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Los campos akásicos y la dinámica evolutiva del universo. Ervin László

Dos veces candidato al Nobel de la Paz, este físico y filósofo de la ciencia húngaro aboga por “una cultura más ética”, desde un “interés transdisciplinar”.

Por Ima Sanchis

 La dinámica de la evolución

 

Niño prodigio, virtuoso del piano, el húngaro Ervin László (Budapest, 1932) debutó a los nueve años con la Filarmónica de Budapest. Dos veces nominado para el Premio Nobel de la Paz, este doctor en Filosofía de la Ciencia con cuatro doctorados honoris causa creó el Club de Budapest, un laboratorio de ideas para un mundo más ético, y la Universidad del Cambio Global, que opera por Internet y ofrece un programa de graduación en economía, arte y religión. Tiene 75 libros publicados, entre ellos El cambio cuántico: cómo el nuevo paradigma científico puede transformar la sociedad , El cosmos creativo y La revolución de la conciencia , editados por Kairós. Sus investigaciones le han llevado a defender la existencia de un campo cósmico de interconexiones que conserva y transmite información. “La política de partidos está obsoleta, en el futuro las personas se auto organizarán en grupos –señala–. Creo en una realidad superior que puede incorporarse dentro del conocimiento científico”.

Concertista de piano, filósofo, físico…

Mi interés es transdisciplinar. De lo físico surgió lo biológico y más tarde lo social, psicológico, político. Es todo un continuo y yo siempre he querido entender qué proceso hay detrás de todo ello y cuál es nuestro lugar dentro de ese proceso.

Y fundó el Grupo de Investigación sobre la Evolución General.

Quería saber más y era consciente de que solo no lo iba a conseguir, así que reuní a un grupo de científicos y pensadores para desarrollar una nueva teoría general de la evolución que iluminara el camino de un mundo mejor en respuesta a la rápida proliferación de armas nucleares.

Y el Club de Budapest (1993).

Para cambiar el rumbo de nuestro mundo (insostenible, polarizado e injusto) y encaminarlo hacia la ética y el humanismo.

Los líderes no estaban dispuestos a hacer nada. Nosotros, científicos de distintas áreas, defendíamos otro tipo de crecimiento, que hoy llaman sostenible, y teníamos claro que necesitábamos líderes de opinión para difundirlo. Entre los primeros miembros estaban el Dalái Lama, Milos Forman, Mijaíl Gorbachov, Yehudi Menuhin, Rostropóvich, Arthur Clarke, Desmond Tutu. Ahora ya somos sesenta.

¿Y ha encontrado una teoría científica que sustenta esa lucha?

Creo que hay un campo de información como sustancia del cosmos del que participamos todos. Esa dimensión que no se puede observar pero que es real hace que todas las cosas se conecten entre sí y es también una memoria: cuando algo tiene lugar, la información permanece en esa dimensión.

Lo ha llamado campo akásico.

Hace 5.000 años los sabios hindúes, aparte de los cuatro elementos (aire, fuego, tierra y agua), definieron un quinto que los contiene a todos: akasa , matriz de toda materia y fuerza del universo. Me di cuenta de que esa idea era la que yo intentaba definir como campo psíquico profundo y le cambié el nombre. Hoy muchos científicos trabajan con ella.

¿Tiene bases científicas?

Sí, tengo varios libros publicados que ahondan en ello. El campo akásico crea coherencia entre los distintos campos (electromagnético, gravitatorio, nuclear, cuántico y el de Higgs) y explica los misterios que las diversas ciencias compartimentadas no son capaces de explicar, por ejemplo: no se entendía cómo organismos complejos se transformaban en otra especie, capacidad sin la cual todavía seríamos algas marinas.

Las llaman mutaciones espontáneas.

Fred Hoyle, reconocido cosmólogo y físico inglés, calculó la posibilidad de ese azar: “Equivale a que un huracán entre en un desguace y que su paso deje un avión montado”.

Todo está autoorganizado. Otros científicos y yo creemos que el campo akásico está implicado en la evolución de los universos.

¿Cómo evolucionan los universos?

Nacen unos de otros. Al big bang se le llama ahora el big bounce (el gran rebote). Un universo como el nuestro va expandiéndose hasta que se colapsa y empieza a contraerse hasta una dimensión cuántica, toda la materia del universo acaba en la cabeza de un alfiler, y entonces la fuerza de expansión es tan fuerte que ocurre una explosión que crea nuevos universos.

