

Aquí es donde el asunto se pone interesante. Como sabemos los fotones son partículas que forman entrelazamientos cuánticos, son sistemas que no obstante la distancia a la que se encuentren reaccionan instantáneamente de manera conjunta. De tal forma que, por increíble que parezca, una medición realizada a un fotón en Orión tendría un efecto inmediato en un fotón en la Tierra si estos se encontraran en un estado de entrelazamiento cuántico. Esto en teoría acaba con el concepto de individualidad en lo que respecta a las partículas subatómicas, ya que se encuentran inseparablemente ligadas (y si consideramos que  todas las cosas están hechas de estas mismas partículas prácticamente se aniquila la noción de individuos separados). Hablando de la luz es atinado decir que una sola luz es todas las luces —todos los fuegos, el fuego— y que estamos interpenetrados de eternidad.

Resulta efectivo y elegante entonces que el ADN utilice a los fotones como sistema de comunicación (la luz como Logos), precisamente porque esta es la única forma de estar totalmente sincronizado, de otra forma, aunque minúsculo, habría un retardo en la transmisión de información, lo cual podría significar una falta de coordinación operativa en el desarrollo de un programa de vida.

Tal vez no sea casualidad que el descubridor de los biofotones, Alexander Gurwitsch, creyera que estas emisiones de luz estaban ligadas al desarrollo de estructuras morfológicas u órganos al detonar una serie de señales bioquímicas que sirven como comandos de bioprogramación. Esta teoría de los campos morfogenéticos de Gurwitsch fue reformulada por el biólogo Rupert Sheldrake en su teoría de la causación formativa. Sheldrake considera que existen campos mórficoses decir, campos que dan forma, campos de in-formación— que organizan y dan estructura a una especie. Estos campos operan a través de una resonancia, que se transmite como una onda por toda una especie biológica.  El ADN funciona así como una antena que emite y  recibe información a distancia y quizás este sistema de comunicación solo sea posible a través de un sistema de entrelazamiento cuántico, vía la luz. 

Existe otro sistema de comunicación cuántica similar: el cerebro humano. En su teoría del principio holonómico el neurofísico Karl Pribram sugiere que la memoria no está almacenada en las neuronas sino en todo el cerebro, en los patrones de interferencia de ondas electromagnéticas, de manera holográfica. Si la conciencia es un fenómeno cuántico, como creen  Roger Penrose y Stuart Hameroff, es posible que esta esté sustentada en los patrones de intercomunicación fotónica: sea un diálogo entre la luz.

“Bajo condiciones normales la conciencia ocurre en el nivel fundamental de la geometría del espacio-tiempo confinado al cerebro. Pero cuando el metabolismo que conduce la coherencia cuántica (en microtúbulos) se pierde, la información cuántica se filtra hacia la geometría del espacio-tiempo en el universo como totalidad. Siendo holográfica y entrelazada, no se disipa. De ahí que la conciencia (o la subconciencia, como la de un sueño) pueda persistir”, dice Hameroff.

Si la conciencia es también un sistema de entrelazamiento cuántico es posible que su andamiaje, su cableo (aunque inalámbrico) sea la luz (el cable del espíritu). Recordemos que la luz y la información, como la materia y la energía, son convertibles. En cierta forma la luz es el respaldo de la memoria del universo  ya que en ella el pasado, el presente y el futuro están ocurriendo en este  único momento y por lo tanto son accesibles a través de ella. La creación y la destrucción, el Big Bang y el Apocalipsis Universal son, al menos para el fotón, aquí y ahora, lo mismo

Algunas doctrinas dentro de la filosofía oriental consideran que el universo es la manifestación (sueño o explosión) de un único ser para experimentarse de todas las formas concebibles. Escribe Sri Aurobindo:

«Preguntas cuál es el principio de todo esto:

Y es esto…

La existencia que se multiplicó por sí misma

Por el puro deleite de ser

Y se proyectó en trillones de seres

Para que pudiera encontrarse a sí misma

Innumerablemente».

¿Cómo podría mantener su unidad esta existencia que se multiplicó, cómo podría ser uno y muchos a la vez si no es a través de las propiedades cuánticas de la luz?  Aunque no podamos probar científicamente que la luz es lo que organiza la conciencia en el universo —¿la red sináptica de la mente de Dios?— , que el fotón tiene una “perspectiva” o que es un pequeño ojo a través del cual la divinidad se mira a sí misma, al menos la intuición sugiere que es la luz la que comunica y preserva la unidad de todas las cosas.  Y quizás la trascendencia espiritual descrita como “la iluminación” por distintas culturas sea un fenómeno donde literalmente la luz obtiene conciencia de sí misma y percibe su eternidad. 

Fuente:  Pijamasurf

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EL ÚLTIMO VIAJE. (DOCUMENTAL) La ciencia se reafirma la Muerte no existe.

