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Neutrinos insisten en Viajar más Rápido que la Luz. Vuelven a detectar neutrinos más veloces que la Luz. ( Experimento video)

Una segunda prueba mejorada ratifica lo que ya adelantó la Comisión Nacional francesa de Investigaciones Científicas

Vuelven a detectar neutrinos más veloces que la luz

 
 
 
Lo han vuelto a hacer. El mismo equipo que el pasado mes de septiembre revolucionó el mundo de la Física al detectar neutrinos más rápidos que la luz ha llevado a cabo un nuevo experimento, mejorado con respecto al primero, y ha vuelto a toparse con el mismo e increíble resultado. Si se comprueba definitivamente, el hallazgo derrumbaría de un solo golpe uno de los pilares sobre los que se basa la Física moderna, a saber, que ningún cuerpo con masa (por pequeña que ésta sea) puede moverse a más de 300.000 km por segundo, la velocidad de la luz. El trabajo acaba de aparecer en ArXiv y ha sido remitido a la revista Journal of High Energy Physics, aunque aún no ha sido aceptado para su publicación.

El nuevo experimento se llevó a cabo, igual que el primero, en el detector de neutrinos de Gran Sasso, en Italia, a partir de un haz de estas esquivas partículas enviadas desde el CERN, en Suiza, a 730 km de distancia. Sin embargo, se introdujeron sutiles cambios para evitar posibles errores en las mediciones. En palabras de Dario Autiero, uno de los autores principales de ambos experimentos (el de septiembre y el de ahora), “el resultado ha sido ligeramente mejor que el anterior”.

Igual que el pasado 22 de septiembre, el nuevo experimento midió el tiempo que las partículas tardaban en recorrer los 730 kilómetros que separan ambos laboratorios. Solo que en esta ocasión se enviaron “paquetes” de neutrinos menos duraderos, de apenas 3 nanosegundos cada uno (en lugar de los 10 nanosegundos del anterior experimento), y con un intervalo de 524 nanosegundos entre cada haz. La duración de los haces, en efecto, se consideraba una de las razones principales para un posible error en la medición de los resultados de septiembre.

Se ha medido la velocidad con precisión

Comparado con el primer experimento, esta vez ha sido posible medir la velocidad de los neutrinos con más precisión, aunque al precio de disponer de haces (o paquetes) de mucha menos intensidad. Los investigadores, en efecto, sólo pudieron medir veinte eventos de neutrinos, contra los más de 15.000 del pasado septiembre. Eso sí, en todos ellos se toparon con los mismos resultados: los neutrinos viajaron más rápido que la luz.

“El resultado positivo de la prueba – afirma Fernando Ferroni, presidente del Instituto Italiano de Física Nuclear (INFN), que opera el laboratorio de Gran Sasso- nos hace tener más confianza en nuestros datos, aunque la última palabra la tendrán mediciones análogas en otros experimentos”.

En efecto, y a pesar de que la nueva prueba evita uno de los errores posibles, aún quedan otros en discusión, como el que podría derivarse de la sincronización del tiempo en los laboratorios del CERN y Gran Sasso. Por eso, y aunque el nuevo experimento refuerza los increíbles resultados del primero, habrá que esperar a que otros laboratorios (en Estados Unidos y Japón) los repitan, aplicando además tecnologías que no dejen espacio para errores de procedimiento.

Una confirmación definitiva que puede tardar aún varios meses en llegar, ya que solo un puñado de instalaciones científicas en todo el mundo cuentan con detectores capaces de medir con suficiente precisión la velocidad de los neutrinos. Por un lado, otros dos experimentos del laboratorio de Gran Sasso (Borexino e Icaro) intentarán repetir los resultados de Opera el año que viene. Por otro, los detectores Minos, en Estados Unidos, y T2K, en Japón harán lo propio a partir del primer trimestre de 2012. No queda, pues, más remedio que esperar…

Fuentes:   eldahny                     

       

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La imagen monista y evolutiva de la realidad, desarrollada por la ciencia, exige una nueva hermenéutica religiosa

La imagen del hombre en la ciencia moderna, ¿permite hablar de la naturaleza espiritual del hombre? Una atención rigurosa a la imagen científica del ser humano permite distinguir la realidad del “alma” humana. Por otro lado, la doctrina cristiana sobre el hombre puede asumir íntegramente la idea natural del hombre, cuyo único horizonte es la muerte, y situar en la “llamada” sobrenatural de Dios la introducción del ser humano en una condición espiritual que lo relaciona con una dimensión metafísica. Por Javier Monserrat.

Hombre de Vitruvio, por Leonardo da Vinci. Fuente: Wikimedia Commons.