¿Y vuelta a empezar?

La información que se ha generado en este primer universo es heredada por el segundo, de la misma manera que un cigoto tiene la información de los padres. El campo akásico es holográfico, la información de toda la imagen está en cualquier punto. Todo está conectado y nada desaparece.

Entonces, usted o yo, ¿contenemos toda la información del universo?

En un estado alterado de conciencia podemos acceder a esa información que no está en el cerebro pero que este es capaz de capturar. El gran error del mundo moderno ha sido considerar que todo lo que no se puede oír, tocar o ver es una ilusión. La realidad fundamental no es observable directamente. Por ejemplo: si tiro una lapicera observo cómo opera la gravedad, pero no puedo ver el campo gravitatorio, sólo el efecto. Todas las fuerzas de la naturaleza están en esa dimensión más profunda y sólo observamos los efectos. Yo baso mi teoría en la física cuántica, en las observaciones biofísicas de los seres vivos, en la psicología transpersonal y en la cosmología que estudia los multiversos.

¿Cómo explica la convulsión actual?

Es parte de la dinámica de la evolución, cuando se alcanza un punto crítico, el punto de bifurcación, el sistema o bien se desmorona o bien se reorganiza de otra manera para estabilizarse.

Estamos en ese punto crítico.

La Tierra es como una nave espacial con una tripulación de 7.000 millones de personas. Recibe energía del Sol pero no materia, por tanto la regla es sencilla: hay que reciclar, vivir en armonía entre nosotros y con el planeta, crear una cultura más ética.

Conciencia multidimensional. Ser consciente

Fuente  Revista de Cultura  Clarin.com

Visto en Pijamasurf

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Un acercamiento desde la física cuántica al espiritismo y a la transmisión de la energía psíquica: Vivimos en un mundo donde no siempre sabemos que está causando las cosas, influencias invisibles afectan nuestro destino, modifican nuestro pensamiento, como si fueramos parte de un cerebro del tamaño del universo

“Felix, qui potuit rerum cognoscere causas”, Virgilio (Feliz el que puede conocer las causas de las cosas).

“La bomba ha estallado…

-¿Qué bomba?- pregunté

-La bomba psíquica, la bomba maestra. Estalla y nadie se da cuenta. Destruye corazones, almas y mentes, y deja intactos los cuerpos y las neveras.” James Baldwin

En el mundo en el que vivimos la mayoría de las veces no sabemos qué es lo que causa las cosas. Aunque la física clásica sostiene que el universo es una especie de máquina concatenada en la cual las mismas causas tendrán siempre los mismos efectos y en el que si sabemos un estado inicial podemos predecir prácticamente todos los estados futuros dentro de un sistema, nuestra vida -nuestra vida psíquica y espiritual- y las cosas con las que nos encontramos no son tan fáciles de insertar dentro de este esquema.

En el poema “Alguien”, Jorge Luis Borges dice: “puede sentir de pronto, al cruzar la calle, una misteriosa felicidad que no viene del lado de la esperanza  sino de una antigua inocencia, de su propia raíz o de un dios disperso”.¿Alguna vez te has sentido alegre sin razón aparente, sin causa coherente, solamente porque las circunstancias se conjugaron de manera  inesperada, una mañana radiante, una felicidad que no parece provenir de un hecho concreto? ¿Alguna vez te has sentido miserable intempestivamente, cuando las cosas iban bien y de repente todo choca, te enfermas o  la realidad parece conspirar en tu contra, te mueves asincrónicamente pese a que has intentado cambiar, entrar en el ritmo cósmico  y has trabajado duro para manifestar tu intención?

Don Juan le decía a Carlos Castaneda (o Castaneda decía que Don Juan le decía) que la suerte es un tipo de poder, una especie de ley generalmente invisible. ¿Por qué algunas personas parecen tener más suerte? ¿Por qué algunas personas son naturalmente ligeras y otras cargan un peso encima, onerosamente inexplicable? Y no estamos hablando de genética y aunque algunos podrían pensar en la mera aleatoridad, en la combinación de factores entrópicos, la mayoría de las personas intuyen que existe una causa invisible, un orden secreto que los anima y determina lo que les sucede. Podemos pensar que la vida de los demás es azar, pero es muy raro que alguien, aunque ateo, aunque cientificista, en su propio caso, en su propia mente, no piense que hay fuerzas que intervienen en su destino, energías generalmente imperceptibles que afectan sus estados físicos y emocionales: es el sentimiento primordial de “por qué me sucede esto a mí” y lo que motiva pedir, orar, proyectar, en el lienzo de nuestra mente.

