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Archive for 22 octubre 2011

4 de Julio 2011. En Chino, California (EEUU), un avistamiento con tres grabaciones diferentes ha sido documentado recientemente.

Edward Muller presenta la información sobre la investigación y los videos OVNI del avistamiento en Chino California, USA.

Fuente: 

Visto en Ovnis última hora 2

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El Secreto de Secretos – EL VIDEO MAS PELIGROSO QUE LA IGLESIA NO QUIERE QUE VEAS!!!

El misterio ocultos de todos los tiempos ha sido desvelado ahora, en el tiempo en que Dios mismo vino a revelar estos misterios, el eslabón perdido que todo ser humano desconoció, el sentido de la vida lo que representa al hombre ¡estaba en un numero!! el numero de Dios el 666, al cual también llamaba Juan en el libro de apocalipsis es un numero de hombre y en el hay sabiduría, también en el libro de 1 Reyes10:14 está escrito que al Rey salomón le daban 666 talentos de oro al año y los hijos de Adonican eran 666, ese nombre significa Dios con nosotros, las religiones han errado en la interpretación del numero que identifica Dios y a su pueblo escogido, el cual se ha marcado su número para identificarse como propiedad del DIOS VIVO, le invitamos a que investigue usted mismo los misterios escondidos y ahora revelados, para la transformación de nuestra mente.

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Modelo de computadora revela lo que sucedería si fuéramos inmortales; al parecer la naturaleza mortal del ser humano es en realidad una herramienta evolutiva y no una condena biológica.

representacion de la inmortalidad

A lo largo de la historia el ser humano ha coqueteado, invariablemente, con la idea de la inmortalidad. Este arquetípico deseo ha sido perseguido durante siglos a través de diferentes “sistemas de realidad”, desde múltiples ramas de la ciencia, como la bioquímica o la medicina, hasta corrientes mágicas y disciplinas espirituales. De algún modo la inmortalidad ha sido proyectada por la psique colectiva como un épico recinto en el cual muchos desearían reposar (aunque paradójicamente tal vez no haya algo más alejado de la tranquilidad que la certera ausencia de muerte). 

El lado positivo de está búsqueda por hackear la condición mortal del hombre es que se ha traducido en un vivo reto que ha impulsado innumerables avances tecnológicos en la medicina. Sobra decir que gracias a estos avances las expectativas de vida se han multiplicado en los últimos tres siglos, tendencia que aparentemente podría continuar e incluso acelerarse en los años por venir. Sin embargo, no deja de llamar la atención algo que mencionamos en una nota titulada Farmacoinmortalidad: píldoras para vivir 100 años, que consiste en comprobar «que las personas más longevas, quizá como casos aislados y no como estándares, habitan en condiciones rurales, lejos del maremágnum de estímulos y técnicas consideradas como de mayor desarrollo. Es decir, existen casos en pequeños poblados de Japón, la India o México en donde la longevidad de algunos de sus habitantes supera la de aquellos que tienen acceso a los “mejores” tratamientos, sofisticadas dietas y modernos hospitales».

Pero en este artículo, más que debatir entre cuáles podrían ser las rutas más efectivas para conseguir ese idílico y anti-natural estado que consiste en eludir, perennemente, la muerte, nos gustaría plantear una interrogante distinta: ¿Es la inmortalidad realmente un estado deseable? Y al postular esta pregunta no necesariamente estamos proponiendo un debate en torno a los efectos psicológicos, éticos o emocionales que ser inmortal pudiese implicar. Más bien trataremos de abordar este potencial fenómeno, la no-muerte, desde una perspectiva socioevolutiva. 

Con el fin de evaluar las consecuencias socio-funcionales de la abolición del envejecimiento, y por lo tanto de la muerte, Andre Martin, investigador de la Universidad de Sao Paulo, desarrolló un modelo de computadora que busca predecir lo que ocurriría con dos grupos sociales, uno mortal y otro inmortal. Ambos grupos fueron insertados en un entorno expuesto a constantes cambios medioambientales y posteriormente corrió una serie de simulaciones para analizar, comparativamente, el desarrollo de ambos. 

