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Científico investiga la posibilidad de que las estrellas sean seres conscientes

La ciencia de la conciencia de las estrellas: desde milenios atrás la mente religiosa ha considerado la posibilidad de que las estrellas sean seres conscientes, ahora la ciencia retoma esta resplandeciente posibilidad

La idea de que los cuerpos celestes tienen conciencia resulta disparatada para la ciencia establecida, pero no para la religión y la filosofía hermética que desde hace miles de años han estudiado secretamente esta posibilidad. Decirle a un científico que el Sol tiene conciencia de sí mismo y posee una voluntad sería inmediatamente recibido como la declaración de una conciencia primitiva, enteramente animista –de la que la ciencia se enorgullece de haber superado hace siglos. Y sin embargo esta intuición poética de una inteligencia cósmica ha atravesado el tiempo, reapareciendo en mentes diversas, resistiéndose a ser domesticada, como una salvaje conexión con lo que el poeta Allen Ginsberg llamó  ”la  estrellada dinamo de la maquinaria de la noche”. Las voces de las estrellas en nosostros son difíciles de callar del todo.

Ahora resurge dentro de la misma ciencia legitimada que ha sanitizado las ideas, pero que ante la incomensurabilidad del cosmos y las propiedades “espectrales” de la materia subatómica, de vez en cuando debe recurrir a la imaginación para intentar entender el universo. El Dr. Gregory Matloff, académico del New York City College of Technology, planeta la hipótesis de que la conciencia estelar podría resolver el enigma de por qué las estrellas giran alrededor de los centros galácticos a una velocidad superior a la que se esperaría si solo se cuenta la materia observable del universo. Generalmente se conjura la existencia de la materia oscura para explicar el movimiento estelar, pero la materia oscura permanece elusiva e indetectada –por lo pronto materia de ciencia ficción. Matloff se sirve de la ciencia ficción para proponer una teoría de la conciencia estelar para explicar la velocidad de las estrellas: en su novela Star Maker, Olaf Stapledon juega con la idea de que las estrella podrían tener una forma de conciencia. Matloff considera plausible, aunque acepta que no existen pruebas concluyentes, que las estrellas mantienen su posición galáctica a través de la acción volitiva, apelando al efecto Casimir como explicación generadora esta conciencia estelar.

Una posible explicación física para la moción estelar anómala es la psicokinesis. La hipótesis presentada aquí es que la “mente” o la conciencia de una estrella sintiente puede actuar directamente sobre las propiedades físicas (en este caso la velocidad galáctica) de la estrella.

Aunque no se pretende que la psicokineses sea parte de la física establecida o la psicología, al menos un estudio teórico indica que es posible dentro del marco aceptado de la mécanica cuántica.

De acuerdo a los argumentos presentados en este estudio, la conciencia (o la mente) puede influir directamente en las propiedades de un sistem físico utilizando la energía presente en las fulctuaciones de la mecánica cuántica.  La conciencia podría hacer esto afectando el colapso de la función de onda en el sistema hacia un estado cuántico deseado.

Seguramente esto suena como herejía para el mainstream de la ciencia, pero si concedemos que el misterio del universo de ninguna manera ha sido resuelto y que es una propiedad fundamental, al menos de la realidad humana, ver reflejado en el mundo lo que pensamos sobre el mundo, esta teoría resuena con fibras profundas de formas de conocimiento alternativos, como puede ser la intuición o la imaginación poética. Matloff, sin embargo, intenta formular un argumento científico para explicar el surgimiento  de la conciencia en los hornos de las estrellas:

Los conceptos desarrollados en este trabajo aceptan que la conciencia, como la gravedad, está adherida a la estructura del universo. Como la gravedad no puede ser explicada invocando a la materia y a los campos de manera independiente; requiere de su interacción.

Varias teorías de la conciencia orgánica basadas en la física cuántica postulan que un campo universal de conciencia interactúa con nanoestructuras eléctricas dentro del sistema nervioso. En animales como el ser humano el espacio intersináptico de~20-nm dentro de la estructura neuronal del cerebro ha sido analizado por Evan Harrus Walker como la locación de los eventos a nivel cuántico que contribuyen a la conciencia. Pero todas las células eukaryotas contienen microtúbulos. Como es sugerido por Lynn Margolis, una forma de “conciencia microbial” podría estar basada en estas nanoestructuras.

Un acercamiento desde el efecto Casimir a la conciencia estelar. Se asume que la interacción dentro de las fluctuaciones cuánticas produce una forma de conciencia en todos los enlaces moleculares, aunque esta es más débil que las formas de conciencia afectadas por las interacciones de las fuctuaciones del vacío con las nanoestructuras orgánicas como los microtúbulos y el espacio intersináptico.

