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Posts Tagged ‘mente supraconsciente’

En su teoría de la Conciencia Esparcida, Riccardo Manzotti plantea que la conciencia es un proceso en constante flujo entre el mundo y la percepción del mundo, surge de esta relación y no del cerebro.

Aunque la ciencia establecida acepta que la conciencia es un fenómeno que no  ha logrado ser explicado cabalmente, generalmente se asume que esta es el producto de procesos neurales, y como tal se fija en el cerebro. La filosofía oriental por otra parte usualmente considera que la conciencia no puede ubicarse en un sitio, sino que es aquello que soporta la existencia y está diseminada por el universo: la conciencia está en la mente, pero la mente está en todas partes.

Este añejo dilema, actualmente dominado por la visión del racionalismo que separa al mundo de la mente (y el espíritu del cuerpo), tiene un interesante avatar en la teoría de la Conciencia Esparcida (Spread Consciousness) del científico y filósofo italiano Riccardo Manzotti. Manzotti, quien antes se desempeñó en el campo de la robótica, propone algo radical: “Las personas dicen que un robot almacena imágenes del mundo a través de su cámara digital. No lo hace, almacena datos digitales. No tiene imágenes”. Lo mismo ocurre con nosotros: “Nuestra experiencia visual del mundo es un continuum entre el que ve y lo que es visto en un proceso compartido de visión”. 

Para ilustrar esto, Manzotti utiliza el ejemplo de un arcoiris. Para que un arcoiris ocurra es necesaria la luz del sol, gotas de lluvia y un espectador. Al menos de que alguien esté presenciando, desde cierto ángulo, este arco de colores no puede aparecer.  Uno de los elementos de los que está compuesto el arcoiris es la percepción: nuestros ojos, nuestro cerebro. No existe como algo independiente en el mundo o cómo una imagen separada de lo que es percibido: la conciencia está difundida entre la luz del sol, la lluvia, el neurocórtex… y genera la unidad transitoria de la experiencia del arcoiris. Es decir, el espectador no ve el mundo; es parte del proceso-mundo. Literalmente somos parte del paisaje.

Se podría objetar que de todas maneras tenemos conciencia cuando nos abstraemos del mundo, cerramos los ojos o soñamos y que entonces el cerebro es suficientemente capaz de sostener la conciencia sin el apoyo del mundo exterior. Pero Manzotti argumenta que la conciencia sigue esparcida entre la mente y el mundo. Por una parte existen percepciones inconscientes que luego surgen –así podemos soñar con un lugar del cual no tenemos memoria consciente que vimos, pero que es el resultado de una o un conjunto de percepciones que tuvimos en algún momento. Es la continuación de un proceso que se inicio quizás hace años (una ventana que apenas vimos con el rabillo del ojo donde había un árbol). Manzotti cree que todo lo que ocurre en la mente tiene un origen en el mundo material y por lo tanto nada es del todo inventado. No cree evidentemente que alguien pueda soñar con algo con lo que no ha tenido algún tipo de contacto previamente. Tal vez aquí podamos diferir, y bajo su propa teoría argumentar que es posible, por ejemplo, soñar con símbolos que nunca hemos visto precisamente porque están en el mundo, de alguna manera codificados o integrados a su urdimbre y nos son transmitidos en la conciencia, que es por definición colectiva y que compartimos con las cosas. Por ejemplo las visiones arquetípicas que otorgan ciertas plantas pudieran estar presentes en un campo de información compartida que se entrelaza con nuestra red neural.

El novelista Tim Parks, quien entrevistó a Manzotti para la revista New Yorker, le sugirió que su teoría es similar a lo que sostiene el budismo (posiblemente a lo que se conoce como Pratītyasamutpāda, un término que hace referencia a que todos los fenómenos emergen conjuntamente en una red interdependiente de causa y efecto) y que la conciencia es la fusión de procesos mentales con los procesos que llamamos objetos en un estado de flujo constante (algo que también recuerda a la obra de Alfred North Whitehead). Manzotti es reacio a estos comparativos, pero la semejanza es notable.

