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Posts Tagged ‘Conciencia Galáctica’

2012 convulsión – No pretendo crear alerta social ni miedo en la población, pero sí que estéis informados y avisados: El Apocalipsis existe, pero está dentro de Tí. Ùltimo círculo de las cosechas en Inglaterra: Un reloj polar que apunta al 4 de Agosto ¿? Hay otra fecha más en el reloj 21/12/2012 (Video)

Fanatismo, psicosis, profecías, sectas, movimientos new age, apocalipsis… son algunas de las  palabras que no sin razón enjuician desde un punto de vista racional y bien argumentado, una versión más de los hechos que anticipan un acontecimiento interpretado por unos y otros desde muy diversas perspectivas…

Éste documental ha sido compilado, recopilando información relevante de los últimos meses (2012) disponible en internet, youtube y tv libres como éste vuestro canal.

No pretendo crear alerta social ni miedo en la población, pero sí que estéis informados y avisados

 
“El Fin del Mundo, TAL Y CÓMO LO CONOCEMOS AHORA”.
 
 
Sólo las palabras son apocalipticas en sí mismas…el lenguaje refleja el estado mismo de las “cosas”. Todas nuestras creaciones, un escrito, un dibujo, una fotografía…son reflejos de nuestro propio Ser
Detras de tantas etiquetas, cuestionamientos, movimientos, dudas, estás Tú, y Tú eres pura energía en movimiento, Amor…La Evolución significa tomar conciencia de lo que Somos, y para qué estamos aquí…Si en tu interior hay caos, el apocalipsis se manifiesta; Si en tu interior hay Amor, el Amor te llevará a descubrir lo que hay dentro de tí, en tu Universo, allí está el paraíso, y la tierra prometida se alcanza aquí, sólo debemos elevar nuestra consciencia por encima de todo aquello que nos habían contado y enseñado…”En eso consiste, espiritualizar la materia…VIVIR…”.
 

El Apocalipsis existe, pero está dentro de ti.

 
 
What we call the beginning is often the end.
 
And to make an end is to make a beginning.
 
The end is where we start from.
 
T.S. Elliot
 
 
No es la primera vez que el mundo vive una fiebre apocalíptica. La historia como un fractal recurrente se repite en la psique, con sus relativas variaciones. Tampoco, aunque a veces pareciera, la anticipación del Apocalipsis es solamente el terreno del fanatismo religioso y de las “masas ignorantes”.
 
Es posible que el Apocalipsis sea una parte arquetípica de la conciencia humana.
 
A poco más de dos años de la ominosa fecha cifrada en el solsticio de invierno del 2012 como un conjuro planetario, pesadilla o tal vez sueño lúcido colectivo, vemos cada vez más las manifestaciones psicosociales del milenarismo que rayan en la paranoia, el delirio místico y el wishful thinking (aunque siempre existe la posibilidad de que entre todo esto haya una irradiación de clarividencia, de la evolución acelerada como fruto de la conciencia de que creamos la realidad a través del consenso (o conspiración de los sentidos).
 
Ante la parafernalia —real o ficticia— escatológica, algunas personas planean irse a vivir a cuevas, búnkeres, bosques, lejos de la corrupta Babilonia, guareciéndose del gran cataclismo del clima espacial; establecer nuevos sistemas de intercambio (esto hay que celebrarlo) y sinergia con la naturaleza.
 
Otrosaguardan la llegada del Nuevo Orden Mundial, el tatuaje cibersatánico del ganado humano, la computarización del alma humana: la destrucción del mundo (la alimentación de la divinidad de Lucifer como su fulminación) a través del simulacro o del hoax hiperrealizado. No son los menos los que ven ya una intervención de hermanos de las estrellas —pleyadianos, arturianos, sirianos, etc.—, oscilando entre dimensiones, aparcados entre los mundos, con sus naves de conciencia, extendiendo su mano entre la bóveda azul como un guardián del futuro (los otros nosotros, en la noósfera galáctica) y anticipan su heraldo blanco para elevarnos a una esfera plusdimensional, la fraternidad galáctica de la luz o su versión teosofista previa, la gran fraternidad blanca, boddhisatvas en Shambhala, con sus rayos violetas, humanos iluminados, conectados con el centro de la galaxia y sus rayos cósmicos.
 