En otras palabras, la conciencia sería una propiedad emergente del vacío cósmico, el cual se comporta de la misma forma que las partículas discretas de energía (quantums). Este pampsiquismo tendría diferentes interacciones, de mayor o menor fuerza, según la complejidad de las moléculas que se forman. El “yo” que identificamos con la conciencia no es una propiedad fundamental de ésta sino una consecuencia de una forma de autopercepción de la misma.: la conciencia existe antes y más allá de un ente que la integre o identifique como suya.

Matloff se cuestiona cómo comunicarnos con estas hipotéticas inteligencias estelares cuyas vidas son tan largas que un siglo nuestro les parecería menos de un segundo. E incluso como prevenir una guerra entre inteligencias planetarias e inteligencias astrales.

Otros científicos ya se han hecho las mismas preguntas. Recientemente el biólogo Ruper Sheldrake en su libro La Física de los Ángeles:

Nuestro acercamiento a un nuevo paradigma científico (ya no mecánico) es con la idea del universo como un organismo viviente. El Big Bang describe el origen del universo como una pequeña, indiferenciada unidad. Luego el universo evoluciona y crece y nuevas formas y estructuras aparecen a su interior. Esto se da más como un organismo que como una máquina. La vieja idea de la Tierra muerta ha dado paso a Gaia, la idea de la Tierra viviente. La vieja idea del universo sin creatividad, ha dado paso a la evolución creativa. Primero en el reino de las cosas vivas, por Darwin, y ahora vemos que todo el cosmos está en proceso de evolución creativa. Así que si todo el universo está vivo, si el universo es como un gran organismo, entonces todo lo que contiene se entiende mejor como organismos que como máquinas.

La segunda pregunta que viene a la mente es: bueno, si el universo está vivo, si los sistemas solares y las galaxias y los planetas están vivos, ¿también están conscientes? ¿O están vivos pero no tienen conciencia, de la misma forma que tal vez una bacteria puede estar viva pero no tiene conciencia? ¿ El tipo de vida que puede existir en el cosmos tiene más conciencia que nosotros, o presumimos que es mucho menos conciente que nosotros? ¿Somos los seres más conscientes que existen en el universo? La respuesta común de la ciencia es que sí. Yo creo que esa es una presunción muy poco probable. Así que si llegamos a la idea de muchas formas distintas de conciencia, si la galaxia tiene vida y conciencia, entonces debería de tener una conciencia mucho mayor que la nuestra —mayor en extensión, mayor en sus implicaciones y poder y mayor en la expansión de su actividad. Esto desde el punto de vista de la ciencia es una idea ridícula, porque la ciencia ha erradicado la conciencia de cualquier otro lugar en el universo que no sea el cerebro humano.

La idea de que los planetas pueden ser seres conscientes es central a la mayoría de las religiones primitivas: se concibe a la naturaleza como un ser inteligente, con el cual se puede establecer una comunicación (y marca un ritmo) o es una Gran Madre que provee alimento material como espiritual (las almas son como ramas de un árbol invisible cuya raíz está en el centro de todas las cosas). La filosofía gnóstica concibe al planeta como la manifestación de una diosa (o demiurgo benigno): Sophia (actualmente Gaia Sophia) y al sistema solar como la creación-encarnación de una serie de espirítus tutelares conocidos como Arcontes equivalentes a los planetas ( y a etapas de conciencia: eones). A grandes rasgos, el gnosticismo considera que estamos dentro de la mente de estas entidades planetarias que diseñan una especie de juego o misión divina (muchas veces similar  a una matriz de realidad virtual) para nosotros, que somos extensiones de su conciencia. Phillip K. Dick da voz al Arconte en su novela  The Three Stigmata of Palmer Eldritch:

Lo que quiero decir es que me convertiré en todas las personas del planeta…Seré todos los colonos mientras arriban y empiezan a vivir aquí. Guiare su civilización. Es más, seré su civilización.

El místico francés Eliphas Levi escribió “Dentro de los soles recuerdan todo; dentro de los planetas olvidan”, tal vez en esta frase radiante de platonismo esté la clave del enigma. ¿Vivimos en la mente de un planeta observando las luces en las estrellas a distancia, como si intentaramos deletrear algo que olvidamos: nuestro nombre? No es mi intención tratar de agotar el misterio de la conciencia o de la relación entre una forma de vida y la matriz que la genera. Al contrario, la intención es despertar el asombro y motivar a la reflexión que atraviesa su propio espejo: nos preguntamos en la noche, observando las estrellas, sobre nuestro origen y nuestra esencia, nos hacemos las eternas preguntas, y de alguna manera sospechamos que las estrellas tienen la respuesta.