Separar la mente del mundo, al hombre de los procesos de la naturaleza, es una cómoda ilusión, en cierta forma un mecanismo de defensa:

Al localizar la conciencia exclusivamente dentro del cerebro podemos imaginar que el sujeto, yo, en un nivel muy profundo, no está sujeto a la misma ley de cambio constante que evidentemente gobierna los fenómenos a nuestro alrededor. El sujeto asimila y descarta atributos, pero en esencia permanece él mismo. Esto permite la noción de que uno es responsable, incluso de acciones llevadas a cabo años atrás, y por lo tanto genera un universo moral particular; también crea la reconfortante ilusión de que tal vez el ser podría sobrevivir separado del mundo. Detrás de esto yace el deseo de negar los cambios en nosotros, quizás de sobrevivir la muerte. De cualquier forma, ser una entidad afuera del mundo.

Es fascinante y a la vez terrorífico pensar que no somos responsables de nuestros actos porque no estamos separados del mundo y estamos siendo constantemente influenciados por todo lo que ocurre. Algo que, si lo llevamos a última consecuencia, visto de otra manera, significa que en realidad somos responsables de todos los actos que jamás se han realizado ya que más que individuos somos el mundo, el proceso –aunque (aún) no tengamos la conciencia de todas las conciencias en una. Mientras rige el caos, la entropía, el conglomerado de flujos interpenetrados que se suman para generar todo lo particular desde lo universal. Tal vez la métafora muchas veces utilizada del río para describir el pensamiento y la conciencia esté directamente inspirada de ese flujo que es el mundo: el Tao, sin nombrarse, se dice a sí mismo moviendo.

Manzotti no habla de esto, pero me hace pensar en aquella ampliación del adagio hermético “como arriba, es abajo” que dice “como adentro, es afuera”. En realidad porque afuera no existe. Consideramos la piel y el cerebro como una barrera que moldea nuestra unidad independiente, sin embargo las fuerzas físicas no conocen esa barrera: el electromagnetismo o la gravedad lo mismo afectan nuestra epidermis que nuestros órganos y células. Mcluhan dijo alguna vez que en “la era eléctrica usamos a la humanidad entera como nuestra piel”, pero podríamos decir que todo el mundo es nuestra piel, nuestros ojos son el sol y nuestros brazos son el aire. La con-ciencia está en el ser con, en el contacto, en la conexión, es una constelación ubicua de estrellas neurales. 

[New Yorker]

Twitter del autor: @alepholo

Tomado de Pijamasurf

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La evolución del salto cuántico que estamos dando. El siguiente eslabon evolutivo.

Esta Película Es El Resultado De Un Proyecto de Dos Años de investigación científica sobre nuestras capacidades, nuestro verdadero pontencial, de como todos estamos interconectados y como afectamos a la materia en la creación diaria de nuestra realidad.

Aunque la expresión «salto cuántico» se ha extendido al lenguaje cotidiano, en realidad tiene un significado específico.

Cuando hablamos de los átomos, sabemos que tienen un núcleo con protones y neutrones, y que los electrones giran alrededor de aquél en órbitas fijas ubicadas a distancias distintas.

Los electrones permanecen en una órbita, pero a veces cambian a otra. Si absorbe energía, un electrón puede saltar a una órbita superior; si libera energía, puede caer a una órbita inferior. Y esto es lo importante: cuando un electrón cambia de una órbita a otra, no se mueve a través del espacio que las separa; en un momento está en la órbita A y al siguiente está en la B, sin haber recorrido el espacio entre las dos. A esto se le llama SALTO CUÁNTICO.

En un sentido más amplio, un salto cuántico es un cambio de estatus —de un conjunto de circunstancias a otro— que ocurre de manera inmediata, sin sucesos intermedios.