La historia como teleología de este momento cúspide: el regreso de Jesucristo, parusia prometida, el edén del gen activado por la espiral danzante. Otros rebeldes del New Age ven en el mesianismo la mano del mass media, mano masónica, Maia. ¿Cristo será un extraterrestre? ¿Un holograma? ¿Una bandera falsa que agrupe al mundo bajo la tiranía velada de los reptiles, arcones, controladores, seres inorgánicos y cualquier otro nombre que se les da estos vampiros programadores y succionadores de la Matrix? Según una de las versiones más interesantes de la nueva mitología cósmica, la cuántica, el mundo se bifurcará (se está ya bifurcando), algunos seguirán viviendo esta alucinación tridimensional, como si nada hubiera pasado, solo que condenados a la prisión de su poca percepción; otros se bifurcarán a un jardín trastemporal que podría ser el paraíso en comunión con la Diosa Gaia Sofia, la divina madre Tierra. Vivirán en una orgía espiritual, de regreso al origen, copulando con mujeres, diosas, estrellas, conversando con plantas y animales, en el siguiente grado del aprendizaje de diseño de universos. Ser es crear.
 
(Creer es Crear…)
 
 
Todo esto parece ser un cóctel extraordinario de creencias y proyecciones en el espejo neuroplástico de la realidad. No se puede negar que es extraordinario, particular al tecnomomento de la humanidad. La (des)información circula como nunca, Internet es el terreno más fértil para la construcción de sistemas de creencias, para viralizar memes y crear sectas (algunas de ellas podrían ser puertas ciertas, pero ¿quién puede estar seguro?). ¿Hasta qué punto los cambios que vemos en el planeta son únicos en su historia? ¿Hasta qué punto son una burbuja de propaganda con agenda incluida? Es difícil decirlo.
 
Lo que sí parece inapelable es que la tecnología está cerca de llegar a un punto singular, en el que se pone en juego la continuación de la especie o su mutación. Estamos al borde de poder manipular nuestro propio código, nuesta álgebra existencial, burlar la decadencia del cuerpo, aumentar nuestra inteligencia, rediseñar nuestra genética, al mismo tiempo que apuntamos a un abismo de inconciencia egocéntrica que coquetea con la aniquilación. ¿Pero tiene esto una contraparte galáctica? ¿Es el resultado de una pauta cósmica que se refleja en el planeta, que nos coloca entre el cielo y el abismo, en un punto único y sin retorno?
 
El ex bajista dela banda Blonde, Gary Lachman, se ha convertido en un escritor relativamente notorio en el ocultismo y en el new age, defendiendo una postura sobria y escéptica.
 
Lachman sostiene que en varias ocasiones la humanidad ha esperado el Apocalipsis: «El deseo de cruzar el límite de las condiciones de vida de una vez por todas parece estar embebido en la psique y es una forma de impaciencia histórica o evolutiva».
 
Lachman, sin embargo, advierte, sobre los niños de la luz de Acuario y el poder de las flores: «Expectativas exoribitantes pueden llevar a profundas depresiones y, en un sentido macrocósmico popular, en algunos años el amor y la paz abrazados sin reserva por la generación hippie se volvieron ‘el sin futuro’ de los punks».
 
 
¿Qué hacer cuando no llegue el Apocalipsis? Por lo pronto lo más sensato parece tomarlo con calma.
 
La escatología muestra que existen numerosos momentos de anticipación apocalíptica. Por ejemplo, en el año 156, el frigio Montanus declaró que era la encarnación del Espíritu Santo, acorde al cuarto evangelio, y que revelaría la llegada de reino de Cristo, quien descendería de forma física del cielo (¿en un OVNI?) para transformar Frigia en una Tierra de santos. Miles de cristianos emigraron a Frigia en espera de la llegada del Mesías. Asimismo, como se sabe, en el año 999 se generó el primer evento de milenarismo masivo, en el que una parte del cristianismo anticipó el fin del mundo. También cerca del 1200 la hermandad del Espíritu Libre, una comunidad de cristianos radicales, crearon una de las primeras comunas hippies rechazando la propiedad privada y se dedicaron al amor libre y al hedonismo, todo porque esperaban la inminente llegada del fin del mundo (¿cómo saber que el Apocalipsis no llegó para los que lo buscaban?). En 1666 el judío turco Sabbatai Zevi abandonó su autoproclamación como mesías cuando tenía ya un enorme grupo de seguidores ante la amenaza del Sultan Mehmet IV de hacer anatema de su doctrina.
 