[Centauri Dreams]

Twitter del autor: alepholo

Fuente Pijamasurf

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Un nuevo paradigma en la búsqueda de seres extraterrestres: la conciencia

La búsqueda de vida extraterrestre bajo el paradigma de la biología basada en el carbono descuida la posibilidad de que existan conciencias extraterrestres radicalmente distintas a nuestros preceptos, conciencias que podrían distribuirse por todo el universo de manera incorpórea.

Desde hace algunas décadas, particularmente por los esfuerzos de Carl Sagan, uno de los temas más populares de la divulgación científica es la búsqueda de vida extraterrestre. Todo los días numerosos medios de comunicación reportan sobre los últimos descubrimientos en la exploración del cosmos, desde el estudio de bacterias en meteoros, agua en la superficie de Marte o el más reciente exoplaneta que podría albergar vida. La NASA y el Instituto Seti, entre otras organizaciones, gastan millones de dólares en esta importante tarea que ejerce una profunda y vital reflexión sobre nuestro lugar en el universo. 

Casi todos los esfuerzos de búsqueda de inteligencia extraterrestre están formulados desde una perspectiva biológica y desde el paradigma antropomórfico de que la vida debe de estar basada en el carbono —ya que nosotros, la supuesta punta de lanza del universo, y toda la vida de nuestro planeta, evolucionamos con base en este elemento. Consideramos entonces que el desarrollo de la conciencia es el resultado de la complicación de la materia, un subproducto de la selección natural, embebido en un soporte de moléculas de carbono. Y entonces buscar inteligencia o conciencia fuera del planeta equivale a buscar planetas donde se podrían desarrollar seres orgánicos basados en el carbono, similares a nosotros.

Además de esta tendencia, que ha sido denominada chauvinismo de carbono, también existe la limitante que se ha seguido al suponer que los extraterrestres, de existir, intentarían comunicarse con nosotros por medio de ondas de radio, o que monitoreando las ondas de radio en el espacio podríamos detectar su presencia. Al respecto Terence Mckenna escribió: «Buscar expectantes una señal de radio de una fuente extraterrestre es probablemente una presunción limitada a nuestra cultura, tal como buscar una buen restaurante italiano en la galaxia».

Algunos científicos consideran que la vida podría formarse a partir de diferentes elementos, tales como el silicio o el hierro. El profesor de la Universidad Glasgow, Lee Bronin, se encuentra trabajando en construir células inorgánicas que sean capaces de autorreplicarse, bajo su teoría de  que “la vida” (aunque esta palabra cobra un nuevo significado) podría darse a partir de otro tipo de elementos. 

El astrofísico Victor J. Stenger va más lejos y  cree que es un “chauvinismo molecular” pensar que  la moléculas son completamente necesarias para la generación de vida en el universo. Núcleos atómicos podrían bastar en un universo tan desconocido como el nuestro.

La tecnofilosofía del transhumanismo no solo cree factible y cercana la creación de inteligencia artificial, sino que plantea la posibilidad de que en un futuro podamos descargar nuestra conciencia en un objeto, de la misma forma que se puede subir un software a una computadora. Esto nos lleva a la evidente pregunta de si en apenas miles de años de evolución el ser humano se acerca a un estadio donde esto ya se puede imaginar con cierta base teórica, y por lo tanto seguramente realizar (tal es el poder de la imaginación),  entonces, ¿qué podría ser de una civilización que haya tenido millones de años para evolucionar? ¿Acaso no habrían entrado al ámbito de la postbiología y podrían descargar su conciencia en un satélite computarizado o incluso dismeninarla por todo un planeta o una galaxia entera? Recurriendo a la multicitada frase de Arthur C. Clarke, “La tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”, una magia tal que fusiona la conciencia con el tecné.

¿No sería entonces razonable pensar que podrían existir extraterrestres inorgánicos, inteligencias cósmicas de formas que van más allá de lo que podemos ver en la Tierra y de lo que nuestra mente refleja en el universo? (más…)

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Noósfera nosotros: historia del despertar colectivo del cerebro de la Tierra

¿Avanza la evolución hacia el despertar de la mente planetaria? ¿Después de la biósfera, surge la noósfera? Teilhard de Chardin, Vladimir Vernadsky, José Argüelles y Terence Mckenna conspiran con la mente de Gaia para activar una consciencia global que incluya a cada ser vivo como un nodo dentro de un todo interconectado autorreflexivo

“La única verdadera y natural unión humana es el espíritu de la Tierra”. -Pierre Teilhard de Chardin

La noósfera es la más grande utopía en la historia de nuestro planeta. Y aunque esta dimensión prometida por la evolución material, mental y espiritual no pueda existir en el espacio físico como lo conocemos, el éter (o el hiperespacio) con sus jardines dorados de información, sus ríos de luz y su total e instantánea interconexión es suficiente para mantener vivo este sueño de lucidez colectiva.