Los científicos no pueden predecir cuándo ni dónde ocurrirá un salto cuántico. Pueden crear modelos matemáticos que les permiten calcularlo aproximadamente, pero no predecirlo del todo. En el nivel subatómico, esa imprevisibilidad parece no tener consecuencias. Si un electrón salta de una órbita a otra, ¿en qué nos afecta? Si piensas en todos los átomos del mundo y sumas los efectos de su imprevisibilidad, el resultado es, literalmente, el caos.
Los científicos reconocen la imprevisibilidad de la naturaleza y han tratado de encontrarle un sentido. Hasta los sucesos aparentemente más simples están gobernados por esta imprevisibilidad.
¿Cuándo y dónde aparecen las burbujas en una «acerola de agua hirviendo? ¿Qué patrones formará el humo de un cigarrillo encendido? ¿Cómo se relaciona la posición de las moléculas de agua que están en lo alto de una cascada con la que tendrán a la caída?

La nueva ciencia del caos trata de predecir lo impredecible a través de intrincados modelos matemáticos. El ejemplo clásico es que una mariposa bate las alas en Texas y seis días después hay un tornado en Tokio. La conexión tal vez no sea evidente, pero existe. Ese pequeño cambio provocado por la mariposa en la presión del aire puede multiplicarse, magnificarse y producir un tornado, pero es imposible saberlo con precisión.

En el nivel espiritual, esto significa que jamás podremos saber a ciencia cierta qué rumbo
tomará la vida, qué cambios pueden provocar en nuestro destino esos pequeños batimientos de intención y acción. Asimismo, nos dice que nunca podremos conocer plenamente la mente de Dios.
Jamás comprenderemos cabalmente el cómo, el dónde ni el cuándo de nada.
Debemos rendirnos a la incertidumbre y apreciar su belleza.

Toda creatividad se basa en saltos cuánticos e incertidumbre. Las ideas verdaderamente
novedosas surgen del sustrato colectivo de información en momentos especiales. Estas ideas no se originan en el afortunado individuo, sino en la conciencia colectiva. Por eso es frecuente que dos o más personas realicen descubrimientos científicos significativos al mismo tiempo. Las ideas circulan en el inconsciente colectivo y las mentes preparadas están listas para traducir esa información. Ésta es la naturaleza del genio; ser capaz de comprender lo conocible aun cuando nadie más reconozca que está ahí.

En un momento, la innovación o la idea creativa no existe y al siguiente es parte de nuestro mundo consciente. Mientras tanto, ¿en dónde estuvo? En el ámbito virtual, en el nivel del espíritu universal donde todo es potencial. En ocasiones, este potencial genera algo previsible; otras, algo nuevo, pero en este reino ya existen todas las posibilidades.

En última instancia, cuando morimos el alma da un salto cuántico en la creatividad.
En efecto, el alma dice: «Ahora debo expresarme a través de un nuevo organismo o encarnación». Así pues, la intención proviene del alma universal, se localiza en un. alma individual y finalmente se expresa a través de una mente individual, circunscrita.

A partir de las experiencias pasadas creamos los recuerdos, que son la base de la
imaginación y el deseo, y como hemos visto, el deseo es la base de la acción. El ciclo se perpetúa a sí mismo.

Cuando la intención se repite, crea un hábito. Mientras más se repita la intención, más
probable es que la conciencia universal dé lugar al mismo patrón y manifieste la intención en el mundo físico. Si recuerdas el apartado sobre física, una onda-partícula que está dentro de una caja no observada es, simultáneamente, una onda y una partícula, y adopta una forma definitiva sólo hasta que es observada; comprenderás que en el momento de la observación, la probabilidad se transmuta en forma definida. Esta es la misma idea, sólo que cuando la intención se repite, es más probable que el patrón de la mente no circunscrita se transmute siguiendo tu intención, y se manifieste como una realidad física. Esto crea la ilusión de lo fácil y lo difícil, de lo posible y lo imposible. Por ello, si realmente quieres trascender lo mundano debes aprender a pensar y a soñar lo
imposible. Sólo con los pensamientos repetidos lo imposible puede hacerse posible, por medio de la intención de la mente no circunscrita.