En el albor del siglo XIX el mago británico Aleister Crowley, después de utilizar a su esposa como médium en un acto de magia sexual para canalizar a un espíritu extraterrestre, anunció la llegada de un nuevo eon, el de Horus. Un par de décadas después Alice Bailey, la continuadora de la teosofía de Helena Blavatsky, canalizando a un espíritu ascendido de la Gran Frat Blanca, dio cuerpo a la visión de una nueva era. Por esos tiempos el filósofo Walter Benjamin, en sus ensayos “Crítica de la Violencia” y el “Carácter Destructivo”, abogaba por la necesidad de un vehemente evento conclusivo que restaurara el paraíso en el mundo caído. Benjamin entiende que la energía creativa es también destructiva, que la muerte es vida.
 
En 1974 el Apocalipsis entró en la imaginería popular con el cometa Kohoutek. Un grupo cristiano llamado los Children of God, que estaba a favor de “hacer el amor de forma revolucionaria”, repartió panfletos anunciando el fin del mundo en enero de ese año.
 
En 1987 Jose Argüelles, el autor de un nuevo calendario maya, organizó eventos mundiales en torno a la Convergencia Armónica, una alineación astrólogica que encauzaría a la humanidad hacia la asención planetaria en diciembre del 2012. El etnobótanico y superestrella psicodélica, Terence Mckenna, en un viaje de hongos en la década de los setentas, habría entrevisto el final, el escatón, un extraño atractor, punto omega, que magnéticamente llameaba como una puerta violeta al final de la historia. Mckenna, combinando el I Ching con matemáticas fractales, marcó el 2012 como la fecha cumbre y luego adaptó su previsión al 21 de diciembre de 2012, en la que aparentemente acaba el calendario maya. Día, también, en el que existe, según John Major Jenkins, una nueva alineación con el centro de la galaxia, Hunab Ku, que simboliza el renacimiento: como en el juego de pelota, el sol atraviesa el vórtice uterino de la madre galáctica. Luego vino el 2000, el Y2K y un fuego de petate en el cielo.
 
 
Todo esto nos introduce a una posibilidad, que a mi juicio es aún más interesante que el cumplimiento de una profecía o de una manipulación histórica. Que el Apocalipsis existe en la mente. Como un drama cósmico que se reactúa. Que el 2012 es justo lo que llama Argüelles en su calendario “el encantamiento del sueño”. Un sueño entrañable en el mandala de la humanidad: la gran ficción que se amalgama conla realidad.
 
 
Consideren esta teoría:
 
Tal vez la noción o deseo de revelación de Apocalipsis (to pop an Apocalypse, a pill, a rabbit, an angel), que genera tanto fanatismo y psicosis sea consustancial a la percepción del universo, justamente la penetración del velo (la fulminante desnudez de Isis).
 
No porque el Apocalipsis esté escrito en una fecha futura, profética, escritura celeste, sino porque es una transmutación de la eternidad, un asomo de la inexistencia del tiempo o presente perpetuo que encierra, como un fractal, la historia entera del universo; una irradiación del paradisíaco jardín hiperespacial entrevelado en cada átomo del universo.
 
No porque el Apocalipsis nos aguarde en el futuro, como un extraño atractor, sino porque todos los instantes son el Apocalipsis. ¿Es posible que más allá de los ciclos naturales de la galaxia, del Sol, de la Tierra y del mismo ser humano, y sus diferencias cualtitativas, el mítico retorno de la Edad de Oro sea la representación del vislumbre de la eternidad?
 