La palabra noósfera, proviene del greigo nous (mente) y sphaira (esfera). El divino Platón utiliza la palabra nous en el diálogo de Fileb, Sócrates dice: “Todos los filósofos concuerdan – y así se exaltan a sí mismos- que la mente (nous) reina sobre el cielo y la tierra”. En la filosofía gnóstica, el nous, será visto en ocasiones como el padre del Logos, como el primer Eon, cuyo linaje da a luz a Cristo y a Sofía; en otras ocasiones el nous se identificará con Cristo mismo, algo que será retomado por Pierre Teilhard de Chardin, el sacerdote jesuíta que crea el concepto, junto con el geoquímico Vladimir Vernadsky, de la noósfera.

“Debemos engrandecer nuestro acercamiento para englobar la formación que está ocurriendo ante nuestros ojos… de una entidad biológica particular que nunca ha existido en la Tierra –el crecimiento, afuera y arriba de la biósfera de una nueva capa planetaria, una envoltura de la sustancia pensante, a la cual, por conveniencia y simetría, he dado el nombre de la Noósfera”. .–Pierre Teilhard de Chardin, The Future of Man.

La evolución de una idea mística -la mente como algo que existe más allá del cerebro, que permea el universo y que lo fertiliza  con la imaginación, atributo central de la divinidad- se desdobla a través de la biología y se refuerza, al incluir los procesos de la materia. La mayor influencia en el pensamiento noosférico de Teilhard fue Henry Bergson y su concepto de la evolución creativa, el cual se opone al dualismo de Descartes y concibe a la evolución como una fuerza vital (elan vital) constante que anima a la materia y conecta fundamentalmente al cuerpo y a la mente (el papel esencial del universo es “ser una máquina de crear dioses”, decía Bergson).

El otro padre de la noósfera, quien también fuera padre de la geoquímica, Vladimir Vernadsky, concibe a la noósfera como la tercera etapa en el desarrollo de la Tierra, después de la geósfera (la materia inanimada) y la biósfera. Vernadsky ve el surgimiento de la conciencia como algo que debió de haber estado implícito desde el principio en la evolución de la Tierra. Una corriente que va más allá de nuestra voluntad individual: “En la gran tragedia histórica en la que vivimos, hemos escogido elementalmente el camino correcto hacia la noósfera. Digo elementalmente, ya que toda la historia de la humanidad procede en esta dirección… la humanidad como un todo se está convirtiendo en una poderosa fuerza geológica. La mente de la humanidad y su trabajo se enfrentan al problema de reconstruir la biósfera bajo el interés de pensar la humanidad libremente como un solo ente”.

La clave aquí es la concepción de la humanidad como una fuerza geológica, una fuerza de la tierra, incrustada en el río evolutivo del planeta. Es decir la posibilidad de estar siendo usados por la Tierra para lograr conciencia de sí misma. Un proyecto de la mente planetaria, de lo que James Lovelock llamara Gaia, el supraorganismo que compone a la biósfera y trasciende a la suma de sus partes, para sublimarse y quizás convertirse, como un alquimista superno, en una gigantesca piedra filosofal en donde la materia y el espíritu sean indiferenciados, y no exista la dualidad. Quizás un proyecto que podría abortar en el caso de que no la llevemos al punto crítico cósmico de despertar masivamente.

“El planeta es un tipo de inteligencia organizada. Es muy diferente a nosotros. Ha tenido unos 5 mil millones de años para crear una mente que se mueve lentamente y que está hecha de oceános, ríos, bosques y glaciares. Se está volviendo consciente de nosotros y nosotros nos estamos volviendo consciente de ella, extrañamente.  Dos miembros más improbables de una relación difícilmente pueden ser imaginados, el simio tecnológico y el planeta que ensueña”, Terence Mckenna.

