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Archive for 13/10/11

César Cabo, es un conocido controlador aéreo del aeropuerto madrileño de Barajas, que muchos recordarán por ser portavoz en la famosa crisis gubernamental de los controladores aéreos. Ahora está dando que hablar por unos mensajes en su twitter que advertían de unos OVNIS detectados en el día 11 de Octubre 2011. A continuación me hago eco del post que ha publicado al respecto en su blog. No sé vuestra opinión, la mía es que lejos de quitar hierro al asunto (que no dudo que haya sido su intención), lo que consigue es aclarar para algunos que no se lo terminaban de creer, lo que nosotros ya sabíamos, que esto es el pan de cada día.
Aquí el post:

Ha causado bastante estupor esta tarde un tuit que he puesto mencionando la palabra OVNI, sí, OVNI, objeto volador no identificado, que no es lo mismo que marciano indocumentado.
El trabajo de controladores y mucho más el de pilotos, implica la posibilidad de ver cosas raras a lo largo de los años. Siento defraudar pero no es mi caso, no he visto nada anómalo en mis 13 años de controlador; he tenido muchos pasajeros enfermos, algún fallo de motor, impacto de pájaros, turbulencias severas, fallos de presurización y demás contigencias que pasajeros y tripulación afrontan surcando los aires pero historias surrealistas para narrar a los bisnietos ni una.

 
Cesar Cabo saltó a la fama durante el triste proceso
de la huelga de controladores en España

Lo de hoy en el centro de control ha sido un blanco sin identificar en la pantalla radar de tres aviones españoles que se aproximaban a Barajas, algo atípico pero no tan extraordinario.
Los mayoría de los aviones llevan un sistema de radar a bordo llamado TCAS que les informa de las aeronaves a su alrededor y que en caso de peligro de choque les da instrucciones para evitarlas. En estos situaciones el piloto tiene que desoír las instrucciones del controlador y debe seguir a rajatabla la resolución anticolisión del sistema.
Los controladores radar, como es mi caso, controlamos apoyándonos en la señal del radar, presentada en datos visuales en una serie de pantallas llamadas FOCUS. Aquí he de decir, para desmentir que no somos tecnológicos, que España es puntera en sus sistemas de control aéreo, desarrollados estos por Indra y que exportados a multitud de países.
Los radares nos proporcionan una doble lectura, tanto de radar primario como de radar secundario, la primera identifica cualquier objeto con el cual choque la señal que se emite desde tierra, y la segunda da información indicando altura y de que avión al responder este a las señal terrestre mediante un código de cuatro cifras exclusivo para cada vuelo, el transpondedor.
En los casos de secuestro, el piloto pone el código 7500 para avisar a control de interferencia ilícita, obviamente un secuestrador mínimamente avispado está al tanto del truco del almendruco.

 
Centro de control aéreo de Barajas

En teoría un ovni debería aparecer en la pantalla al chocar su superficie con la señal de radar primario lanzada desde tierra pero no necesariamente es así. Misterios sin resolver que dejamos en manos de los Iker Jiménez del mundo.
Lo de hoy es una curiosidad, no muy habitual, que tal vez se tratase de un despendolado globo aeróstatico o de un avión militar de último diseño, cosa esta poco probable en este país y en estos tiempos de tijeras.
El tema ha desatado algún comentario en la sala de control y me he encontrado con un par de anécdotas extrañas de dos compañeros, no habiéndolo comentado con demasiados, lo cual me hace pensar que ocurren más fenómenos peculiares en los aires de lo que trasciende a la opinión pública.

Una de ellas ocurrida hace unos quince años implicaba a dos aviones nacionales de vuelta de las Américas que entraban en espacio aéreo de Control Madrid, al oeste de Galicia en pleno océano. Ambas notificaron con minutos de diferencia una especie de enorme estructura provista de luces que para una salía del mar y para la otra aeronave, minutos después, parecía sumergirse en las aguas. Los pilotos estaban perplejos por lo visto, máxime teniendo en cuenta que sobrevolaban la superficie del Atlántico a unos 10000 metros de altura y eso da idea del tamaño de lo avistado. La controladora de servicio fue testigo auditivo de la rocambolesca situación.