 
El fin del mundo ya sucedió, verlo, como ver el espíritu en todo su esplendor en el cuerpo que muere, es la edad dorada:
 
porque vemos que morimos y nos damos cuenta de que seguimos vivos: redescubrimos que ya somos todo (el Uno y el Otro) y nunca podríamos dejar de serlo.
 
“El chamán es alguien que ha visto el final”, dice Terence Mckenna, y por eso toma su lugar sin ansiedad, mientras la trama se desenvuelve. No existe ansiedad en la visión del final, no solo por saber qué va a pasar, sino por saber que el final es el principio. La serpiente Ouroboros también tiene en la cola el Logos.
 
El Apocalipsis es el eterno retorno del Big Bang en el fractal del universo: el hombre, y en ese sentido es deseable, como rueda cósmica de creación. De conciencia que nosotros creamos el universo. Fuiste tú.
 
El acto de destruir el mundo
sucede en el mismo instante de crearlo.
 
 
Y sin embargo, cuando no llegue el Apocalipsis, hay que celebrar: que seguimos aquí, que aunque no nos hemos convertido en el director de la película, al menos los guionistas no nos han matado en el primer acto dramático presionados por los ejecutivos para insertar pirotecnia y persecuciones. La trama cada vez se vuelve más compleja e interesante, los personajes se vuelven multidimensionales. Los guionistas empiezan a aceptar nuestras recomendaciones, se retroalimenan de nosotros, nos dejan improvisar los diálogos.
 
Celebrar: porque puedes tener tu propio Apocalipsis (tu joystick, tu joyride a la velocidad de la luz) y no el que creías tenían pensado para ti. Es tu derecho divino: decidir, diseñar y poetizar conforme a los prinicipios estéticos del cosmos la forma en la que despiertas del sueño.
 
 

 “Dentro del corazón, se encuentra la verdad. Y la verdad es Luz”

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Un nuevo paradigma en la búsqueda de seres extraterrestres: la conciencia

La búsqueda de vida extraterrestre bajo el paradigma de la biología basada en el carbono descuida la posibilidad de que existan conciencias extraterrestres radicalmente distintas a nuestros preceptos, conciencias que podrían distribuirse por todo el universo de manera incorpórea.

Desde hace algunas décadas, particularmente por los esfuerzos de Carl Sagan, uno de los temas más populares de la divulgación científica es la búsqueda de vida extraterrestre. Todo los días numerosos medios de comunicación reportan sobre los últimos descubrimientos en la exploración del cosmos, desde el estudio de bacterias en meteoros, agua en la superficie de Marte o el más reciente exoplaneta que podría albergar vida. La NASA y el Instituto Seti, entre otras organizaciones, gastan millones de dólares en esta importante tarea que ejerce una profunda y vital reflexión sobre nuestro lugar en el universo. 

Casi todos los esfuerzos de búsqueda de inteligencia extraterrestre están formulados desde una perspectiva biológica y desde el paradigma antropomórfico de que la vida debe de estar basada en el carbono —ya que nosotros, la supuesta punta de lanza del universo, y toda la vida de nuestro planeta, evolucionamos con base en este elemento. Consideramos entonces que el desarrollo de la conciencia es el resultado de la complicación de la materia, un subproducto de la selección natural, embebido en un soporte de moléculas de carbono. Y entonces buscar inteligencia o conciencia fuera del planeta equivale a buscar planetas donde se podrían desarrollar seres orgánicos basados en el carbono, similares a nosotros.

Además de esta tendencia, que ha sido denominada chauvinismo de carbono, también existe la limitante que se ha seguido al suponer que los extraterrestres, de existir, intentarían comunicarse con nosotros por medio de ondas de radio, o que monitoreando las ondas de radio en el espacio podríamos detectar su presencia. Al respecto Terence Mckenna escribió: «Buscar expectantes una señal de radio de una fuente extraterrestre es probablemente una presunción limitada a nuestra cultura, tal como buscar una buen restaurante italiano en la galaxia».