Iniciamos este artículo diciendo que la noósfera es una utopia, porque es la idea-semiilla de una colectividad idílica que busca funda-mentalmente materializar un sueño, en realidad, eterrealizar todas la mentes en una mente, una gran capa radiante de consciencia interpenetrante y como tal va más alla de nuestra concepción del espacio material… Se conecta con la concepción de un espacio espiritual o un espacio de información similar a lo que en sánscrito se conoce como Akasha, palabra que significa éter, pero que también ha sido entendida por la teosofía como una biblioteca inmaterial o un banco de memoria universal: los registros akashicos. En esta cosmovisión, todo el espacio –el éter- en sí mismo es una plétora holográfica de información, en cada partícula de éter, tenemos toda la información del universo, como si en cada bit estuviera todo el internet (la teoría cuántica ha llamado esto el q-bit y la teoría de sistemas el holón). La noósfera es un avatar de Akasha, en el que amanece la posibilidad de conectarnos telepáticamente a toda la información del planeta y de cada uno de los organismos que lo componen, recibiendo en el plano místico la la  galvanización “de la verdad que os hará libres”.

Es una utopia porque las personas que han encarnado la movilización de la noósfera son grandes optimistas que ven en la evolución un vehículo de la inteligencia que no puede cejar, una arrolladora máquina orgánica que se magnetiza con el fin de la historia. Tanto Teilhard, como Vernadsky, como los continuadores de esta idea (Mckenna, José Arguelles, Ken Wilber) son en el fondo utopistas, que acaso por su luminosa capacidad de penetrar en la noósfera misma y obtener la epifanía de su conciencia tienen una enorme confianza en su ineluctable sendero. Pero tenemos el caso de James Lovelock, quien popularizará la noción de que la Tierra es un ser vivo que se autorregula con su teoría de Gaia, y que en su trabajo más reciente considera que debido a la faltalidad de nuestras acciones, y su efecto en el cambio climático, para el fin de este siglo solo existirán 150 millones de seres humanos sobre la faz del planeta ¿Será la noósfera solamente de ellos, los elegidos, concretizando el paraíso de la mente pero destruyendo el espíritu democrático de su origen? ¿O tendrán que reiniciar el sistema y atravesar un nuevo proceso evolutivo para congraciarse con la inteligencia nativa del planeta?

Pero sigamos por el sendero óptimo de la utopia, encausando la cristalización, tal vez participando en el tejido inalámbrico de este gran mandala planetario, esta collar de perlas de Indra en el que cada perla refleja no solo a todas las otras perlas sino todos los reflejos que se dan entre sí (donde las perlas son los pensamientos).

Erik Davis en su libro Techgnosis, postula la tesis de que la tecnología esconde dentro de su hardware, en su inconsciente, el deseo de materializar el espíritu. Davis dice sobre la noósfera de Teilhard:

“Teilhard no tenía dudas que esta transferencia (el mecanismo de evolución transferido hacia el nivel social y consciente) era por el bien, porque a la larga la actividad humana habría de despertar al planeta mismo. Desde sus inicios, el jesuíta creía, la mente humana se tejió a sí misma en una matriz colectiva de comunicación e interacción, una red etérea de consciencia que no solo vinculaba a la individuos humanos sino que estaba destinada a cubrir a toda la biósfera como la piel de una cebolla. Teilhard llamaba a esta corona cerebral de la creación la “noósfera”, una entidad psíquica colectiva que surgió del mismo impulso orgánico y simbiótico hacia la unidad y a la compleijidad que inicialmente llevó a los elementos químicos libres a unirse en moléculas y células”.

En la noósfera, estas unidades que se alían, son bits culturales, memes, lenguaje, imaginación, pensamientos y posiblemente vidas humanas en un crisol holográfico de sueños y emociones cuánticamente entrelazadas.

La influencia de la noósfera de Teilhard fue fundamental en los inicios del internet. Los fundadores y editores de la revista Wired, Kevin Kelley, Louis Rosseto y John Perry Barlow, tomaron las ideas de Teilhard y las reprocesaron dentro de las tecnologías de la información, haciendo del la vision prístina del internet un espacio neo- neurobiológico, donde la Red es la materialización –más allá de la metáfora- de las conexiones neuronales (y la información es el espíritu que se transmite electrofantasmagóricamente, anunciado, como el arcángel, la llegada de una nueva era).

Perry Barlow escribió en Wired: “El punto de toda la evolución hasta este momento es la creación de una organización colectiva de la Mente”.

Rosetto dijo en una entrevista (citado por Erik Davis): “Lo que parece estar evolucionando  es una conciencia global formada de las discusiones y negociaciones y sentimientos que están siendo compartidos por individios conectados a las redes a través de aplicaciones cerebrales como las computadoras. Entre más mentes se conectan, más poderosa la conciencia sera. Para mi, esta es la verdadera revolución digital –no computadoras, no redes, sino cerebros conectándose a cerebros”.