Hace menos años, me comentó otro compañero, en la zona de Menorca, dos aviones británicos que volaban de frente, a diferentes altitudes, como ha de ser, que para eso estamos nosotros, se cruzaron con un veloz objeto iluminado que les pasó como un rayo desde abajo en trepidante ascensión. Aquello no tenía mucha explicación pero los aviones no se pueden parar y los vuelos siguieron sus trayectorias divergentes engordando el anecdotario que imagino todo piloto acumula en su vida profesional.
Encontrarme en tan poco tiempo con dos experiencias personales de primera mano, de personas de mi confianza, me da que pensar y me incita a ahondar un poco más, preguntando en mi colectivo para descubrir si alguien ha visto u oído más cosas extrañas.

La ocurrencia del tuitero no tiene límites y he recibido montones de ocurrentes respuestas y teorías que mencionaban a las fallonas Blackberries, a Steve Jobs, a José Blanco en gasolineras volantes, a marcianos colonizando la nueva isla submarina de El Hierro y creo que hasta la inminente intervención galáctica del FMI. Que no nos falte el sentido del humor, si los marcianos llegan finalmente algún día probablemente sea nuestra mejor tarjeta de presentación.

Visto en  http://ovnisultimahora2.blogspot.com/
Fuente: http://cesarcabo.blogspot.com/2011/10/ovnis-descontrolados.html

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El documental holandés “Yo Siento” explora la relación de dos niños con la naturaleza, su pureza perceptual y su capacidad de extraer información de las plantas y de los animales por métodos no ordinarios.

“La naturaleza es el símbolo del espíritu”, decia Ralph Waldo Emerson, algo que parece recuperar e intentar volver a simbolizar Elsbeth Van Noppen en Yo siento, un documental corto sobre un par de niños que están en contacto con la naturaleza de la misma forma que están en contacto con su propia naturaleza (o espíritu). La belleza verde de la vida, con su canto silencioso, con su luz secreta, se comunica a aquellos que “tengan oídos para escuchar” y “ojos para ver”: es una hazaña de la percepción pero a la vez es simple y sencillo, como respirar, como sentir.

A Jasmine, una niña holandesa de 7 años, le encanta abrazar a los árboles y hablar con los animales. Al tocar a cada ser percibe su estado emocional y su energía vital, empatiza con los árboles que están muriendo y con los animales. Jasmine dice que puede ver colores acorde a las emociones de las personas (auras). 

Robert, de 10 años, solo se siente tranquilo en la naturaleza, trepando árboles e internándose en el bosque. Según relata, en ocasiones puede presentir lo que va suceder. Al igual que Jasmine, puede empatizar con los animales y comunicarse con ellos.

Asegura la directora que el documental Ik voel, ik voel, wat jij niet voelt (Yo siento, yo siento, no lo que tú sientes) trata “sobre los niños que experimentan su entorno de forma distinta a la mayoría de nosotros.  Viajan en contra de la corriente de la sociedad y se atreven a aver el mundo con una visión pura una y otra vez”.

Dejando de lado que consideremos o no que las percepciones de estos niños son exactas o parte de su fértil imaginación  —Jasmine, por ejemplo, dice que puede ver ángeles pero que las hadas no existen—, lo más interesante del documental  es que explora la naturaleza de la percepción y cómo esta se encuentra ligada a nuestro ser más íntimo. Por eso la naturaleza es una buena metáfora de la percepción, si entendemos nuestra naturaleza como nuestro ser puro, desnudo y sin programas ajenos. Lo que estos niños y el documental parecen decir es que la magia de sentir la vida y todas sus vibrantes manifestaciones de manera directa es parte innata de nuestro ser, una comunión que se va perdiendo en la medida en que perdemos contacto con nuestros propios sentimientos  o dejamos de expresarlos por miedo a ser rechazados.  De esta forma  alejarnos de la naturaleza —en las ciudades, en lo que consumimos y en general en nuestra visión de mundo— significa alejarnos de lo que sentimos o de la capacidad de sentir. Y sentir, con toda su diversidad, parece ser, más allá de toda metafísica, lo que hemos venido a hacer a este planeta.

Fuente: Pijamasurf

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