Parecería que estamos hablando del karma. Pero en realidad no sólo estamos hablando de esta ley de causa y efecto metafísica que trasciende una vida única, estamos hablando también del entrelazamiento cúantico, aquel principio que une a todos los átomos del universo en una conexión instántanea no obstante la distancia a la que se encuentren (algo que ha sido reitereadamente comprobado en experimentos)

El Teorema de Bell explica así el entrelazamiento cúantico:

“Dos partículas que han interactuado entre sí permanecen vinculadas de algún modo, y constituyen partes de un mismo sistema invisible… Podemos concebir el universo como una vasta red de partículas interactuantes, donde cada vinculación enlazaría las partículas participantes haciendo de ellas un solo sistema cuántico…”

Sir James Frazer describe la magia simpática en La Rama Dorada de forma similar a lo que la física moderna llama entrelazamiento cuántico:

“Las cosas que han estado una vez en contacto entre sí, siguen influyéndose mutuamente de lejos tras haberse cortado el contacto físico”.

Además del entrelazamiento cuántico tenemos en la resonancia mórfica del biólogo Ruper Sheldrake, otra teoría científica que plausiblemente explica cómo se transmiten estas causas que bajo nuestro paradigma gnoseológico son invisibles. Esta  teoría describe la transmisión de información en la naturaleza a través de campos morfogenéticos (la información es un campo como la gravedad), donde la cercanía de una especie y la frecuencia de un hábito (lo que ha pasado tiene más posibilidades de volver a pasar) determinan la intensidad con las que nos vemos afectados por esta dimensión de información. En este sentido lo que le sucede a un mono afecta menos a un hombre que lo que le sucede a otro hombre (pero todo lo que sucede en el campo informático del universo lo afecta). Y lo que les sucede a tu madre o a tu novia te afecta más, generalmente, de lo que le sucede a un hombre en Madagascar, acaso por el nivel de entrelazamiento cuántico que existe entre tus células y sus células. Estamos creando una estructura telepática de interconexión no local, a través de la cual la unidad se ensambla y se autoproyecta.

El mismo Don Juan en alguna ocasión le dice a Castaneda (el Casanova del New Age) que tiene que cortar los lazos que tiene con las mujeres con las que ha tenido sexo, ya que su cuerpo energético está horadado por filamentos que permanecen unidos y siguen intercambiando energía (en la mayoría de los casos drenándolo). Para hacer esto tiene que hacer lo que se llama recapitular, lo que de alguna forma desmadeja la red energética de su pasado.

Quien haya visto la película de Donnie Darko recordara que en la noche del fin del mundo, nuestro héroe duerme con la dulce Gretchen y en el éxtasis del amor se percibe una especie de filamento de plasma iridiscente que sale de su plexo solar y que lo conecta con las demás cosas materializando su intención: imagina estos filamentos exponencialmente conectándote con todo el mundo, especialmente con las personas con las que más cerca has estado o sobre las que más piensas (pero también con las que te piensan, las penas rodantes, las piedras espirituales). Y este filamento podría ser también una especie de conducto, o cordón umbilical de psiquismo (lo que en el budismo se llaman tulpas), como uno de esos adminículos con los que los doctores llenan de drogas los cuerpos de los convalecientes.

Ahora trata de calibrar lo que se está transmitiendo, lo que te está transmitiendo el mundo –las personas que amaste, las personas a las que heriste- y lo que tú le estás transmitiendo al mundo –en qué piensas todos los días, qué emanas al cosmos-. Tal vez esto podría ayudar a explicar por qué te sientes de tal forma, o por qué encuentras obstáculos invisibles, por qué el universo no conspira a tu favor (o por qué el universo sí conspira a tu favor).

Hace unos días me visitó un amigo y platicando viendo el  horizonte industrial de la Ciudad de México, la embajada de Israel con sus hexaedros de cristal en la cúpula y las jacarandas como una enredadera con la parte invisible del cielo, me contó una historia que ha motivado este artículo. Una señora en su edificio es golpeada por su esposo y obligada a quedarse en casa. El esposo trabaja en una corporación en un trabajo de poca monta pero intenta ascender. Por otra parte también mueve una serie de negocios. Pero pese a todo su empeño, en el trabajo es tratado como un esclavo y desdeñado; en su negocio todo fracasa, cualquier tentativa es malhadada. Mi amigo me confiere que él cree que esto sucede porque la mujer lo está saboteando energéticamente, su espíritu dispara una especie de arma a distancia que permanentemente lo mitiga, lo vampirea. Y ella no lo sabe, es un mecanismo de defensa inconsciente, quizás también un antiguo pleito de almas.