La mente no circunscrita que está en ti es la misma que está en mí, o para el caso, en un rinoceronte, una jirafa, un ave o un gusano.

Esta mente no circunscrita, esta conciencia pura, es lo que nos da el sentido del «yo»,el «yo» que dice quién eres o quién crees que eres.
Esta conciencia universales el único «yo» que existe. Pero ese «yo» único y universal experimenta un proceso de diferenciación; se transforma en un número casi infinito de observadores y observados, espectadores y escenarios, formas orgánicas e inorgánicas, todos los seres y objetos que conforman el mundo físico.

Este hábito de la conciencia universal de diferenciarse en conciencias particulares es anterior a la interpretación. Como seres humanos estamos acostumbrados a pensar en
nuestro ser individual como «yo», sin notar o apreciar el «yo» más grande y universal al que llamamos alma universal. La palabra «yo» es simplemente un ingenioso punto de referencia que utilizamos para localizar nuestro punto de vista único en el alma universal.

Sin embargo, cuando nos definimos sólo como un «yo» individual, perdemos la capacidad de imaginar más allá de los límites de lo que tradicionalmente se considera como posible. No es que en el «yo» universal todo sea posible; es que ya existe, y lo único que necesita para transformarse en una realidad en el mundo físico es la INTENCIÓN.

La diferencia entre la mente circunscrita y la no circunscrita es la que hay entre lo ordinario y lo extraordinario. La mente circunscrita es personal e individual para cada uno de nosotros. Es la que sostiene nuestro ego, el «yo» autodefinido que va por el mundo y que está esclavizado a los hábitos condicionados. Por su misma naturaleza, la mente circunscrita nos separa del resto de la creación.
Establece divisiones sólidas que nos sentimos obligados a defender, aun cuando esto implique aislarnos de significados más profundos y conexiones dichosas que resultan de sentirnos parte de lo universal.

La mente circunscrita es lenta, agotadora y racional, y carece de imaginación o creatividad.
Requiere atención y aprobación constantes, por lo que tiende a sentir temor, desazón y dolor.
Por su parte, la mente no circunscrita es alma o espíritu puro, es la conciencia universal. Actúa más allá de los límites del espacio y él tiempo, y es la gran fuerza organizadora y unificadora del Universo, de alcance y duración infinita. Por naturaleza, el alma no circunscrita se vincula con todas las cosas porque es todas las cosas. No requiere atención, energía ni aprobación; es completa en sí misma, por lo que atrae el amor y la aceptación. Es inminentemente creativa, la fuente de la que fluye toda la creación. Nos permite imaginar más allá de los límites de lo que la mente circunscrita considera posible, pensar sin restricciones y creer en milagros.

Los saltos creativos dados por la mente no circunscrita, han sido confirmados por la ciencia.
Los huecos en los registros de fósiles sugieren saltos creativos de imaginación por parte de la naturaleza, hipótesis conocida como equilibrio discontinuo. Por ejemplo, existen antiguos fósiles de anfibios y aves, pero no de criaturas que los vinculen entre sí. Esto sugiere un salto cuántico de imaginación; los anfibios quisieron aprender a volar y las aves fueron resultado de esa intención. Los científicos creen que los humanos evolucionaron de los primates, pero no hay registro de fósiles de la fase intermedia, el eslabón perdido. Primero había sólo primates y de repente aparecieron los humanos. ¿Qué hubo en medio? Nada.
Estos constantes saltos de imaginación dan lugar a lo que nosotros vemos como el Universo.

El camino a seguir ahora, el próximo paso, es ir aprendiendo a dar “un salto cuántico” desde la mente racional en la que nos manejamos habitualmente hacia la mente universal en donde podemos hacer que se cumplan nuestros “milagros”.

Fuentes:  Frigyes Fogel    2012 Ascensión

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¿Quién Somos Realmente? Un enfoque experimental.
Presentado por Richard Lang.

Explicando lo inexplicable!