El ver reflejadas en la tecnología las ideas de Teilhard de Chardin y el optimismo generalizado de que la inteligencia  (como en el caso de Tim Leary) conquista el espacio y nos hace emerger del polvo como creadores y controladores de nuestra realidad, da pie al transhumanismo y extropianismo, que postulan la posibilidad de escapar de la prisión del cuerpo y la muerte hacia una especie de noósfera puramente digital en la que nuestras conciencias inmortales, aumentadas por la interacción con las máquinas, estén totalmente conectadas y puedan acceder a paraísos artificiales de diseño. Este es el sendero donde la tecnología reemplaza a la magia, y las máquinas a los cuerpos como vehículos del espítritu (que se vuelve información y luz eléctrica).

Pero por otra parte tenemos a Ken Wilber quien concibe la nueva etapa en nuestra historia como el “nooceno”, una epoca donde la inteligencia toma control de la sociedad, cuyo éxito estará determindado por “como logremos manejar y adaptarnos a la inmensa capacidad de conocimientos que hemos creado”.

El refinado proyecto de la Universidad de Princeton, Gobal Consciousness Project (GCP), mide  los momentos en los que la consciencia humana se sincroniza y se vueleve coherente afectando el comportamiento de sistemas aleatorios. Es decir, momentos en los que la consciencia global afecta la materia. Midiendo eventos como el ataque  de las Torres Gemelas, las elección de Obama o meditaciones colectivas, los científicos de Princeton (liderados por el maverick Roger Nelson) han notado que la sincronización de millones de personas afecta estos sistemas generadores de números aleatorios de forma que  habría 1 en mil millones de posibilidades que esto se debiera al azar. Estos “electrogaiagramas”  o EGGs (electroencefalogramas de la mente de Gaia) sugieren que existe “una noósfera emergente o el campo unificado de la conciencia descrito por los sabios de todas las culturas.”

 

*Esta imagen cambia en tiempo real, cada minuto de data es  traducido en una configuración de estética fractal que refleja el pensamiento colectivo del planeta registrado por el GCP.

Tanto Terence Mckenna como José Argüelles veían en la ominosa fecha del 2012 la cita planetaria con la noósfera. Mckenna concibió la historia como un fractal que se aceleraba hacia su concreción en diciembre del 2012; un punto en el que todos los ciclos de la historia se comprimieran en un sólo instante, en el que todo sucedería a la vez, una especie de Big Bang en reversa. Un punto similar a lo que Ray Kurzweill llama la Singularidad, en el que la cantidad de información apilada y su hiperfluida circulación por una especie de reacción en cadena –o efecto 100 monos– iluminaría al mundo (la pregunta es si ¿a las máquinas o a los hombres?).

Argüelles, quien falleció hace unas semanas, poco más de un año antes del 21 de diciembre del 2012, la fecha culmen a la cual le dedicó todo su trabajo, dejó un libro póstumo: The Manifesto for the Noosphere: Next Stage in the Evolution of Human Consciousnes. Reality Sandwich ha publicado un extracto de este libro que viene a colación como un ouroboros en el dedo.

En el libro Argüelles traza su entrañable relación con la idea de la noósfera y nos remite a la evolución de este concepto dentro del marco de la esperanza onírica del 2012.  Es interesante notar que fue el genio mulifacético R. Buckminister Fuller quien introdujo a Argüelles a la vision noósferica, fue él quien “primero me sugirió la presencia de un sistema de almacenamiento y recolección existiendo como un campo psíquico o cinturón de pensamientos alrededor del planeta. Fue a través de este medio, me escribió Bucky, que podia conversar con los filósofos pre-socráticos mientras caminaba por la playa”.

En su libro In Earth Ascending (1984), Argüelles postula la existencia de un banco psíquico: “ el sistema de recolección y almacenamiento de información codificada de la noósfera y programa de cronometraje de ADN , localizado entre y en resonancia con los dos cinturones de radiación del campo electromagnético de la Tierra”.

Argüelles retoma la noción evolutiva de Teilhard y su punto Omega y, en buena medida, la transforma dando a luz al movimiento new age con el 2012 como punto focal. Entre la destrucción y la iluminación; Argüelles, como Teilhard, gusta de voltear sus huevos al sol:

“Porque nosotros como especie, el agregado de las células que llevan la conciencia de la Tierra en evolución, no estamos aún despiertos a nuestro papel como un organismo planetario, así también la noósfera no está aún del todo consciente… encontraremos la resolución y la voluntad para reconstruir la noósfera… hacia un nuevo orden  armónico de realidad superorgánica basado en un estado de conciencia distinto al que ha existido antes en la Tierra”.