El ultimo viaje es un documental en el que viajaremos al más allá de la mano de expertos como Brian Weiss, Neale Donald Walsch, Gregg Braden o Alberto Villoldo, entre otros. Ellos nos plantean una nueva visión sobre la relación entre la vida y la muerte basada en nuestra naturaleza infinita. Al estudiar la muerte aprendemos a no temerla ya que si permitimos que afloren emociones como el miedo o la ansiedad, nos mantendremos irremediablemente atados al tiempo. Nuestras vidas están conectadas con la inteligencia infinita del universo y es necesario tener una práctica espiritual de lo eterno, porque solo lo infinito nos lleva hasta el ahora, hasta este momento.

”LA MUERTE NO ES TRISTE, LO TRISTE ES QUE EL SER HUMANO NO SEPA VIVIR”

No hay que temer a la muerte.
“Si no crees que hay vida tras la muerte, te llevarás una sorpresa. Es más magnífico y bello de lo que podríamos soñar jamás”
“A alguien que se estuviera muriendo le diría: “vas a pasar por un proceso maravilloso de reidentificación”
“Debemos recordar quiénes somos (…) Somos seres espirituales poderosos. Tenemos dignidad y tenemos un objetivo”
“La muerte se convierte en un viaje a la Tierra Natal donde todo empieza en vez de ser el fin“
¿Por qué ese miedo interior a Morir y a la Muerte?
Como es una palabra que nos da miedo, empleamos un montón de sinónimos, con la pretensión de “suavizarla”, sino observen:
Expiración, Fallecimiento, Defunción, Óbito, Deceso, Desenlace final, Descanso eterno, Partida, transito, Último viaje……….
Pero se le llame como se le llame lo único cierto es que es incomprensible, que al ser la única certeza que tenemos cuando nacemos, es decir que vamos a morir, sea la muerta esa gran desconocida y como ya sabemos que el miedo es desconocimiento, ese es el motivo principal de nuestro miedo a la muerte y como no a morir.
Por eso debiéramos acercarnos a conocer la MUERTE y sus procesos para al menos cuando nos llegue el momento de estar con ella, podamos saber en todo momento que debemos hacer y cómo debemos comportarnos. El último viaje es un documental que nos muestra qué es la muerte, qué hay más allá y que ocurre cuando dejamos este mundo.
A través de testimonios de personas que han vivido una muerte clínica pero que pueden contarlo, de personas con experiencias “sobrenaturales” (o mejor dicho, fuera de las conceptos limitados del actual paradigma y concepción de la realidad) y de expertos como Brian Weiss, Neale Donald Walsch, Gregg Braden, Alberto Villoldo o Stanislav Grof, entre otros, aprendemos que morir no es el fin de nada sino el principio, la continuación de una aventura fascinante y el descubrimiento de quiénes somos realmente y de qué va esto.
El último viaje habla sobre los siguientes temas:
cómo es el proceso de desencarnación
• la secuencia de nuestra vida y cómo recordamos todos los momentos entendiendo la trascendencia de cada uno de ellos
las sensaciones de paz, amor y bienestar absolutos
• el encuentro con seres de luz
en qué consiste el otro lado
• el sentido de las encarnaciones
la existencia del concepto de reencarnaciones en todas las religiones, cristianismo incluido
• volver a la Tierra como a una escuela en la que aprender determinadas lecciones
la Inteligencia y Amor infinito en el universo
Es decir, además de hablar de la muerte, El último viaje explica el significado de la vida, y entendiendo todo este ciclo, puede desaparecer el temor y la ansiedad a ese momento.
El primer psiquiatra que se atrevió a hablar públicamente de un hecho tabú hasta la fecha fue Raymond Moody en los 70 y su documental Vida después de la vida marcó un punto de inflexión en el estudio científico del tema, y posteriormente la doctora Elisabeth Kübler-Ross consiguió cambiar los protocolos médicos de acompañamiento a enfermos terminales y su libros ayudaron a miles de personas a entender mejor el tránsito final.
En los noventa destacan los descubrimientos del cardiólogo Pim Van Lommel y muchos otros profesionales y científicos que investigan la supervivencia de la conciencia cuando el cerebro deja de funcionar.
El último viaje es el trabajo más moderno sobre estos temas, reúne a los expertos más relevantes en espiritualidad y nuevo paradigma, es muy ameno de ver y su contenido es esclarecedor, profundo y transformador.
Ojala que en estos tiempos de comienzos del siglo XXI seamos conscientes de la importancia de “SABER MORIR” y a nuestros mayores, cuando están en esa última etapa de la vida en la ancianidad, además de todos esos talleres que se les da para su ocio y entretenimiento.
Podamos darles también talleres donde se les enseñe que la muerte no es más que otra parte más de la vida y se les enseñe a entender los procesos por los que van a tener que pasar y a los pasos que van a tener que dar hasta llegar al mundo espiritual, que como todos ustedes saben es de dónde venimos es nuestra “CASA” y es donde volvemos.

http://vimeo.com/28123870

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