Perfecto,creativo lleno de sabiduría…

Excelente modo de representar Aquello espiritual, en terminos físicos modernos

Destapando la verdad que cada uno lleva dentro, es en verdad una tarea excelente tanto del autor como el grupo de personas que colabora para realizar este y es resto de los videos.

Me ha parecido muy didáctico por el uso de términología moderna y los gráficos que ayudan a interpretar el mundo de palabras y conceptos de otros tiempos y que están llenos de sabiduría

Para ver el resto haz clic aquí en (más…)

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La vida tiene una manera maravillosa de cuidarnos. El único equilibrio que necesitamos establecer es entre la actividad y la inactividad, entre la mente y la no mente, entre dar y permitirnos recibir. Si realmente creemos, y nos atrevemos a probar las prácticas de la Alquimia Interior, llegaremos a darnos cuenta que nada es imposible. Mediante la participación y la asociación con las fuerzas de la Luz todo es posible.
En esta asociación se encuentra todo lo que necesitamos por dentro y por fuera. Encontramos nuestra totalidad o unidad en las dimensiones verticales del ser y no horizontalmente “ahí afuera”. Cuando se sienta todo en uno; eso es MAESTRÍA. Ahora ya está listo para jugar, para aplicarla a su vida.
El ritmo de la vida está en el equilibrio entre la actividad en el mundo, o dar, y el retirarse hacia los reinos interiores, o recibir el sustento divino. Al vivir de esta manera, en armonía con su YO, la Vida se ocupa de usted. Esto significa que su ser superior tiene la capacidad de actuar a través suyo, guiarlo, dirigirlo y utilizarlo para que atraiga directamente lo que le hace falta. Automáticamente se crea un espacio para sus relaciones. Para las correctas.
Entrar en el camino de la Alquimia Interior significa desidentificarse conscientemente del punto de vista materialista e incorporar el pensamiento multidimensional. Preguntas como “¿Cuándo llegaré a…?” ó “¿Cómo será….?” O “¿Cómo podré…?”, desaparecen. Entendemos que el miedo le da vida u forma a estos pensamientos y que la confianza en unión con el pensamiento y la acción creativa correcta, es lo que realmente modela nuestras vidas.
Al igual que el planeta (y toda conciencia que sobre Él existe), que se está moviendo mediante las iniciaciones del corazón, nosotros venimos a integrar las frecuencias vibratoria inferiores y superiores, las filosofías orientales y occidentales, las influencias cósmicas y planetarias. Y al expandirse el corazón dentro de cada uno de nosotros, empezamos no sólo a ver y comprender mejor sino que empezamos a amar más y mejor. Y aquí, permítanme algunas palabras de advertencia.
Las condiciones alrededor suyo le afectarán mucho, sobre todo el sufrimiento. Su atención se volverá mucho más aguzada en cada acto, pensamiento y sentimiento. Verá y sentirá muchísimo más. Le elección entre lo humano y lo divino se convertirá en una constante. Verá la oscuridad o verá la Luz.
Cuando vea el sufrimiento, sentirá y percibirá esa parte suya y de su humanidad que sigue identificada con los antiguos valores de un mundo agonizante: sean las cadenas orientales del karma o la ética de la culpabilidad de la tradición judeo-cristiana. Entonces vivirá a través de esa calificación. Por ejemplo, cuando vea y sienta el sufrimiento, una parte de su mente estará calificando esa energía con pesadez. Se pondrá a pensar:”Pobrecito…!” Y estará proyectando ese peso hacia la persona por la cual lo siente. En lugar de aligerar su carga la estará haciendo más pesada
En cambio, si al mirar a esa persona que, por motivos incomprensibles para usted (puede ser compensaciones de vidas pasadas, o lecciones, o simples condiciones a través de las cuales esa persona puede llegar a otros y enseñarles), se encuentra en ese estado “desafortunado”, le ve el ser de luz que lleva dentro, estará proyectándose esa Luz, esa belleza, que servirá para alentarlo. Quizás podrá elegir hacer algo para ayudarlo físicamente pero que no sea por complejo de culpa o por miedo – motivaciones comunes tras toda caridad – sino por su propia abundancia y positivismo.