Argüelles considera que estamos al borde de la posibilidad de convertir nuestra existencia en un obra de arte, sublimándonos en la “nave Tierra”.

“Una plétora de estructuras arquetípicas, reprimidas hasta ahora, se liberarán a través de los canales hasta ahora inimaginados de posibilidad artística, dando forma a una simbiosis entre la imaginación humana y el orden natural”.

Teilhard de Chardin veía el desenlace del proceso noósferico en la convergencia de materia y mente, donde según él seremos magnéticamente autodevorados por el Punto Omega, la conciencia crística al final del tiempo. Cristodestellará como un relámpago” y la materia colapsará en espíritu absoluto”. Parfraseando el poema de T.S. Elliiot, el universo no terminará ni con un gemido (whimper) ni con una explosion (bang), terminará con el flash eterno del Espíritu.

Mckenna, en éxtasis psicodélico, veía así este paso al Punto Omega:

“Debemos de lograr exteriorizar el alma humana al fin del tiempo, invocarla a su existencia como un OVNI y abrir el umbral violeta hacia el hiperespacio, atravesarlo, afuera de la historia profana y hacia un mundo más allá de la tumba, más allá del chamanismo, más allá del fin de la historia, hacia el milenio galactico que nos ha llamado por millones de años a través del tiempo y el espacio”

Argüelles continua con esta euforia:

“La humanidad está atravesando la última  etapa preparatoria para entrar, como un colectivo armonizado, a este tiempo de sueño consciente… Una vez que nos alineemos con la noósfera percibiriemos y sabremos radialmente. Experimentaremos todo como múltiples correspondencias que vinculan a todo con todo lo demás en un universo multidimensional armónicamente sincronizado… nos convertiremos en una nueva especie — Homo noosphericus”.

En su libro “El Futuro del Hombre”, Teilhard de Chardin argumentó que las experiencias místicas descritas por santos o yoguis eran en realidad emanaciones del Punto Omega. Algo similar ha dicho el físico David Bohm: las experiencias de interconexión total, el misticismo, la telepatía, provienen del mar de energía subcuántica que llama la Totalidad Implicada; el Mundo de la Voluntad en palabras de Schopenhauer. Es posible que este tipo de epifanías provengan de una conexión con el código fuente de nuestra realidad que podemos llamar Akasha. Argüelles a lo largo de su trabajo desarrollando una nueva versión del calendario maya, la frecuencia 13:20, dijo haberse conectado con el espírirtu de Pakal Votan; Teilhard de Chardin tuvo un momento místico en el desierto de Gobi en China que fue fundamental a su fusión del cristianismo con la teoría de la evolución, creando un cristianismo cósmico; Mckenna vislumbró su Onda del Tiempo Cero, de la cual dedujo que el 2012 sería el fin del fractal de la historia, en un viaje de hongos. ¿Es posible que estos hombres se hayan conectado con la misma noósfera que describen, por un momento deslumbrante descargando datos de la matriz arquetípica que resguarda en su biblioteca etérea la gnosis de la mente divina?

Es difícil decir si la noósfera sólo es uno de nuestros mejores sueños, cultivado en mentes brillantes pero con un dejo de delirio religioso y mesiánico, o es inmanente a la evolución misma, una inevitabilidad de vivir en un universo creado por la Mente misma, un enorme espejo del plan de la creación, el final es el principio, un mismo instante que la evolución hace río, que proyecta la eternidad en tiempo. Lo cierto es que construimos la realidad a través de modelos y el modelo de la noósfera es el mejor que tenemos para incluir la interconexión, la telepatía, la sincronicidad, la capacidad de crear con la palabra, de fundir el mundo de la ideas con nuestra realidad experiencial… El modelo que postula la posibilidad de despertar colectivamente a un sueño lúcido.

DREAMING THE DIMENSION OF RANDOM SIGHT

Monte Carlo and Random Walks flow through the synapses of the meditating monk,

Brownian Motion the master says,

you’ll not find it in this dimension even if you use your head,

He picked up a stick and threw it into the air,

and said now that’s a perfect motion in which you can declare.

Find not my son the trajectory of the cannon ball’s flight,

the sea is the mother the wave is the light,

You think you are separate and that’s your fate,

if you could only see from where I’m sitting there would be no debate,

Stochastic processes, multidimensional parabolic states,

I don’t think so, you’re way too late,

Consciousness continually searching for itself in every delight,

so how might I find you on this continuous flight?

Look not at the structure or the zero point wave,

where you’ll find me is whispering in a EGG.