Muchos asumiríamos, al menos tomando en cuenta a cada persona inmortal individualmente, que aquel grupo compuesto por seres indefinidamente saludables, y el cual no tendría que preocuparse por un sector de la población enfermo o envejecido, tendría un mejor desempeño colectivo que el otro. Pero luego del paso de varias generaciones, tiempo  durante el cual el grupo de los mortales tuvo que reproducirse permanentemente, intermezclándose y renovándose para adaptare a los constantes cambios del medioambiente y así sobrevivir, este grupo eventualmente terminó dominando a los inmortales, quienes se habían plácidamente estacionado en un estado en el que, si bien su conocimiento iba avanzando por su viva capacidad de almacenar información, lo cierto es que habían perdido una guía esencial para caminar paralelamente a la evolución del entorno: la posibilidad de la muerte. Además, el sector inmortal fue demostrando, con el paso del tiempo, una mayor torpeza para adaptarse a las condiciones cambiantes y ni siquiera tenía acceso a la posibilidad biológica de reemplazar a los individuos peor adaptados.

Si bien este ejercicio no puede considerarse una prueba concreta de que la inmortalidad traería consecuencias negativas al destino de nuestra raza, por estar basada en simulaciones, tiene que ver con uno de los mayores detonantes de la errante condición humana: una especie de ansiedad existencial que se traduce en desear beneficios inmediatos o aún a corto plazo, ante la incapacidad, ciertamente egoísta, de visualizar las posibles causas y efectos desde una perspectiva transgeneracional. Es decir, que si bien la inmortalidad pudiese presentarse como una ambición personal o grupal, proyectada como un estado de perfeccionamiento biológico, lo cierto es que con el transcurso del tiempo, décadas o tal vez siglos, esta y no la naturaleza mortal del ser humano terminaría confirmándose como una franca condena evolutiva.

Pero además de esta torpe visión a corto plazo, en la cual sistemáticamente caemos muchos, tal vez el deseo de inmortalidad también gira en torno a otro “pecado”: el antropocentrismo. En este sentido, el hecho de únicamente tomar en cuenta la línea de desarrollo de la raza humana, sin considerar como un agente determinante el resto de las fuerzas que convergen en nuestro medio ambiente y las cuales, por cierto, son esencialmente perecederas, se desdobla en una construcción poco precisa de lo que pudiese ser nuestro futuro. Si en un pronóstico de las consecuencias que pudiese implicar una sociedad inmortal no se toman en cuenta, como factores fundamentales, los cambios permanentes en el entorno, entonces podríamos, erróneamente,  pensar que sería un estado ideal. 

En síntesis, y remitiéndonos a la sabiduría popular, esa viva hebra que, a diferencia de nuestros cuerpos, sí trasciende las barreras generacionales, parece que la moraleja que obtenemos del ejercicio del investigador Andre Martin se resume en aquel refrán que reza: “ten cuidado con lo que deseas, pues bien se te podría cumplir”.

Fuente: Pijamasurf

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Observa a este chico, Enmanuel Kelly. Un encuentro como éste nos recuerda lo que ocurre en este mundo todos los días; nos recuerda lo que ocurre cuando ‘El Eje del Bien’ decide “pacificar” un lugar del mundo, nos recuerda lo que verdaderamente importa y también nos recuerda, como bien dice una de las miembros del jurado, lo patéticas que resultan la mayor parte de nuestras preocupaciones diarias.

Simplemente imagina tu lugar de origen, nuestro lugar de origen, fuera de esta prisión llamada “Matrix”. Imagina que no hay cuerpo, imagina que no hay limitaciones, imagina que no tenemos nada por lo que guerrear, ni por lo que discutir. Imagina que no hay miedo, imagina que no hay mentira. Imagina que simplemente hay un mar de ondas donde tú, yo, nosotros, navegamos aprendiendo la vida, disfrutándola y sintiendo nuestro origen común en una luz clara, inmensa, cálida y amorosa que nos espera al final del camino  y que nos invita a fundirnos con ella.