Fuente: Del Curso de Metafísica

sacado de  la web camino largo a casa

Tomado de belinda – Stop secretS

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Hipnosis, placebo, pensamiento positivo, fe espiritual, sueños lúcidos y meditación son algunas de las formas por medio de las cuales la ciencia moderna ha redescubierto que la mente es capaz de operar y sanar el cuerpo.

El Dhammapada, uno de los textos budistas más influyentes, inicia de esta manera: «Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge de nuestros pensamientos». Estas palabras se le atribuyen a Buda y se remontan a unos 2500 años, tiempo también que ha tardado la ciencia occidental en reconocer el poder de la mente sobre el cuerpo. Pero parece que por fin, a la luz de la evidencia, el pensamiento científico acepta que el pensamiento —sin reconocer del todo algo como la “energía psíquica”— es fundamental al moldear los estados físicos que experimentamos.

Una de las publicaciones de divulgación científica más importantes del mundo, la revista New Scientist, dedica una reciente edición al poder de la autosanación. Como bien dice la editora Jo Marchant, ya no se necesita ser hippie para creer en el poder de la mente, ahora la ciencia, apoyada en investigaciones rigurosas, puede constatar que la mente es clave en la salud y que probablemente sea el “ingrediente activo” más importante de toda la medicina.

Diferentes estudios en torno al placebo, la hipnosis, la meditación, el pensamiento positivo, la confianza y la intención (entre otros que analizaremos más adelante), muestran que la mentalización ejerce una influencia significativa en determinar el estado de salud de una persona. Esto funciona en ambas direcciones: personas que muestran un alto grado de fe, confianza en sí mismas (o en los placebos), que meditan, visualizan o hacen algún tipo de proyección mental, responden reiteradamente mejor a los tratamientos, se enferman menos y tienen un mayor calidad de vida. Personas sometidas al estrés, que exhiben poca confianza —interés e intención—, que pueden ser calificadas como pesimistas y que en suma no utilizan su mente como herramienta para transformar su cuerpo, por el contrario, tienden a enfermarse más y a responder con menor efectividad a todo tipo de tratamientos.

Tal vez podría parecer una simplificación de la vida y de situaciones tan complejas como pueden ser algunas enfermedades, pero de manera profunda nuestros estados mentales se convierten en nuestro estados físicos y, de alguna forma que se nos escapa en la cotidianidad, la mayoría de nuestras enfermedades son el resultado de procesos psíquicos. Aunque la ciencia occidental contemporánea no ha formulado aún una concepción totalmente integral de la salud, en la que ninguna enfermedad esté desligada de un proceso de mente-cuerpo, es probable que avance hacia allá, curiosamente una evolución que es un regreso a las premisas de la medicina y de la filosofía de culturas tradicionales (generalmente consideradas como primitivas por la ciencia moderna): un entendimiento holístico de la naturaleza.

En este sentido, además de explorar diversas técnicas de mentalización para sanar, habría que reflexionar sobre aquellos pensamientos y patrones mentales que nos han llevado a enfermar, muchos de ellos se ocultarán en nuestro inconsciente y querremos evitar enfrentarlos, pero en el proceso de detectarlos y observarlos estaremos iniciando un viaje vital de autoconocimiento en el que cada uno de nosotros puede convertirse en su propio chamán —verdaderamente en el único médico que puede hacer sanar desde la raíz. Hasta que no hagamos consciente nuestro inconsciente, como enfatizó Carl Jung, estaremos predispuestos ante serie de contingencias que permanentemente amenazan con tomar control de nuestro cuerpo y de la dirección que lleva nuestra vida. (Hacer consciente lo inconsciente también permite que se conozca cómo funciona la mente —al ver las causas y los efectos de manera transparente— y de esta forma evita que tengamos que ser hipócritas o impostores pensando positivo buscando una especie de efecto mágico desconocido y llenando el mundo de sonrisas falsas programadas).