Me parece que esto es posible y en menor o mayor medida está sucediendo permanentemente. Somos fractales de la divinidad, y tenemos en el fondo, inconscientemente, los atributos de Dios. Como reza la frase popular “ten cuidado con lo que pienses porque…”. Quizás somos copias de dios, pero estamos fragmentados, enfermos, y por esto nuestros comandos no son realizados cristalinamente. No sabemos lo que queremos (porque no nos conocemos a nosotros mismos) ( en esta impotencia, Schopenhauer escribió “porque no puedo querer lo que quiero”) y no podemos articularlo con la elocuencia suficiente para que sea un acto contundente y creador de nuestro espíritu. Regresar a aquel instante del amanecer donde decir era hacer, Thor era un relámpago.

Este ejercicio es especialmente revelador en el plano emocional. Las relaciones afectivas que hemos tenido, quizás de alguna forma marcan la forma en la que el universo se relaciona con nosotros. Como si las personas fueran símbolos de la totalidad del cosmos, planetas danzantes en nuestra órbita estelar. Probablemente en la medida en la que hemos tratado a los demás, la matriz material que compone al universo nos recibe y trata a nosotros–esta es la ley de oro, el karma, pero también entendido desde la física cuántica-. Probablemente estemos cargando con numerosas relaciones inconclusas, canales de entrelazamiento cuántico transmitiendo información que no somos conscientes de que se están transmitiendo. (En el caso de las celebridades esto puede ser una fuente de poder o de decadencia ¿acaso el rostro y el cuerpo de Britney Spears no es el resultado de los pensamientos de sus fans, de la masturbación de sus idólatras, de la proyección de las huestes de adolescentes?).

“El aparato de biocontrol es prototípico del control telepático unidireccional. El sujeto podría hacerse susceptible al transmisor a través de drogas u otros procesamientos sin necesidad de instalar un aparato. Al final los Emisores utilizaran exclusivamente la transmisión telepática. ¿Alguna vez vieron lo códices mayas? Yo los veo así: los sacerdotes- como el uno por ciento de la población- hacían transmisiones telepáticas para instruir a los trabajadores qué sentir y cuándo”, William Burroughs.

En la moderna teoría de la conspiración se habla de una raza extraterrestre de seres que controlan a la humanidad y se alimentan del miedo y de las bajas vibraciones de las personas. Una especie de incubos que asedian nuestra mente. Versiones del vampirismo. Versiones del Diablo. La bestia que busca y fomenta nuestro pecado. En el gnosticismo se habla de los Arcones, controladores de este sistema planetario similares a los agentes de la película The Matrix. Tambien se habla de maestros ascendidos, o bodhisatvas y de extraterrestres luminosos que supuestamente emanan vibraciones que nos empujan a evolucionar. Estaríamos entonces no solo batallando y librando una guerra energética en esta realidad, sino en diferentes planos. Recibiendo del éter diferentes programas que afectan el instante de nuestra mente, nuestro aquí y ahora oscilando también en regiones invisibles de la geometría hiperdimensional del espacio-tiempo.

También es posible que nuestro propio espíritu, en su esencia ubicua, se esté intentando comunicar con nosotros y esté transmitiendo data psíquica vital. Quizás nuestra familia energética también esté transmitiendo data por el río secreto de Akasha. Ella cuyo rostro se olvidó al caer en un planeta y se recuerda en la faz de las estrellas.

El ruido de los pensamientos de los demás como una gran máquina debajo de las cosas. Y la música de las esferas más lejos, con su coro de ángeles. El sonido de las arpas de tus células sintonizando los movimientos de los astros, las espirales de ADN y la serpiente enrollándose en las ramas de zafiro del arbol de la vida que crece sobre el mar. La voz en el desierto. ¿Qué es lo que escucharías si pudieras silenciar tu mente, borrar tu pasado y limpiar tu código? ¿Con que te conectarías si pudieras flotar en el vacío?  ¿Qué causaría que fueras íntegramente tu espíritu?

Fuente:   Pijamasurf

Autor: Federico de Pourtales

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