– Tom Sawyer, Santa Rosa, CA (Global Consciousness Project)

Fuente: Pijamasurf

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En un destacada iniciativa, una ley apoyada por el gobierno y la gente de Bolvia propone establecer un Ministerio de la Madre Tierra y otorgar a la naturaleza igualdad de derechos con el ser humano

Bolivia está por pasar la primera ley en el mundo que le otorga a la naturaleza los mismos derechos que a los seres humanos, haciendo al hombre, a la planta, al animal, al río o a la montaña, iguales. La Ley de la Madre Tierra, acordada por los politicos y con un fuerte apoyo popular, redefine las riquezas minerales del país como “bendiciones” y propone radicales medidas de conservación para reducir la contaminación y controlar la industria.

La nueva legislación otorga 11 derechos básicos a la naturaleza, entre los que destacan: el derecho a la vida y a la existencia; el derecho a continuar ciclos vitales y  procesos libre de la alteración humana; el derecho al aire  limpio y al agua pura; el derecho al equilibrio; el derecho a no ser contaminada; el derecho a no tener su estructura celular contaminada o alterada genéticamente.  Y quizás, lo más interesante: el derecho “a no ser afectada por mega infraestructuras y proyectos de desarrollo que afecten el balance de los ecosistemas y las comunidades de los pobladores locales”, lo que en teoría prácticamente bloquearía la mayoría de los proyectos petroleros, mineros y de extracción de recursos naturales. Algo que habrá que verse, ya que Bolivia recibe cientos de millones de dólares de compañías extranjeras en el sector minero y las leyes son suficientemente abstractas para encontrar caminos para seguir explotando en cierta forma la naturaleza. En Ecuador, una legislación que también da derechos básicos a la naturaleza, no ha impedido que las compañías petroleras sigan destruyendo partes biológicamente invaluables del Amazonas.

No quedan claro tampco algunos detalles de aplicación, ¿tendrán los bichos y los insectos, los mismos derechos que los mamíferos o las aves?

“Es histórico mundialmente. La Tierra es la madre de todos”, dijo el vicepresidente Alvaro García Lenera. “Establece una nueva relación entre el hombre y la naturaleza, la armonía que debe de ser preservada como garantía de su regeneración”.

Como parte de este proyecto que reconoce a la Madre Tierra, o Pachamama, entre las culturas locales, como una entidad legal, se establecerá un Ministerio de la Madre Tierra y se nombrará un ombudsman para monitorear a las industrias y proteger a las comunidades y ecosistemas. Habrá que verse hasta que punto esto no es solamente un nombre más sofisticado para el Ministerio del Medio Ambiente, de cualquier forma la iniciativa del gobierno del primer presidente indígena de la región, Evo Morales, es digna de celebrarse y quizás en algunos años sea recordada como precursora de una legislación global impostergable, sensible a la consciencia de que la Tierra  no sólo es el sustento de todos los seres vivos, es un ser vivo en sí misma.

[Guardian]

Visto en: Pijamasurf

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LA TIERRA Y nuestras emociones de AMOR

Con Annette Deyhle.
Es geóloga y geoquímica marino. Forma parte del equipo de Iniciativa de Coherencia Global y coordinadora de la investigación para el Instituto de HeartMath. . heartmath.org . glcoherence.org
Mas información en fundacion-soliris.eu/​conciencia.htm#coherencia
glcoherence.org/​templates/​gcp/​downloads/​pdf/​re
información en español del Proyecto Iniciativa de Coherencia Global
MEDICIONES DE LA RESONANCIA SCHUMANN Y LOS SERES HUMANOS,
Nos lo ha contado Annette Deyhle Phd. que es la persona encargada de recoger y medir los datos de varios magnetoscopios repartidos por la Tierra. La meta es tener 12 repartidos por todo el mundo y medir
EL IMPACTO QUE TIENEN NUESTRAS EMOCIONES EN LA MADRE TIERRA… Podríamos decir que el AMOR y el DesAmor la influye especialmente. Este fue el tema de nuestra última entrevista con SOLirisTV con Annette Deyhle Phd de la INICIATIVA de COHERENCIA GLOBAL.
Ya hay evidencias empíricas de que podemos calmar los terremotos e incluso predecirlos. Estas mediciones se están haciendo con Magnetoscopios el principal está en California, USA, acaban de montar uno en Saudi Arabia y otro en Inglaterra.
¿PODREMOS AYUDAR A APACIGUAR LOS MOVIMIENTOS DE LA TIERRA?
Al parecer si podemos, ya hay pruebas y evidencias científicas.

Fuente:Marysol Gonzalez Sterling

PROGRAMA de SOLirisTV del 27 de enero
en directo fue en fundacion-soliris.eu/​radiotv.html

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