Más allá de la manipulación de los medios, un suceso como este nos conmueve porque nos sacan por unos instantes de la mentira que envuelve este mundo que nos rodea

Visto en trinityatierra

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Descubre en esta conferencia a los MAESTROS CREADORES, descubre la realidad sobre la FANTASÍA, descubre la programación realizada en tu cerebro, la verdad sobre la HISTORIA y EL ARTE, descubre LA MATRIX en la que vives. Creador del film “Devolver el arte a su lugar sagrado” y de numerosos trabajos en vídeo para el despertar de la conciencia como “Crónica de una ascensión”, “El despertar de los Maestros Creadores” ,“Bajo el influjo del sexto sol” o “Arquitectos del Nuevo Mundo”, este Barcelonés de nacimiento y terrícola de adopción se considera a sí mismo como un ser de luz cósmico y galáctico interpretando al artista Víctor Brossa en este preciso instante del no tiempo. Afincado desde el 2005 en Alemania, expone sus pinturas y fotografías por todo el mundo mientras alimenta el sentido sagrado del Arte, ya sea a modo de charlas, documentos, acciones, o cualquier expresión artística. También es el fundador de Galería la Línea, un espacio virtual desde donde nos recuerda que somos nosotros los verdaderos creadores de la realidad que nos envuelve, invitándonos a sentir al ser de luz que todos contenemos a través de la unión al corazón, la meditación y diversas técnicas de visualización y creación unidas a la emoción

http://blip.tv/play/AYLZgG8C.htmlhttp://a.blip.tv/api.swf#AYLZgG8C

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Luis Palacios – La Caja de Pandora

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La consciencia como propiedad fundamental del universo, y no como un producto de la materia, podría no tener localidad sino estar diseminada en todas las cosas como una red que in-forma la totalidad del cosmos.

“Dios no permanece petrificado y muerto;

Las piedras mismas gritan y se elevan al Espíritu”.

Hegel.

Con el triunfo del empirismo científico a fines del siglo XVII, fundamentado en la observación y experimentación sobre el mundo sensible, el materialismo como filosofía pasó a convertirse en el inamovible, inapelable e incluso inconsciente paradigma de realidad de Occidente durante los últimos 400 años. El principio básico de esta filosofía se formula en el axioma que sigue: “La materia es todo lo existe”. Desde entonces, el universo pasó de ser un organismo cósmico, como lo consideraban los antiguos, a ser visto como materia inanimada en movimiento, sujeta a los ciegos condicionamientos del azar y a la Segunda Ley de la Termodinámica: la entropía, la cual establece que todos las cosas tienden al desequilibro y que el desorden cósmico es cada vez mayor.

Con el descubrimiento de Einstein acerca de la equivalencia entre masa y energía, formulado en la famosa ecuación E=mc², y el nacimiento de la teoría cuántica, el materialismo se ha visto obligado a abandonar su soporte sensible de átomos que chocan entre sí como fundamento último de todas las cosas para pasar a una imagen del universo formada por una aparentemente infinita cantidad de energía en distintos estados, una nube cuántica de probabilidades. Sin embargo, el principio subyacente de la ciencia ha cambiado muy poco: “La energía inanimada en movimiento es todo lo que existe”.

Esta filosofía ha dejado a la consciencia (y con ella, todo el sentido de la condición humana) reducida a mero epifenómeno de los ciegos procesos de la energía que conforma todo lo que existe, accidente azaroso e insignificante en el inmenso sinsentido cósmico. Desde su triunfo hace 400 años, el método científico ha tratado de dar respuesta a sencillas preguntas —como “¿dónde se encuentran nuestros recuerdos?”— buscando pistas en los procesos fisiológicos neuronales, químicos y más recientemente cuánticos de la estructura energética que conforma el cerebro. Esta búsqueda se ha basado en el supuesto de que existirían “huellas mnémicas”, materiales almacenados de alguna forma en el sistema nervioso, dependientes de las uniones entre las células neuronales (las llamadas sinapsis). 

Los neurocientíficos han intentado durante décadas encontrar estas huellas mnémicas en el cerebro sin éxito.  Los experimentos de Kart Lashley, basados en entrenar animales para que aprendan trucos y luego remover partes de sus cerebros para ver en donde se almacena el aprendizaje, demostraron para su asombro que podía retirarse hasta el 60 por ciento del cerebro –cualquier 60%– sin que hubiera efecto alguno en la retención de este aprendizaje. Como señaló B. Boyscott, manifestando la perplejidad de los buscadores de huellas mnémicas: “la memoria parece estar en todas partes y en ninguna en particular”.