Hombre de Vitruvio, por Leonardo da Vinci. Fuente: Wikimedia Commons.
¿Cuál es la ontología moderna de la ciencia y cómo desde ella podemos hoy abordar una hermenéutica apropiada de las creencias, del kerigmacristiano? La hermenéutica antigua produce hoy problemas evidentes que dificultan una proclamación potente y eficaz del kerigma cristiano. Por la inviabilidad del paradigma antiguo, la lógica de la creencia cristiana debía conducir a la iglesia a comprometerse en la búsqueda de una nueva hermenéutica. Sin prejuzgar el resultado, debería dirigir el proceso abierto de discusión sobre el mundo moderno orientado a encontrar la forma hermenéutica correcta para proclamar el kerigma cristiano ante la sociedad actual. Sin duda que las aportaciones de filósofos y teólogos serían enriquecedoras para este proceso de reflexión. En este artículo, ciñéndonos a la idea del hombre, vamos a referirnos a los perfiles antropológicos de la nueva hermenéutica a que debería conducir la nueva imagen de la ontología del universo.En concreto pienso, sin creer obviamente que haya dicho la última palabra, cosa que sería una ingenuidad, que mi propuesta, ya argumentada en el blog Hacia el Nuevo Concilio, es una reflexión de altura sobre la imagen científico-filosófica y socio-política de la realidad en la modernidad y sobre la alternativa hermenéutica que desde ella se hace posible para entender con mayor profundidad y proclamar el kerigma cristiano. La verdad no conozco que existan otras propuestas que sean comparables a la mía en densidad argumentativa. Pero sería deseable que surgieran, de tal manera que ante una “proliferación de propuestas”, en el sentido epistemológico de Feyerabend, la iglesia cristiana misma pudiera dirigir el proceso reflexivo que, a mi juicio, debiera concluir en el nuevo concilio. Sin embargo, ¿qué es entonces la ontología moderna? ¿Cómo y por qué nos lleva a una nueva hermenéutica del kerigma cristiano?

La presente exposición en su conjunto es una respuesta argumentada a lo que debería ser la nueva hermenéutica moderna del cristianismo. Aquí, evidentemente, trato de insistir en un punto muy concreto que, por mi propia experiencia, tiene un valor crucial para muchos. Me refiero a la constitución humana. A la pregunta qué es el hombre; o sea, cuál es su ontología real dentro de la ontología del universo. En terminología más cristiana preguntaríamos qué es el hombre dentro del universo creado: cómo ha creado Dios al hombre, cómo lo ha hecho en el marco de la forma general en que ha creado el universo. El hecho es que la hermenéutica greco-romana llegó a imponer en la cultura cristiana una imagen dualista del hombre fundada en las filosofías antiguas de origen griego, interpretadas después por la escolástica. Pero el hecho es que el mundo moderno ofrece una imagen monista y evolutiva de la realidad, y también del hombre. ¿Qué es el hombre? Desde la imagen moderna del hombre, si aceptamos los resultados de la ciencia en la modernidad, ¿es posible entender el kerigma cristiano? Creemos que sí, y vamos a exponerlo.

El hombre en la ciencia y en la filosofía moderna: materia y vida

¿Qué debiera hacer la iglesia ante la imagen del hombre en la ciencia moderna? Sugeriríamos una respuesta: simplemente admitir sus resultados por la sencilla razón de que, en principio, la ciencia proporciona el conocimiento más fiable. En principio, el cristiano deberá pensar, por tanto, que el mundo real que ha sido creado por Dios es tal como la ciencia describe. En consecuencia, la reflexión filosófica sobre el hombre deberá asumir los resultados básicos de la ciencia. Pero esta admisión de la ciencia tiene, claro está, un límite para el creyente: el kerigma cristiano. Esto quiere decir que si la imagen científica del hombre no fuera compatible con el kerigma cristiano, entonces el creyente debería ponerla en duda. Es lo que pasó a lo largo de siglos cuando la ciencia ofrecía una imagen “reduccionista” (mecánica, determinista, robótica) del hombre, incompatible con una idea religiosa de las cosas. Esta es una de las causas de que la iglesia permaneciera en el paradigma antiguo: porque la modernidad, tanto en lo científico-filosófico como en lo socio-político, era difícilmente “asimilable” por la iglesia y sus creencias. La iglesia no aceptó ciertos planteamientos de la modernidad “naciente” y la historia posterior ha mostrado que, en efecto, fue un acierto. La modernidad no había llegado todavía a un estadio de madurez apropiado para poder establecer un diálogo fecundo con el cristianismo. Sin embargo, hoy en día está configurándose una nueva imagen científica del universo, de la vida, del hombre, de la sociedad y de la historia, que ya no responden al puro reduccionismo antiguo. ¿Cuál es esta nueva imagen científico-filosófica del hombre? Tracemos, en síntesis, sus perfiles más importantes. Es algo esencial ya que, en definitiva, defenderemos, como después veremos, que es compatible con la imagen cristiana del hombre.

1) El universo nació en el big bang como una inmensa energía expansiva, dinámica, que produjo la aparición de la materia en la forma de partículas elementales. Puede decirse, por tanto, que la realidad física es energía y materia, radiación ondulatoria y corpúsculo. Los corpúsculos serían, en último término, “radiación plegada”. Esta realidad física primordial respondía a unas propiedades que la ciencia ha acabado conociendo en parte, tal como se explica en la mecánica cuántica. Una de estas propiedades es la llamada “coherencia cuántica” que hace a la realidad física constituir campos unitarios coherentes donde es imposible distinguir partículas individuales diferenciadas, siendo la realidad un solo campo de vibración unitaria o coherente. La radiación primordial del big bang fue enfriándose y fraccionándose en pequeñas vibraciones que al plegarse o encapsularse produjeron los corpúsculos o partículas elementales. Algunas de estas partículas, en circunstancias apropiadas, podían entrar en coherencia cuántica (así, las llamadas partículas bosónicas) y, en otras, volver al estado corpuscular, en procesos de coherencia y decoherencia cuántica. La luz, por ejemplo, sería una partícula bosónica (fotón) que podría también entrar en campos electromagnéticos de coherencia cuántica. (más…)

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