Algunos científicos consideran que la vida podría formarse a partir de diferentes elementos, tales como el silicio o el hierro. El profesor de la Universidad Glasgow, Lee Bronin, se encuentra trabajando en construir células inorgánicas que sean capaces de autorreplicarse, bajo su teoría de  que “la vida” (aunque esta palabra cobra un nuevo significado) podría darse a partir de otro tipo de elementos. 

El astrofísico Victor J. Stenger va más lejos y  cree que es un “chauvinismo molecular” pensar que  la moléculas son completamente necesarias para la generación de vida en el universo. Núcleos atómicos podrían bastar en un universo tan desconocido como el nuestro.

La tecnofilosofía del transhumanismo no solo cree factible y cercana la creación de inteligencia artificial, sino que plantea la posibilidad de que en un futuro podamos descargar nuestra conciencia en un objeto, de la misma forma que se puede subir un software a una computadora. Esto nos lleva a la evidente pregunta de si en apenas miles de años de evolución el ser humano se acerca a un estadio donde esto ya se puede imaginar con cierta base teórica, y por lo tanto seguramente realizar (tal es el poder de la imaginación),  entonces, ¿qué podría ser de una civilización que haya tenido millones de años para evolucionar? ¿Acaso no habrían entrado al ámbito de la postbiología y podrían descargar su conciencia en un satélite computarizado o incluso dismeninarla por todo un planeta o una galaxia entera? Recurriendo a la multicitada frase de Arthur C. Clarke, “La tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”, una magia tal que fusiona la conciencia con el tecné.

¿No sería entonces razonable pensar que podrían existir extraterrestres inorgánicos, inteligencias cósmicas de formas que van más allá de lo que podemos ver en la Tierra y de lo que nuestra mente refleja en el universo? (más…)

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Las conexiones neuronales del cerebro animal y los filamentos que forman los cúmulos de galaxias tienen un asombroso parecido que nos hace pensar que el universo es un enorme cerebro diseñado para tomar consciencia de sí mismo y procesar información

Esta ilustrativa comparación entre la conectividad neuronal de un ratón y un cúmulo de galaxias, nos hace ahondar en la profunda intuición de que existe una correspondencia formal entre todas las cosas del universo, una fractalidad cósmica, que hace honor a la máxima hermética: “como es arriba, es abajo”. También nos  hace explorar la posibilidad, por el mero encanto de las formas y la sublimación de los espejos, de que el universo en sí mismo sea un ser consciente y que su macroestructura sea similar a la microestructura de un cerebro (diseñado para procesar información). Quizás el princicpio fundamental del universo, antes que la energía o la materia, es la información, y esta misma información se manifiesta, se representa de forma en la que pueda ser transmitida en todo el sistema de la forma más eficiente, posiblemente en todas partes al mismo tiempo, a la velocidad de la luz  (a la cual el tiempo deja de pasar).

Nuestras nueronas son estrellas; nuestra sinapsis es una galaxia; nuestro cerebro es el universo.

Sobre esta azogada (y mística) semejanza entre la red neuronal y la red galáctica, Jay Alfred escribió:

Las galaxias visibles en el universo no están aisladas ni desconectadas, sino están entretejidas por una estructura o red de filamentos que es la materia oscura que sirve como andamiaje del universo. Esta estructura en forma de red es una carcterística tanto de la materia oscura como del plasma magnético. La apariencia de esta red tiene un asombroso parecido con una disección del cerebro (ver imagen al principio de la entrada y hacer zoom).

Pero no sólo es la morfología (aspectos estructurales) de la estructura del universo a grandes escalas la que es similar al cerebro humano, sino también la fisiología (las funciones). Estos filamentos transportan corrientes de partículas cargadas (iones) a lo largo de grandes distancias que generan campos magnéticos, al igual que una fibra nerviosa. Y forman circuitos, al igual que los circuitos neuronales en el cerebro.

El alto grado de conectividad es lo que distingue al cerebro de una computadora ordinaria. La conectividad también es notable en la red cósmica. Las galaxias se forman cuando estos filamentos se cruzan entre sí. Un cúmulo (nexus) de filamentos provee la conectividad para transferir no sólo energía sino información de un núcleo galáctico a otro.

[Earth’s Brain Akashic Records]

Visto en Pijamasurf

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