Hoy en día sabemos que las células cerebrales, todas las sustancias químicas en las sinapsis y las estructuras nerviosas y moleculares que conforman el cerebro, funcionan mucho más rápidamente de lo que antes se pensaba, cambiando constantemente, lo que hace al cerebro un soporte muy inestable como almacén de memoria. Hoy sabemos también que todas las células de nuestro cuerpo están naciendo y muriendo en una constante renovación orgánica. Recientes estudios han demostrado que incluso las células cerebrales, consideradas hasta hace poco elementos perpetuos del organismo, se renuevan periódicamente.

En su fascinante libro El Renacimiento de la Naturaleza, el biólogo que va a contracorriente, Rupert Sheldrake, sugiere a esto una respuesta tan revolucionaria como sencilla: “Tal vez exista una razón ridículamente simple para todos estos fracasos recurrentes: es posible que las huellas mnémicas no existan. Por el mismo motivo podría verse condenada al fracaso una búsqueda dentro del televisor de huellas de los programas que uno haya visto la semana pasada: el aparato sintoniza transmisiones, pero no las almacena. Volvamos a pensar en la analogía del televisor: el daño en algunas partes del circuito puede ocasionar la pérdida o la distorsión de la imagen; el daño en otras partes puede determinar que el aparato pierda la capacidad de producir sonido; un fallo en los circuitos de sintonía puede impedir que se reciban uno o más canales. Pero esto no demuestra que las imágenes, los sonidos y los programas completos estén almacenados en los componentes dañados” (Sheldrake, 1994).

Esta analogía propuesta por Sheldrake puede ser enormemente reveladora: “Imagínese que está viendo un programa televisivo por primera vez, sin tener ni idea de lo que es la televisión. Desde un punto de vista más primitivo, podría creer que realmente hay unos seres pequeños en el aparato. Al inspeccionarlo, rápidamente descartaría esa explicación, excesivamente simplista. Se daría cuenta de que había un montón de cosas dentro del televisor. Educados como estamos sobre las maravillas de la ciencia, probablemente decidiríamos que el equipo que hay en el interior del aparato es el que creó la imagen y el sonido. Al ir dando vueltas al mando y obtener diferentes imágenes y sonidos, nos iríamos convenciendo de que esta es la explicación. Si retiráramos un tubo del aparato y la imagen desapareciera, probablemente creeríamos que habíamos demostrado nuestra teoría de manera convincente. Supongamos que alguien nos dijera lo que realmente ocurre: que los sonidos y las imágenes provienen de un lugar lejano, son transportados por ondas invisibles que de alguna manera se pueden crear en ese lugar lejano, son captadas por nuestro televisor y transformadas en imágenes y sonidos. Probablemente esta explicación nos parecería ridícula. Como mínimo, parecería desobedecer la ley de la navaja de Occam; es decir, es mucho más sencillo creer que las imágenes y sonidos son creados por el televisor que imaginar unas ondas invisibles (Robertson, 2002). Sin embargo, es así como funciona.

Pero si la memoria no estuviera localizada en el cerebro, sino que este fuera más bien un órgano que la “sintoniza” o estructura como una especie de compleja antena receptora, entonces… ¿dónde estaría?

En 1964 John Bell demostró que, a nivel cuántico, todas las partículas del universo pueden comunicarse entre sí instantáneamente, sin mediar movimiento entre ellas o transferencia de energía de algún tipo. A estas conexiones Bell las denominó “no-locales”, ya que ocurren entre las partículas por fuera de cualquiera de las dimensiones de la física observables. Esto representaba un serio problema para Einstein, ya que la teoría de la Relatividad Especial, consistente y comprobada, postulaba que ninguna forma de energía podía moverse más rápidamente que la luz. Einstein negó la realidad de las conexiones no-locales a nivel cuántico, llamándolas sarcásticamente “acción fantasmagórica a distancia”. Sin embargo, reiterados experimentos posteriores probaron ineludiblemente que las conexiones no-locales eran una realidad fundamental del mundo cuántico. Por lo tanto las leyes que aplicaban a lo infinitamente grande (la relatividad) y a lo infinitamente pequeño (la física cuántica) parecían hallarse en contradicción. (más…)

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Una amena charla sobre la muerte, la vida despues de ella, hacia donde vamos y de donde venimos… Jorge Schubert y Matias De Stefano en un intercambio de preguntas y respuestas que todos nos hicimos alguna vez

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