Cada pensamiento, cada actividad mental que realizas, es una semilla de lo que serás. No es necesario invocar a la magia para entender esto, sino a la más pura causalidad, a una minuciosa concatenación de eventos y situaciones mentales que van, de la misma forma que el ejercicio físico, moldeando nuestra anatomía psíquica, la cual ejerce potestad sobre nuestro cuerpo. Como suele decirse en el yoga: “el cuerpo no es sólido, solo la mente”. En la medida en la que seamos capaces, a través de la disciplina, de generar estados mentales suficientemente flexibles, podremos seguramente superar los escollos del cuerpo y de ese supuesto determinismo inexorable que presenta la genética. (más…)

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Una genial y original idea que comparte con todos nosotros, el agudo Webmaster de Mundo desconocido.  J.Luis

Os presentamos un increíble experimento que podéis llevar a cabo vosotros mismos y del que os sorprenderéis con los resultados obtenidos, basado en las investigaciones de Masaru Emoto.

Le invitamos a que experimentéis con el llamado “Etiquetado Personal”, un descubrimiento que nace de la mente de aquellos que hacemos www.mundodesconocido.com

Fuente:

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Estamos en una encrucijada en el camino: atender los asuntos del mundo externo o indagar en las profundidades del ser , saber cuál de los caminos tomar es un gran reto, pero hoy tenemos un poco de ayuda escogiendo por donde andar.

Hoy, las condiciones se activan para despertar la glándula pineal, ese punto místico en la mente que tanto poder tiene y que apenas ahora estamos redescubriendo.

La pineal es conocida por muchas propiedades, pero en una encrucijada como esta, es quizá el momento de llamarla como le decían los antiguos maestros: El tercer ojo.

Así que hoy, toma tan solo un momento para estar a solas, poner música relajante, hacer un par de ejercicios de relajación y buscar ese punto de luz que brilla como una perla entre tus dos hemisferios.

Visualiza como iluminas con esa luz el camino hacia tu futuro, y aprovecha el momento para que tu intuición hable y te ayude a escoger el rumbo perfecto a tu plenitud

El filósofo René Descartes propuso que la glándula pineal era aquello que conectaba el cuerpo con el alma, o que la contenía. Su propuesta surge debido a que la glándula pineal no esta duplicada bilateralmente en el cuerpo, y ademas creía (erróneamente) que era exclusivo de los seres humanos.

Los escritores occidentales que investigaron los chakrás (centros de energía hinduistas) consideraban que la glándula pineal sería el «tercer ojo».

Existen numerosos estudios científicos experimentales que ponen de manifiesto el funcionamiento de los mecanismos de regulación del sueño, estando estos mediados por la estimulación de la glándula pineal. Hace más de tres siglos, el filósofo francés Rene Descartes describe la glándula pineal como “el lugar del alma“. Sin embargo, no fue hasta finales del año 1950 que la identidad química y la biosíntesis de la melatonina, la principal hormona secretada por el cuerpo pineal, fueron revelados. Melatonina, proviene del Griego melanos, que significa negro, y tonos, significa color, es una amina biogénica con estructuras similares a la serotonina. La epífisis es un órgano de forma cónica de 5-9 mm de diámetro máximo y 100-200 mg de peso, situado por encima y por detrás del tercer ventrículo cerebral.

El cuerpo pineal en el hombre es una glándula endocrina activa durante toda la vida. Históricamente la glándula se asoció con especulación de la naturaleza de la mente y sus desórdenes. Investigaciones modernas están ahora demostrando que es una glándula endocrina capaz de influir en la mente y en el comportamiento.
Esta importante glándula es uno de los lugares donde se produce la serotonina, y luego, su transformación en melatonina. La serotonina y la melatonina ayudan a regular el sueño,
la temperatura, los estados de animo, la pubertad y los ciclos ováricos.
La glándula se considera un transductor neuroendocrino que, a partir de la influencia nerviosa aferente (neuro), elabora una respuesta hormonal (endocrino).

Fuente:  

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